Desde París por Hamburgo y Kiel hasta el Costa Pacífica

París, 10 de septiembre de 2015.

Querida Ofelia:

Con la presente, comienzo a contarte el bellísimo viaje que hicimos el mes pasado en el Costa Pacífica hasta el Cabo Norte, el punto más septentrional del planeta. Convertí en realidad, otro de mis sueños de infancia.

Tomamos el vuelo de Air France 4010 en el aeropuerto parisino de Charles de Gaulle rumbo a Hamburgo, en la mañana del 14 de agosto. Sólo una hora y media duró el cómodo vuelo, cuyas azafatas fueron muy amables.

Fundada en el año 808 por Carlomagno, la fortaleza de Hammaburg fue el núcleo originario de Hamburgo. La ciudad se desarrolló rápidamente gracias a la institución de la sede del arzobispado.

Tras los ataques de los vikingos, de los daneses y de los eslavos, Hamburgo se alió con las ciudades alemanas de Bremen y Lübeck dando vida a la Liga Hanseática, la que dio su carácter comercial al Mar del Norte y al Mar Báltico.

Ocupada por los franceses de 1806 a 1811 durante las guerras napoleónicas, adhirió a la Confederación Germánica en 1815. La ciudad fue devastada por los bombardeos de la II Guerra Mundial que causó la muerte de más de 40 000 personas. Pero con la reconstrucción de la posguerra consiguió volver a adquirir la importancia histórica y comercial del pasado, que se extiende hoy también a nivel industrial y cultural.

Hamburgo, con más de 1.700,000 habitantes, es la segunda ciudad de Alemania, precedida sólo por Berlín. No sólo es una ciudad sino que es también una ciudad-estado: la Freie und Hansestadt Hamburg, ciudad libre y de la Liga Hanseática. Efectivamente, Hamburgo, es también uno de los dieciséis Landers alemanes que forman la Bundesrepublik, la República Federal. El mismo estatuto lo tienen sólo Berlín y la próxima Bremen.

Hamburgo surge en el punto en el que los ríos Alster y Bille confluyen en el Elba, y dista unos 110 kilómetros del Mar del Norte. Su puerto es uno de los más importantes de Europa, constituye una de las mayores escalas marítimas del continente y está conectado con canales y vías fluviales con buena parte del continente.

La realización del canal de Kiel en 1895 incrementó aún más la actividad del puerto, haciendo más simples y rápidos los transportes marítimos entre la ciudad y el área báltica. El puerto se extiende por todo el ancho del Elba sobre una superficie de unos 40 kms. cuadrados, sobre todo en la orilla sur o izquierda del río.

Alrededor del Speicherstadt, el puerto franco o barrio de los almacenes construido entre 1881 y 1888, nació una de las zonas más características de la ciudad, con los edificios situados en los bordes de los canales. En el barrio fue construido el majestuoso puente Kohlbrand, nuevo emblema de Hamburgo.

En la orilla derecha del Elba, justo enfrente del puerto antiguo, se extienden los barrios modernos de San Pauli y Altona. Éste es el lugar de encuentro para todos los que buscan diversión y jergas. La zona es famosa por Reeperbahn, la calle porno de Hamburgo, además de ser en general el barrio de la vida nocturna de Hamburgo. Las orillas del río están unidas por puentes y por dos túneles: uno peatonal y para bicicletas construido en 1911, y el otro, el Elbtunnel, automovilístico, realizado en 1975.

El río Alster, antes de desembocar en el Elba, forma dos Lagos: el Aussenalster y et Binnenalster. Desde estas dos cuencas, las aguas se encanalan formando una red de vías de agua que caracterizan la ciudad vieja de Hamburgo.
Alrededor del Binnenalster, con la fuente del Alster en el centro, se extiende el casco antiguo, llamado Jungfernstieg, la zona más elegante de la ciudad. En el corazón de la Altstadt, el Ayuntamiento fue construido en 1897… tiene 646 salas y domina la plaza del mismo nombre, a la que va a dar también el Palacio de la Bolsa.

Un poco más lejos se puede visitar la Iglesia de San Pedro, iniciada en el siglo XII. Otros edificios religiosos de particular interés son la Iglesia de Santiago del siglo XIII-XV, la de Santa Catalina (siglo XIV-XV) y la de San Miguel que se remonta a finales del siglo XVIII. Hay que recordar también los mayores ejemplos de la arquitectura del siglo XX, que caracteriza gran parte de la ciudad nueva y de los edificios culturales: la Musikhalle (1904-1908), los Landungsbrücken (1909), la Chilehaus (1923), la Shell-Haus (1931), la Amerikahaus (1957).

Capital de Alemania por lo que se refiere a la representación de obras musicales, Hamburgo se enorgullece de poseer una vida y un marco culturales de los más interesantes y con más iniciativa de Europa, pues en la ciudad hay : 31 teatros, 6 escenarios para las comedias musicales, 10 cabarets y 50 museos estatales y privados. El primero de todos los museos es el Kunsthalle, inaugurado en 1869 y a menudo reconstruido y restaurado. Él alberga una gran colección de cuadros de artistas europeos desde Manet a Munch y Rembrandt hasta concentrarse en el romanticismo alemán de Friedrich y Otto Runge. En 1996, se anexó la galería de arte contemporáneo, una estructura con forma de cubo diseñada por Mathias Ungers.

Recuerdo a mi gran amiga alemana Rosita, la cual vivió el bombardeo y destrucción de la ciudad, cuando de niña lo vio junto a su familia, desde su casa en un bosque cercano, que gracias a Dios no fue incendiado. Sus narraciones sobre aquellos días son escalofriantes.

Pasamos todo el día paseando por Hamburgo, por el conocido barrio “de los farolillos rojos” y las elegantes mansiones a orillas del río Elba. Tuvimos la oportunidad de conocer la efervescente ciudad. Recorrimos muchos lugares de interés: el área del Lago Alster y las exclusivas zonas residenciales del centro; el Jungfernstieg, con sus tiendas de lujo; el edificio de la Bolsa y el Ayuntamiento, ambos de estilo renacentista; la moderna arquitectura de la ciudad, junto con sus parques y jardines; la torre de la televisión, el recinto ferial, los edificios de los juzgados del siglo XIX y mucho más. Completamos el paseo con la visita de la célebre iglesia de St. Michaelis y también tuvimos la oportunidad de explorar en detalle el Kramer Amtsstuben, un complejo de edificios restaurados muy bien conservados que muestra cómo se vivía a principios del siglo XVIII.

Al día siguiente, después de desayunar en el hotel, partimos hacia el puerto de Kiel, a sólo poco más de una hora de viaje por una autovía modernísima.

El Mar Báltico llega justo al corazón de la ciudad. Kiel es la capital del estado de Schleswig-Holstein, es una ciudad tradicional marinera y naviera. Fue fundada en 1233 por el conde Adolfo IV de Schauenburg y convertida en ciudad en el año 1242 por su hijo Johann I. Vimos el famoso Ayuntamiento y el impresionante Canal de Kiel, que conecta el Mar del Norte con el Báltico. Fuimos hasta la parte Este de Kiel Fjord a la ciudad de Laboe a visitar su memorable Monumento de la Marina.

Aprendimos mucho sobre la historia de la Marina Alemana. Una muy interesante exhibición muestra fascinantes detalles. Fue impresionante la vista desde lo alto del edificio. En la playa, justo abajo, había un submarino de la Segunda Guerra Mundial, el U995. Al recorrerlo, pudimos constatar lo difícil que tenía que haber sido la vida de la tripulación.

A las 3 de la tarde subimos al Costa Pacífica para iniciar nuestro crucero por los fiordos de Noruega: « El Reino de la Luz ».

Te doy algunos datos sobre este bello barco: 114 500 toneladas, 290 metros de a proa a popa, 35,5 metro de babor a estribor, 3780 pasajeros, 1056 miembros del equipaje y velocidad de 36 nudos/hora.

Teníamos el camarote 2365, cuya camarera guatemalteca, muy profesional y amable se llama Lourdes.

Asistimos a los ejercicios obligatorios de evacuación del barco en caso de emergencia y acto seguido, el barco zarpó rumbo al puerto noruego de Bergen.

Navegamos por el Canal de Langellands Belt y el de Great Belt. Pasamos por debajo del famoso puente de East Ridge de 65 metros de alto y seis kilómetros de alto.

Las dos primeras noches cenamos en la mesa 211 del Restaurante New York, con dos familias españolas y un señor brasilero. Como en el barco había 2500 alemanes y éstos deseaban cenar muy temprano, nos vimos obligados a hacerlo a las 6 p.m.

En la primera cena tuvimos la agradable sorpresa de comer pulpo en salsa, lo que nos recordó esa espléndida parte de Italia que es Apulia.

Prehistoria, Magna Grecia, Barroco, Renacimiento, Apulia es realmente una tierra en plural. Y después, mar y más mar, que se pierde en el infinito, en esa punta extrema de tierra europea que se extiende hacia el sur, dividiendo el mar Jónico, sereno y cristalino del mar Adriático, surcado por las rutas de antiguos pueblos.

Tierra al final del mundo, como la llamaban antiguamente, que separa Oriente de Occidente, en donde la paleta del pintor se completa con todos los matices del azul oscuro al azul claro. Playas de arena y de roca en donde el aroma de los jardines con flores se mezcla con el salobre. Hay tres pilares de la cocina pobre de Apulia: el trigo duro, las verduras y el aceite de oliva, que encontramos en todos los platos como en la sopa de espelta y ternera, en las imprescindibles orecchiette con grelos, en los strozzapreti con salchicha y en el pulpo en salsa.

Un anciano italiano, nos contó que recordaba a las mujeres golpeando el pulpo en las rocas para romper las fibras resistentes y que así quedase blando al cocerlo, después lo enjuagaban en el mar y él de niño, las miraba encantado.

El pulpo en salsa exalta su sabor cuando se une al aceite, los tomates y el vino blanco y llega a la mesa como un plato de sabor irresistible que recuerda el dulce salado del mar de Apulia.

Mañana continuaré a contarte sobre nuestro bello viaje.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

Foto: El Costa Pacífica en el puerto alemán de Kiel.

Hispanista revivido.