Desconcierto estatal

Topar precios sería retroceder en las reformas

Raúl Castro y Marino Murillo en la Asamblea Nacional. (NEWINDIANEXPRESS)

El desconcierto que exhibió el gobernante Raúl Castro durante la reciente sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular tras la intervención de un diputado que se quejó de los altos precios de los productos del agro es otro indicio de que las reformas económicas —o la actualización del modelo, según el discurso oficial— no atraviesan por un buen momento.

El General-Presidente, enfurecido, dirigió su mirada al zar de la economía, Marino Murillo, y le expresó que algo había que hacer, con prontitud, para resolver ese estado de cosas, en una evidente alusión a un tope de precios en el sector. Y Murillo, por supuesto, solo atinó a decir: “Yo siempre estaré al lado de Raúl”.

Lo cierto es que el conjunto de medidas tomadas por las autoridades, que aspiraban a aumentar los niveles de producción y acercar los productores a los consumidores, no lograron que los precios disminuyeran. Ni la reactivación de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), ni la entrega en usufructo de tierras ociosas, y ni la puesta en práctica de nuevas formas de comercialización han conseguido el objetivo propuesto.

No obstante, el ritmo de los cambios económicos requiere que se mantengan esos métodos indirectos en aras de contrarrestar la escalada de precios. Claro, sería preciso profundizar en las reformas, no agobiar a los productores con excesivos contratos de venta al Estado, y que los usufructuarios trabajen sin el temor de que en cualquier momento el Gobierno los despoje de las tierras. Así se fomentaría una sana competencia que, a la postre, haría bajar los precios.

Sin embargo, la impaciencia o las presiones de los elementos de línea dura en la nomenklatura están a punto de propiciar un tipo de intervencionismo directo por parte del Gobierno: topar los precios de venta a la población.

La historia reciente nos hace recordar lo desacertadas que resultan las prohibiciones e intervenciones gubernamentales en pos de frenar la subida de precios. En 1986 el Gobierno acabó “de un plumazo” con la primera versión de los mercados libres campesinos, acusados de explotar al pueblo trabajador debido a los altos precios de sus ofertas.

Entonces se dijo que la empresa estatal Frutas Selectas se iba a encargar de abastecer las placitas, y a precios asequibles a la población. Al final, esa entidad fue incapaz de cumplir la encomienda, y la escasez de productos del agro se tornó alarmante, al extremo de que muchas personas debían trasladarse hacia las zonas rurales, a decenas de kilómetros de sus hogares, si querían adquirir algunas frutas o viandas. Casi existe consenso en el sentido de que la hambruna del “Periodo especial” en los años 90 hubiese sido menos devastadora de no haberse cometido el disparate de cerrar los mercados libres campesinos.

Más cercano en el tiempo, mientras que los mercados agropecuarios estatales, con precios topados han mostrado por lo general sus tarimas desabastecidas, los mercados que venden a precios de oferta-demanda son los más surtidos del país.

¿Y qué pasaría ahora si se topan todos los precios de los productos del agro? Es casi seguro que ocurra la desmotivación de algún engranaje de la cadena: o bien los productores, o si no los comercializadores (a quienes la propaganda oficial denomina despectivamente “los intermediarios”). En el caso de los primeros, podrían disminuir las producciones al no poder cobrar lo suficiente por ellas; mientras que los segundos, al no poder vender a los precios de oferta -demanda, tenderán a esconder las mercancías y a ofertarlas en la bolsa negra a precios elevados. Entonces, ¿de qué valdría topar los precios en los mercados agropecuarios, si al final las tarimas estarán vacías?

Por la reacción del General-Presidente, es probable que el tope de precios sea extensivo a todos los mercados, incluyendo a los que hasta ahora han comercializado bajo el sistema de oferta-demanda. Por lo pronto, un emblemático agromercado habanero, el ubicado en la calle Egido, en La Habana Vieja, amaneció cerrado este domingo 3 de enero. Una vez más, la incertidumbre se abre paso entre los cubanos.

Hispanista revivido.