La verdad que cada día comprendo menos el significado del término ‘disidente’

Tengo cada vez más dudas sobre el concepto, permítanme ser franco dentro del mayor respeto. Pero las dudas que a mí me matan no se deben solo a mi posible resistencia apriorística. Quiero decir que no derivan de prejuicios rígidos o ideas preconcebidas. Son más bien dudas metódicas, de raíz cartesiana, que salen disparadas por la confusión, el fulanismo, el tejemaneje, la intriga, el chisme, la maledicencia, el enredo, el equívoco, el protagonismo desmedido y las luchas internas de las huestes disidenciales.

A lo mejor es que son insuficiencias y lagunas propias de un senescente que no entiende lo que es el último rap de la disidencia pop. Vaya, cosas de viejo. No niego que hay nociones y categorías que ya me resultan difíciles de asimilar. Abstracciones que no acabo de concretar. Poses que me cuesta un huevo admitir y entender. Tanto así que me decido a acudir al Diccionario de la Academia para precisar el significado de la palabra. Y grande fue mi asombro.

Según el DRAE, ‘disidente’ es una persona que diside. O sea que existe el verbo ‘disidir’, parónimo de ‘decidir’ (primeras noticias, lo confieso humildemente), cuyo paradigma de conjugación es bien previsible: yo disido, tú disides, él o ella diside y todos disidimos.

¿Quién habrá inventado ese verbo tan ridiculillo? –me pregunto yo–. ‘Disidir’ vendrá del latín ‘dissidēre’, pero nadie lo utiliza. Iba a averiguar su frecuencia de uso en español y no pude. Se me acabó el espíritu investigativo por hoy. A lo mejor mañana, si me levanto más heurístico, voy y lo busco. Eso si la voluntad no me diside.

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