Autorizada por las autoridades el 6 de enero, la fiesta de la Epifanía y sus bailarines enmascarados  (diablitos) prefiguraba y simbolizaba la libertad

Durante estos días la ciudad estaba mucho más agitada que de costumbre y se hacían frecuentes los accidentes de coche

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El Diario de la Marina advertía a sus lectores con un suelto que advertía:

Diablitos : Mañana es día grande. No deseamos sino que todas las personas que nos quieren bien se vuelvan sordas desde las ocho de la mañana hasta el anochecer y que todas las que nos quieren mal se vean asediadas por todos los diablitos, ya solos o acompañados con sus músicas infernales, y que no los abandonen hasta que les dejen los bolsillos como ropa al sol entregada por la lavandera. Deseamos también que no lleguen ese día a nuestras playas extranjeros que tengan que seguir viaje a las pocas horas para que no formen de nosotros un juicio a lo Duvergier d’Hauranne.

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Historia

Las sociedades Abakuá se crearon en Cuba como una fraternidad protectora de ayuda mutua y de ocultamiento, y en sus inicios su mayor membresía eran negros trabajadores portuarios, en su mayoría negros de nación, o sea, traídos de África para trabajar como esclavos. Posteriormente las continuaron sus hijos, los negros criollos, y más tarde, ya en el siglo XX, se incorporaron también hombres blancos.

En los ritos de las sociedades Abakuá intervienen los Ireme o Diablitos, que tienen la función mitológica de dar fe de que se cumplen correctamente todos los ritos. Los Ireme necesitan de una persona que los guíe, que es el Moruá, quien les canta en lengua Efik.

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No hay que olvidar que el Día de los Reyes significaba un reto al control colonial, ya que la danza se bailaba en el patio del Palacio de los Capitanes generales, “ante la suprema autoridad” que dirimía los asuntos de la isla con poderes omnímodos. La fiesta del Día de Reyes representa entonces, “la apropiación colectiva del espacio público”

La vestimenta y los bailes de estos enmascarados constituyen desde la época colonial, uno de los elementos más llamativos de nuestro folklore. De aquellos tiempos tenemos magníficos testimonios del pintor costumbrista Patricio Landaluce, así como algunos grabados referidos a la salida de los cabildos de negros el Día de Reyes.

Utilizan un traje a manera de overoll con mangas largas, de tela gruesa adornada con diseños geométricos y de colores vistosos, que cubre todo el cuerpo del bailarín. Este vestido recibe el nombre de popular de saco, porque durante mucho tiempo han sido confeccionados con tela de sacos de harina o de yute, la cual teñían con colores vivos. En la jerga abakuá se les llama akanawán, afonirere o. kufombre. En las manos y pies se remata con empuñaduras de fibras deshilachadas y finas, más bien cortas, que se extraen de las hojas del henequén.
En la barriga el danzante lleva una sonajas que son de metal cuando la ceremonia es festiva o de madera, cuando es luctuosa. En ambos casos reciben el nombre de karnicas, nkaninkas o ekón, las que emplean para saludar a los hermanos o ekobios y a los atributos rituales. Con el sonar de sus nkanikas el íreme bendice.

An Overriding Passion: The Quest for a National Identity in Pain

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