Deshaciendo mentiras: sobre la infelicidad de los criollos bajo el dominio español

Serie la Leyenda negra. La España atrasada y otras mentiras de historia común

 

Defender a España en América es arriesgado pero hacerlo en Cuba es un suicidio. De todas las materias que forman su sustancia, la españolidad es la parte del cubano a la que menos respeto se le tiene.

Este desdén hacia sí mismo se encuentra tan profundamente afincado en su psiquis que cualquier discusión al respecto termina con un levantamiento de machetes. No repara el cubano noble en las similitudes profundas que le unen a su hermano peninsular, ni mucho menos comprende que la causa de sus males presentes obedece, precisamente, al peso tremendo de esa historia pasada que no quiere ver y que desprecia, además, con tanto ahínco.

De España no puede venir nada bueno, afirma un clamor popular y, es que el pueblo sigue creyendo que la historia se terminó en 1898, cuando los caminos entre la entonces atrasada Península y su provincia se separaron por la intervención de los Estados Unidos apoyados por un sector minoritario de la población.

No, España no es hoy un país atrasado económicamente, ni culturalmente y sí que puede asesorar a Cuba en muchos campos. Para empezar, el país es líder en crecimiento económico en Europa, como lo ha reconocido la propia señora Merkel hace pocos días, cuando llamaba a la sociedad civil alemana a inspirarse de los buenos indicadores económicos españoles. Alemania o Inglaterra contratan a sus empresas logísticas como Indra, o energéticas como Gamesa, sin olvidar que la Península es el primer donante de órganos y de sangre del mundo; también hay que mencionar que estamos hablando del segundo país por ingresos turísticos a nivel mundial.

¿Y qué decir de la cultura? España se sitúa entre los 5 primeros en fuerza editorial y en creación musical; y no debemos pasar por alto tampoco que el español es la lengua con más crecimiento e influencia después del inglés. Sin ir más lejos, según previsiones demográficas creíbles, dentro de 50 años la población hispana en los Estados Unidos será mayoritaria, bastará entonces que se haga con el poder en Washington para que España, a través de sus hijos, vuelva a ser la dueña del mundo.

Eso es lo que viene.

Tras la publicación en 1914 de La leyenda negra y la verdad histórica, Julián Juderías consiguió demostrar que la mayor parte de las ideas sobre España dentro y fuera de la misma, obedecen a una campaña de descalificaciones orquestada por sus enemigos históricos; dicha maniobra parece haber alcanzado sus objetivos, pues según Juderías, esta ha conseguido que con el paso de los años, los españoles y sus descendientes iberoamericanos la creyeran, para terminar ajustando a estas falsedades sus proyectos nacionales e ideologías hasta hoy.

Por ejemplo, uno de los elementos que justificó el levantamiento de los españoles de Cuba y que se enseña todavía en los libros de historia de Cuba y de España, era que los naturales de la isla no tenían acceso a los cargos directivos dentro de la administración y el ejército. Nada es más falso, veamos la opinión del barón francés Dutilh de la Tuque publicada en el periódico barcelonés La Dinastía

“Magistrados y de los más elevados, en la administración de justicia, catedráticos en la Universidad de La Habana y las de la Península, jefes y oficiales en el Ejército y la marina, diputados, senadores, diplomáticos y ministros, funcionarios de todos los órdenes y categorías, hasta agentes de policía los ha habido y los hay, nacidos en la reina de las Antillas”.

No le faltaba razón al noble galo pues, en aquellos años, la subsecretaría del Ministerio de Ultramar se hallaba desempeñada por un cubano, D. Guillermo de Osma. Otro ministro cubano que ocupó dicho cargo fue D. Buenaventura Abarzuza. El secretario del gobierno civil de Madrid, D. Francisco Cassa era igualmente natural de Cuba. Una vicepresidencia del Congreso de los Diputados fue encomendada en las cortes de 1896 a D. Francisco Lastres, un cubano, pero antes de su nombramiento el puesto lo ocupaba otro isleño, el Sr. Santos Guzmán.

En la larga lista de empleados de la Administración civil ultramarina, figuraban buen número de cubanos: los Acosta, Montalvo, Azcárate,Vinet, Kindelan, Freire, Elisátegui, Echevarría, Jústiz, Saladrigas, O Farril, Bolívar, Rosillo,Valdés, Malli, Armas, Betancourt, Bernal, Balboa, Cadaval, Diago, Chacón, Beltrán, Insúa, Koaly,Varona y muchos más.

La gran verdad es que la relación sería interminable.

Sólo en el Cuerpo de Comunicaciones de Cuba había más de cien funcionarios cubanos, es a saber la mitad o algo más de la mitad.

La enseñanza puede decirse que estaba por ellos monopolizada.

El rector de la Universidad de La Habana D. Joaquín F. Lastres era cubano, lo eran igualmente  el vicerrector D. José María Carbonell, el secretario general D. Juan Gómez de la Maza y Tejada, y los decanos de todas las facultades, D. José Castellanos y Arango, de Filosofía y Letras, D. Manuel J. Cañizales Benegas, de Ciencias, D. Leopoldo Barrier y Fernández, de Derecho, Don Federico Hortsman y Cantos, de Medicina, D. Carlos Donoso y Landier de Farmacia, y el director del Jardín Botánico. D. Manuel Gómez; resultando que de 80 catedráticos eran cubanos 60.

En la escuela profesional cubanos eran el director, D. Bruno García Ayllon, siéndolo también los ocho profesores que desempeñaban todas las clases en la misma. En la de Pintura y Escultura no hay más que un peninsular de tres maestros que la regentan, el director es cubano. Los institutos de segunda enseñanza de Matanzas, Santa Clara y Puerto Príncipe estaban regidos igualmente por hijos del país. D. Eduardo Diaz Martínez, D. Alejandro Muxo y Pablos y D. Agustín Betancourt y Ronquillo, respectivamente y en el cuadro general de este profesorado aparecen 35 catedráticos cubanos de 58, que en total pertenecían a dichos Institutos, y a los de La Habana, Pinar del Rio y Santiago de Cuba.

Pero era sin dudas en lo militar que los cubanos predominaban.

El general Mola
El general Mola

Veamos: en los listados de soldados del Ejército Español fallecidos en Cuba entre 1895 y 1898 figuraban 444 oriundos de La Habana; 247 de Matanzas, 245 de Pinar del Río, 25 de Puerto Príncipe, 325 de Santa Clara y 114 de Santiago de Cuba… Uno de ellos, el coronel Jiménez de Sandoval, a veces aparece también citado como Ximenez de Sandoval, era el jefe de la columna con la que se encontró Jose Martí en Dos Ríos. Otro santiaguero, el General Loño, fue Ministro de la Guerra del gobierno de Maura, nació el 5 de febrero de 1837 en Santiago de Cuba, murió en Madrid el 29 de junio de 1907, también ejerció como gobernador militar de La Habana durante la última guerra civil.

Para bien o para mal la influencia siempre fue mutua. Sin remontar al siglo XIX, militares cubanos ocuparon altos cargos en el Ejército español en los momentos más difíciles de la historia contemporánea, basta citar los dos más famosos: General Berenguer, quien fuera Alto Comisario en Marruecos, y Presidente del Gobierno, tras la caída de Miguel Primo de Rivera, según su biografía había nacido en Remedios, de padres cubanos.

¿Y qué decir del general Emilio Mola, cerebro y arquitecto del golpe de estado contra la II República? Había nacido en Placetas en 1887. Recordemos que los insurgentes en los primeros tiempos utilizaron la bandera republicana por decisión suya ya que pertenecía a la facción republicana de los sublevados. El general Alfredo Kindelán, otro cubano, nació en Santiago de Cuba el 13 de marzo de 1879. Pertenecía a una acomodada familia cubana que perdió toda su fortuna como consecuencia de la guerra civil. Se hizo famoso por ser el jefe de la aviación nacional durante la guerra civil, el cubano era un monárquico convencido, junto a los aliados conspiró contra Franco para restaurar el trono de los borbones.

La lista es larga y a disposición del público. Por eso recomiendo cautela a la hora de criticar a España. Creo que va siendo hora de reevaluar la percepción que tienen los cubanos sobre sobre su propia identidad.

Los hispanistas no sólo reivindicamos la reunificación político-territorial de la Hispanidad sino también condenamos los postulados de la Leyenda Negra por difundir múltiples mentiras sobre la historia de España en favor de sus detractores, pero lo que es más importante nos enorgullecemos de nuestras raíces hispánicas.

Para rehacer la nación Española y a Cuba hace falta revisar con urgencia la historia, es un deber de todos. Vale alzarse enérgica y dignamente para criticar las componendas de la clase dirigente española con el Castrismo, pero esto ya tampoco es suficiente. Que no se descalifique a España con hechos inciertos y cuestionables, no sea porque tal vez la solución a los problemas de Cuba que condenan algunas voces jóvenes desde las redes sociales, venga justamente de la Madre de la que nunca debieron separarnos.

 

1898, punto de encuentro

Hispanista revivido.