Roberto Álvarez Quiñones, en su excelente artículo ‘Educación, el buque insignia que se hundió’, publicado en DDC, afirma que “Cuba tuvo un buen sistema educacional —ideología aparte— entre los años 60 y fines de los 80 del siglo pasado, según los estándares del Tercer Mundo”.
Pero yo no concibo esa razón. La enseñanza bajo el castrismo dejó mucho que desear, y no solo por su marcado sesgo doctrinario, a partir de 1961, irónicamente denominado Año de la Educación. Ahora les diré por qué:
1.º- La campaña de alfabetización emprendida ese año –que en mi opinión no valió la pena en concepto de costo/beneficio– trastornó el curso escolar en términos de organización y calendario académico debido a la movilización masiva de estudiantes a zonas remotas durante un preriodo prolongado. Eso por no hablar de la chusmería que comenzó a penetrar en parte del estudiantado imbuido del espíritu revolucionario de corte marginal.
2.º- La nacionalización de la enseñanza, ocurrida también ese año, acrecentó la escasez de maestros y profesores, la cual luego se agravaría con el incremento exponencial de la matrícula debido a la explosión de natalidad que tuvo lugar en los primeros años del castrato y, sobre todo, debido al cierre de las escuelas normales. Para estudiar la carrera de magisterio había que someterse a las condiciones infrahumanas del plan Makarenko en Minas del Frío y Topes de Collantes, dirigido por Elena Gil, de donde muchos desertaron con traumas irreversibles y adonde pocos adolescentes se disponían a asistir tras oír las historias espeluznantes de los sobrevivientes.
3.º- Lo que acabó de ponerle el tapón al frasco fue la malhadada ofensiva revolucionaria de 1968. De la enseñanza media expulsaron con cajas destempladas y el sambenito de gusanos a infinidad de profesores que o bien eran desafectos al régimen o no estaban convenientemente integrados en las llamadas organizaciones de masas. Muchos de dichos profesores depurados se hallaban entre los más capaces y experimentados, siendo no pocas veces los más populares entre los alumnos (recuerdo del IPU de Cienfuegos a una profe graduada de la Sorbona, un exembajador y otro que era muy querido por el alumnado). Fue entonces que recurrieron a las clases por televisión y a los monitores a cargo de las clases. En fin, el desastre.
La enseñanza en Cuba, aparte del adoctrinamiento a tope, fue muy deficiente en la década de 1960. Me consta porque lo viví y lo sufrí. Y en los años siguientes empeoró en muchos sentidos.

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