Desmontando a Lincoln

 para LD

Uno de los fenómenos recientes más interesantes es el desmontaje de los mitos, en un debate al que dan vida políticos, historiadores y escritores. Abraham Lincoln es uno de esos personajes míticos. El motivo es que su nombre va ligado a dos fenómenos: la abolición de la esclavitud y larefundación de Estados Unidos.

La controversia ha estado servida, claro, porque los políticos convirtieron al presidente en un dechado de virtudes y en la encarnación del espíritu democrático, mientras los historiadores han debatido sobre sus actuaciones y programa y los escritores han hecho caja con especulaciones acerca de su asesinato. Ha sido un personaje de cómic, de novela fantástica y, por supuesto, de cine: ahí está, sin ir más lejos, la reciente Lincoln de Steven Spielberg (2012).

El personaje de Lincoln es muy rico, y gran parte de los detalles de su personalidad y vida íntima no son conocidos por el gran público. Era un hombre triste y melancólico que arrastraba un gran pesar por la muerte de su madre cuando él tenía nueve años y el maltrato de su padre, que a duras penas contrarrestaba el cariño de su madrastra. La muerte de su primer amor, Ann Rutledged, con 25 años, le condujo a una gran depresión. Pensaba constantemente en el suicidio. Incluso llegó a publicar un poema en el Sangamo Journal titulado “Soliloquio del suicida” (25-VIII-1838).

Sus amigos le vigilaban para que no se suicidara. Ese ánimo le acompañó siempre. Las derrotas en la guerra civil le sumían en la tristeza, de tal manera que llegó a escribir:

Tal vez parezca, cuando estoy en compañía, que disfruto de la vida. Pero cuando estoy solo me veo dominado por la depresión con tanta frecuencia que no me atrevo a llevar una navaja.

Lincoln estaba lleno de complejos. Por ejemplo, por no ser universitario. Se sacó el título de abogado por libre. Era tremendamente ambicioso, y a la edad de cuarenta años se sintió un fracasado porque, a su entender, los demás llegaban más alto que él. Además, se veía feo y paleto. No tenía suerte con las mujeres, y en su juventud recurrió a las prostitutas con mucha frecuencia.

La sexualidad de Lincoln ha sido objeto de debate. La estrecha amistad con Joshua Fry Speed, con el que compartió cama durante cuatro años, y al que escribía cartas que parecen de amor, y un episodio con un capitán han hecho pensar en su posible homosexualidad. A esto se le añade un poema ambiguo sobre dos hombres casados que fue retirado de la edición que lo sacó a la luz hasta 1942. Sin embargo, no hay prueba de nada, y sí de sus gustos heterosexuales.

De hecho, tomó por esposa a Mary Todd, que no fue la compañera perfecta. Era una mujer bipolar, maníaca, deprimida y muy ambiciosa. Era lo que hoy llamaríamos una maltratadora. En una ocasión le tiró una taza de café caliente a la cara porque Abraham la recriminó en público que llegaba tarde. Otra vez le persiguió por la calle con un cuchillo. Lo primero que hizo Mary Todd Lincoln al llegar a la Casa Blanca fue redecorarla con mobiliario de importación. A los pocos meses agotó la asignación que había dado el Congreso para cuatro años. Lincoln se enfadó y quiso pagarlo de su bolsillo. Dio igual, ella siguió gastando a espaldas del presidente, y para pagar las facturas aceptaba sobornos a cambio de aconsejar a su marido los nombramientos. Era tráfico de influencias. Mary Todd nunca cayó bien. El equipo de Lincoln la llamaba “Su Satánica Majestad”. Lincoln siempre añoró a Ann Rutledged, porque su esposa le desestabilizaba.

Entre su mujer y la guerra, Lincoln envejeció mucho entre 1861 y 1865. El conflicto con el Sur no comenzó por la esclavitud. De hecho, Lincoln no defendió nunca la igualdad racial. La Proclama de Emancipación fue ideada para reducir la capacidad bélica de los sureños, que contaban con cuatro millones de esclavos trabajando en la retaguardia. El Gabinete la aprobó, pero convenció al presidente para que esperase a una victoria militar del Norte y que no pareciera una medida desesperada. Lincoln consideraba la esclavitud una indignidad, pero pensaba que las dos razas no podían convivir, por lo que recuperó los proyectos de enviar los libertos a África y encargó un estudio sobre el establecimiento de una colonia en Panamá.

La Proclama, además, ni siquiera afectaba para todo el país: quedaron excluidos los estados del Sur que no se habían unido a la Confederación –Kentucky, Missouri, Maryland y Delaware– y otros condados sureños fieles al Gobierno federal. Esto iba en consonancia con lo que escribió en agosto de 1862, seis meses antes de que la Proclama entrara en vigor:

El objetivo fundamental en esta lucha es salvar la Unión, no salvar o destruir la esclavitud. Si pudiese salvar la Unión sin liberar a uno solo de los esclavos, lo haría.

Al año siguiente formó regimientos solo con negros, y ya en febrero de 1865 consiguió que el Congreso aprobara la XIII Enmienda a la Constitución, que abolía la esclavitud pero sin conceder la ciudadanía a los libertos.

El programa económico que propuso Lincoln no convenció a la mayoría de los norteamericanos por su fuerte intervencionismo estatal y la subida de impuestos que comportaba. Eso sí, el impulso a la sindicación de los trabajadores agradó a la Internacional y a Karl Marx, que le llamó “hijo honrado de la clase obrera”. También se ha dicho que Lincoln simpatizaba con cierto discurso socialista; no en vano escribió a los sindicatos de Nueva York:

La liberación de los esclavos en el Sur es parte de la misma lucha por la liberación de los trabajadores en el Norte.

La política que llevó Lincoln durante la guerra ha sido también discutida. Declaró la guerra a la Confederación sin la aprobación del Congreso, tal y como exige la Constitución. Detuvo a miles de opositores a su política, incluidos republicanos y radicales, gracias a que suspendió el habeas corpus. El mismo presidente del Tribunal Supremo fue detenido tras declarar que su política era anticonstitucional, y un diputado de la oposición, Vallandigham, fue deportado por su discurso en el Debate sobre el Estado de la Nación. El control de la información y de la opinión lo llevó a cabo cerrando unos 300 periódicos y censurando las comunicaciones telegráficas; es más, algunos editores que no simpatizaban con su causa fueron detenidos.

Lincoln, entre el mito y la realidad, sigue siendo un personaje controvertido.

Hispanista revivido.