Como bien dije ayer a través de Twitter, donde se puede ir y comprobar, enseguida que se acabó la intervención de Barack Obama en el Gran Teatro de La Habana, “el discurso me pareció excelente, superó mis expectativas, se la clavó sin vaselina”. No solamente por el contenido del discurso, que no voy a reproducir aquí, puesto que se puede leer y hasta ver en todas partes, y que como todo discurso urdido por un socialista admirador del castrismo, lo que es Obama sin duda alguna, sino también por el continente, quién dio el discurso, y cómo lo dio.

Primero hay que ubicarse en que Obama es una persona formada en la democracia, y aquí demostró que esa formación en la democracia, probablemente pese a él mismo y a su ideología, es más fuerte, más sólida, que cualquier mal digerido traumatismo socialista. Pero sobre todo demostró su pertenencia al capitalismo, no pudo negar que su triunfo, al llegar a presidente de los Estados Unidos, se lo debe a la democracia y al capitalismo, que es en realidad la forma económica y social en la que ha crecido humana y políticamente.

Ubiquémonos también en el mensaje, nuevo para las mentes de los cubanos, quienes no habían recibido en 57 años otro discurso diferente que el castrista, y que por primera vez, en mucho tiempo estrenan palabras distintas, en el idioma inglés (hasta hace muy poco era el idioma del enemigo), con un contenido muy bien hilvanado, donde se lucieron las citas de José Martí, poco manidas en el contexto político cubano, como esa en la que se refiere a la honestidad, así como frases en español del más reciente argot popular. También citó al exilio con entusiasmo, habló del dolor de la separación familiar, del sufrimiento de los exiliados, de su enorme esfuerzo, y de que la prueba del triunfo de esos exiliados es Miami, además de que -como dije ya anteriormente en este blog- mentó a los dos cubanos, sin decir sus nombres, que se batieron y se baten (todavía queda Ted Cruz), en el camino a la presidencia norteamericana. Se refirió a la sociedad civil e invitó a los tiranosaurios a no temer las palabras de quienes se les oponen. Y ahí fue donde se la clavó sin vaselina a los viejos dirigentes que tuvieron que oírlo sin chistar desde los palcos en los que se encontraban aferrados a su decrepitud.

Ubiquémonos, reitero, en que los cubanos por fin tuvieron la oportunidad inédita de comparar frente a un viejo enano feo y balbuceante, con una voz y español tan desagradable, que ha heredado el poder, que no la presidencia, de a dedo a través del tirano de su hermano, con un hombre de raza negra, alto, en la mediana edad, con un verbo decidido, sereno, y un empaque y elegancia muy cuidados tras una aparente sencillez.

De tal modo Obama desnudó a la dictadura con verdades encaradas, y la dictadura se vio obligada a aplaudirlo en un teatro repleto por la nomenklatura y su momia máxima: Alicia Alonso. Pero no pudo Obama traicionarse a sí mismo. Obama, como tantos otros socialistas del mundo, se ve entrampado entre la mentira histórica que vendió el régimen castrista y su condición racial. Lo traiciona, reitero, su propensión a vivir perennemente seducido por la confusión que tiene entre la revolución que el pueblo cubano apoyó en 1959 con los tiranos que se apropiaron de ella y que hoy, 57 años más tarde, todavía la representan. Y eso lo vamos a ver a continuación.

No pudo impedirse (evitándolo su discurso no se hubiera resentido en nada), volver a mencionar los tan cacareados como falsos logros de aquella, ya trasnochada, revolución tanto en la educación como en la salud. Mentiras que dichas por su boca y trasmitidas al mundo continúan engañando al mundo, pero que no engañan desde hace mucho tiempo y para nada al pueblo cubano. El pueblo cubano conoce, porque lo padece a diario, que ni la educación es tal educación, sino adoctrinamiento político, y que la salud da grima, brilla por su ausencia. Nada de eso tiene que ver con el embargo. Cuba antes del año 1959 tenía escuelas públicas, hospitales, seguridad social. En 1957 sólo poseía un 23, 4 % de analfabetismo. Por lo tanto, ahí, en ese punto de su discurso, Obama se desvinculó del pueblo cubano para aliarse nuevamente con el régimen.

Cuando Obama afirma que no le interesa el pasado de ambas naciones para emprender un rumbo inédito hacia la paz comete el error de olvidar el importante papel que jugó Estados Unidos durante la colonización y guerra de independencia contra los españoles en la construcción de la paz y de la nación cubana. Desvincularse de la historia, y del pasado aunque remoto, lo aisló otra vez del pueblo cubano.

Por otro lado, no puede referirse Obama, quien por cierto subraya la afrodescendencia y olvida otras descendencias del mestizaje cubano, a una reconciliación con unos asesinos que no han pagado por sus crímenes, sobre todo cuando esos crímenes se siguen cometiendo a diario en contra no sólo de esos cubanos pertenecientes a esa afrodescendencia, sino también en contra de todos los cubanos, simplemente, pues como decía Martí: “cubano es más que negro, más que mulato, más que blanco”. Tampoco puede Obama pedirnos la reconciliación sin justicia de por medio, sin vergüenza de por medio, sobre todo con aquellos que ejercen el odio más profundo contra el mestizaje, contra la libertad y la democracia.

Obama cometió el error de equiparar la revolución castrista con la revolución norteamericana, y ahí a mi modo de ver se le cayó el caché.  No hizo alusión ni por un segundo a la naturaleza violenta y criminal de esa revolución terrorista transformada en dictadura.

Se le vuelve a olvidar la lista de presos políticos, era el lugar y la ocasión para arbolarla en claro.

Pero prosigamos con la reconciliación y el perdón enfatizados por el presidente. Una democracia como Estados Unidos no tiene que pedir perdón a una dictadura como la castrista. Los demócratas cubanos, los cubanos que hemos elegido la libertad y la democracia, y que hemos trabajado muy duro para que nuestros hijos vivan y crezcan en ella, no ofendimos a nadie, ni debemos pedir perdón por ansiar y por atrevernos a ser libres. Sobre todo frente a quienes jamás han pedido perdón por sus crímenes ni han demostrado ni demuestran querer reconciliarse con nadie.

En fin, Obama dejó muy diáfano que su ayuda nada tiene que ver con el sueño de derrumbar el castrismo, así lo subrayó. Eso lo deja en las manos de los cubanos, a resolverlo con nuestra inmensa soledad. Y con esa frase volvió a alejarse de lo que más desea el pueblo cubano, sin hipocresías: que sean los americanos los que tumben a los Castro. ¿O no es lo que esa oposición, fraguada en gran parte por los grants y el apoyo exterior, sin eso no pudiera existir, y también por el mismo castrismo dado que se encuentra perfectamente penetrada, pide a gritos? Como también lo ansían, a insultos y a golpes, los que se prestan para golpear y humillar a la verdadera oposición. Siempre he opinado que esas Brigadas de Respuestas Rápida obedientes a la tiranía constituyen una de las justificaciones mayores para que los Estados Unidos desembarquen en Cuba. ¿No es también con lo que han cuqueado ininterrumpidamente los Castro a los americanos?

De la reunión con los opositores no ha trascendido todavía nada de enjundia. Imagino que cada uno de ellos escribirá luego sus percepciones particulares. Esperemos entonces. Me he quedado con la imagen de la ausencia en esa mesa de Oscar Elías Biscet, Jorge Luis García Pérez (Antúnez) y su esposa Iris Tamara Pérez Aguilera. Y de los que pudieron estar si no hubieran sido asesinados: Laura Pollán, Oswaldo Payá, Harold Cepero, Orlando Zapata Tamayo, entre otros.

Más tarde, y tras los atentados terroristas en Bélgica, el presidente de los Estados Unidos de Norteamerica, sin que se le moviera una pestaña decidió no rechazar, justificación le asistía, el juego de pelota junto a Castro II. Con él accedió muy campante a un estadio donde las entradas fueron repartidas a militantes y agentes de la seguridad del estado. En los vídeos de la entrada de ese supuesto “pueblo espontáneo” a la instalación deportiva se puede observar que cada quien llevaba una jabita blanca en la mano: la merienda en pago del deber cumplido, con migajas remunera la dictadura. Cuba perdió el juego, como era de esperar, lo que confirma como he dicho antes que hace rato los peloteros cubanos tienen puesta más la cabeza en el baro que en la “patria” beisbolera.

Y finalmente llegó la despedida, esta vez con la presencia de Castro II cogitabundo al pie de la escalerilla del avión, estaría pensando que por fin se quitará al “negritillo” de encima, con la absoluta seguridad de que no cambiará nada. Y con esa misma seguridad se ha despedido Obama. Él sabe que ha ido a Cuba a gastar saliva y a legitimar una dictadura de más de medio siglo. Pero, como ya ustedes conocen, son la imagen y el espectáculo lo que cuentan en política. De lo que ha trascendido en las mentes de una gran mayoría del pueblo cubano, aquí les dejo una muestra, el análisis de una federada invitada al teatro habanero. Y es que tantos años de cerebros formateados en el terror engendran seres cuyos cerebros no pueden dejar de destilar odio y mierda.

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