El valor de la inversión extranjera

La entrada de capitales “frescos” a la economía del país resulta del todo necesaria para llevar adelante el modelo de desarrollo escogido por Cuba y regido por los Lineamientos aprobados por el VI Congreso del Partido en abril del 2011.

Nunca antes en la historia de la Revolución cubana la nación contó con un programa tan amplio y definido de perfeccionamiento, basado en las experiencias acumuladas, en la realidad de nuestro país y en la situación mundial, donde sobran ejemplos que pueden servir de guía acerca de cuáles pueden resultar los mejores métodos y procedimientos a seguir en el camino hacia el progreso.

En ese sentido, La ley 118 de Inversión Extranjera, que entró en vigor a finales de junio del 2014, surge en el momento preciso en que Cuba emprende nuevos derroteros en el proceso de actualización de su modelo económico, cuando se hizo evidente que su antecesora, la Ley 77, de 1995, ya no se adaptaba a las nuevas realidades y requerimientos de una economía que, finalmente emprende el camino del despegue.

Como aspecto a destacar, más aún en el caso de nuestra patria, la Ley 118 reviste el doble carácter de que, siendo lo más avanzado posible en este campo, cumple con el requisito de responder a los intereses nacionales, a los principios socialistas y a los objetivos de desarrollo.

Naturalmente que la nueva ley ofrece un grupo de incentivos encaminados a la atracción de la Inversión Extranjera Directa y establece las modalidades de empresa mixta, contrato de asociación económica internacional o la posibilidad de crear entidades de capital totalmente extranjero, todas las cuales se benefician con exenciones fiscales y tributarias.

Tan amplias resultan las facilidades de dicha legislación, que con carácter excepcional, de considerarse preciso, contempla la transmisión total o parcial de objetivos económicos ya existentes a empresas forasteras, las que generarán puestos de trabajo y producciones necesarias, al tiempo que aportarán tecnologías, capitales y mercados.

El país tiene prioridades y, según el ministro para el Comercio Exterior e Inversión Extranjera Rodrigo Malmierca, se potenciarán principalmente las inversiones hacia los sectores agrícola, forestal, y las industrias azucarera, sideromecánica, alimentaria, ligera, biotecnológica, farmacéutica, el turismo, energía y minas, comercio mayorista, transporte y construcción.

Hasta ahora han sido identificados cerca de 260 proyectos en distintos sectores, que Cuba ha propuesto a potenciales inversores con el objetivo de materializar contratos, y que están encaminados a necesidades específicas del programa de desarrollo integral.

De acuerdo con la Ley, las empresas mixtas y las partes en los contratos de asociación —de entidades nativas con capital foráneo— serán eximidas del pago del impuesto sobre utilidades por un período de ocho años a partir de su constitución, plazo que sería extendido si así lo considerase el Consejo de Ministros.

Una vez vencido ese período de gracia, comenzará a regir un impuesto de solo el 15 por ciento sobre utilidades netas, aunque tal gravamen podría aumentarse por decisión del Consejo de Ministros hasta el 50 por ciento, cuando concurra la explotación de recursos naturales.

Preciso es decir que la nueva legislación viene como anillo al dedo a la Zona Económica de Desarrollo del Mariel, pues allí se centra la inmensa mayoría de los proyectos que se ofertan, por ser un emporio de condiciones especiales con un superpuerto de aguas profundas y capacidad de operación de 1 millón de contenedores anuales, dotado de excelentes vías de comunicación, a solo 45 kilómetros de La Habana.

Aunque se sabe que la española Hotelsa será la que inaugure una línea de productos alimenticios y bebidas para la hotelería, y que las brasileñas Busscar y Marco Polo han manifestado su interés en la fabricación de partes y piezas y el ensamble de ómnibus, han sido dos entidades mexicanas, la última de ellas del ramo de pinturas y barnices, las que más parecen darse prisa en concretar los primeros proyectos.

Por lo pronto, Cuba ya cumplió sus previsiones de alcanzar este año un crecimiento de su PIB del 4 por ciento como mínimo, al superar en varias décimas esa cifra al cierre del primer semestre, en tanto acelera inversiones priorizadas en un rango que rebasa notablemente lo realizado en años anteriores, y eso aun cuando el bloqueo mantiene toda su vigencia.

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