Quiso tener a la maestra como mujer y la tuvo, quiso ser banquero y lo fue, quiso ser ministro socialista y lo consiguió.

Ella es muy buena para la pelea, pero esto no era una pelea de colegio para ver quien se quita la merienda, esto era un debate presidencial, además se puso excesivamente agresiva y parecía como medio loca con esas risas y hasta carcajadas despectivas que no le van para nada, moviéndose de un lado a otro, añadiendo para colmo ese modo “décontracté” desde el que gesticula sin parar y que la rebaja muchísimo de nivel, que no es que nunca haya lucido demasiados horizontes.

Él a la defensiva la mayor parte del tiempo, pero más seguro. Un país en el estado en el que se encuentra Francia no se gobierna a la defensiva. Pero él se siente seguro desde su cómoda postura de preferido y preferencial. Es también alguien que ha conseguido siempre lo que ha querido en tiempo récord, además de ser el heredero perfecto del socialismo y de la izquierda. Quiso tener a la maestra como mujer y la tuvo, quiso ser banquero y lo fue, quiso ser ministro socialista y lo consiguió. Con 39 años creó un movimiento exitoso y será probablemente el próximo presidente de este país. Lo que es, por cierto, un ejemplo no muy convincente para los jóvenes que se esfuerzan trabajando, como trabaja la gran mayoría, día a día, noche a noche, y a los que les cuesta mucho llegar, si es que llegan.

Por otra parte, que los islamistas de Francia hayan pedido votar por Macron me parece nefasto. No porque sea él en particular, sino porque una religión no puede decidir unas elecciones. Tan sencillo como eso. Debiera existir una ley que impida categóricamente que las religiones se inmiscuyan en las elecciones presidenciales. Los católicos de Francia no llamaron a votar por nadie en específico, que yo sepa. Dicho esto, Marine Le Pen también le hace el jueguito a todos sus votantes musulmanes, que son menos, es cierto, pero no pocos. Porque los tiene también, ¡claro que los tiene!; como he demostrado en este muro en varias ocasiones. Y de eso hacen ambos un buen “fond de commerce”.

La cultura fue, por supuesto, la gran ausente del debate. Una cultura que además para mantenerla callada y adocenada sobrevive a base de subvenciones. Los que reciben esas subvenciones son los mismos que apoyan las patosadas socialistas y de ultra-izquierdas. O sea que vamos directo al fondo del abismo y sin escala. No es un mundo diseñado para artistas, ni para escritores, ni para músicos, ni para gente que sueñe y sepa crear belleza. No interesa, se nota a las claras porque las referencias de los discursos políticos para nada tienen que ver con la gran cultura ni con el refinamiento, y mucho menos con el pensamiento.

Macron, como era de esperarse, tiene toda la prensa de su lado, y Le Pen toda la prensa en contra. O sea, que aquí no están apoyando a una mujer con la intención de que se convierta en la primera presidenta de Francia como fue el caso de Hillary Clinton en Estados Unidos, tan sostenida por la izquierda, muy “feminista” cuando les conviene. Por lo menos ya esto queda más claro. Ironías aparte, la gente no es tonta y este partidismo extremista de la prensa le pasará factura a Macron en las urnas.

A mi juicio el debate dejó todavía más inseguridad e incertidumbre en la media común. Pero eso a nadie de las élites le importa, ni tampoco creo que decidirá nada. El objetivo es ahora que Macron gane en contra de Le Pen. Francia se mueve por objetivos, no por sueños. Es un país cartesiano, no lo olviden, con perdón, en este caso, de René Descartes y de la ciencia, tal como él la concibió.

En resumen, a mi juicio fue un debate pésimo por ambas partes, pero es lo que hay.

Como dijo Federico Jiménez Losantos, Francia cada cierto tiempo se suicida. Pues en ese trámite andamos.

Zoé Valdés.

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