Residen en una casa muy maltratada en San Miguel del Padrón

Siguen anclados en el pasado «En nuestra casa se apretaban siempre las manos de los pobres, se le daba de comer al hambriento», asegura tataranieta.

Celia Sánchez siempre se ocupó de la familia hasta el final de su vida, pero desde la muerte de Vilma Espín han sido olvidados por las autoridades

 

María Elena de Céspedes Martínez y su hija Olga Elena Arbas de Céspedes llevan en su sangre genes del Padre de la Patria. Con ellas conversamos, en la mañana del pasado miércoles, en su casa, en el municipio habanero de San Miguel del Padrón.

María Elena es tataranieta y Olga está entre los diez hijos de tataranietos del primer presidente de la República de Cuba en Armas, Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, «Yo nací en Pilón, Oriente, el 18 de enero de 1949; pero a los ocho días de nacida me llevaron para San Rafael de la Junta, la primera finca que tuvo mi tatarabuelo, en Media Luna, hoy Granma, donde él vivió con su primera esposa, María del Carmen de Céspedes. Allí residí hasta los 14 años. Después volví, a los 17, hasta diciembre de 1973», evoca María Elena de Céspedes, la tataranieta, quien conoció personalmente a sus cuatro abuelos, fortuna que no todo el mundo tiene. «Allí residí hasta que en 1973 vine para La Habana. Yo soy bisnieta de Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, hijo gemelo con Gloria, que tuvieron el Padre de la Patria y su segunda esposa, Ana de Quesada y Loynaz».

María Elena de Céspedes Martínez

«En nuestra casa se apretaban siempre las manos de los pobres, se le daba de comer al hambriento», asegura. Tengo 4 hijos, Olga Elena Arbas de Céspedes Flavio, de 46 años; Laura, de 43, y María Elena, de 41.

María Elena de Céspedes Martínez, se refiere también a La Bayamesa, esa canción cuya letra y música fue obra, en parte, de su tatarabuelo. «Siempre que he escuchado esa pieza —que por cierto la cantaba muy bien Vilma Espín— me engrandezco, me siento mucho más animada y fuerte, me conmueve en todo el cuerpo y en el alma. No sé por qué», comenta con un suave brillo sentimental en sus ojos mirando las paredes despintadas de su vivienda. «Déjeme decirle que en esta familia ha habido hasta un presidente de la República, Carlos Manuel de Céspedes y Quesada, que era coronel del Ejército Libertador de Cuba en la Guerra del 95, abogado, y presidente provisional de la República en 1933, murió el 27 de marzo de 1939, con 67 años».

La tataranieta ilustre nos dice que la inolvidable Celia Sánchez Manduley todos los años mandaba a un periodista a entrevistar a su papá en la finca La Junta. «En el último intento de diálogo, ya Celia había muerto, el 11 de enero de 1980, y también mi padre. Eso fue el 5 de febrero del propio año». el padre de Celia era el médico de la familia Céspedes, precisa.

María Elena, la tataranieta de Céspedes, está jubilada del sector del comercio. Y Olga Elena, su hija, es actualmente técnica en obras de ingeniería de la subdirección de infraestructura vial de la Dirección General de Transporte, con sede en Ulloa, entre Avenida Zoológico y Emporio.

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