¿Dónde vas Felipe?

¿DÓNDE VAS FELIPE VI?

Desde mi punto de vista como republicano convencido, no se dónde vas y hasta dónde quieres que llegue el Estado español, del que dicen los papeles, que nos llegaron en patera desde el imperio, que tú eres el jefe.

Aquel romance de tu antepasado sabía dónde iba triste de sí, un rey que perduró y perdura más en el recuerdo de los españoles por la coplilla, que por cualquier otra decisión real, según una tradición muy a la española que si en alguna ocasión un rey español ha tomado una decisión histórica ha sido para restringir al pueblo español, porque un republicano como servidor, amante de la historia no recuerda ningún gesto real que haya beneficiado nunca al pueblo.

Ahora estamos viviendo una desgarradora y tremenda obra de teatro orquestada por un gobierno de ladrones corruptos al que le vale todo porque la evidencia de lo robado, de lo esquilmado, de lo maltratado al pueblo español está tan anotado en la crónica del día que nos faltan palacios de justicia y calabozos, para poder meterlos a todos, en el supuesto e hipotético caso de que tuviésemos un poder judicial realmente emanante del pueblo, sin puñetas blancas, y, aunque sea en mangas de camisa, resolviera esta agonía estatal española que nadie sabe en qué acabará.

Y nadie sabe en qué acabará esta obra gigantesca de teatro empezada para tapar mierda en todo el territorio nacional, porque los que está agazapados, escondidos, viendo como va transcurriendo todo el proceso de disminución de un pedazo de la llamada monarquía española, saben perfectamente como la iniciaron, pero no saben como acabará, por la sencilla razón de que España (ahí está la historia) cuando se agita entra en lo tremendo, en lo irracional del navajazo y la pólvora, y después llorando o con los ojos aguanosos pide perdón por un millón de muertos, y lo deja todo, en la más pura realidad, peor a como estaba.

Un referéndum, el catalán, que se inició como una prueba política no vinculante que, claro cojones, ninguna constitución, incluso la nuestra que llegó en patera o nos la trajeron en patera desde el Valle de los Caídos, no puede, es lógico, anotar en su articulado que el Estado se puede subdividir, separar en pedazos. Pero eso no quita para que una constitución genuina y propia de un estado no pueda decir que cualquier persona, grupo, caserío, aldea, ciudad, provincia, comunidad, pueda decidir democráticamente qué es lo que quiere hacer; especialmente si un grupo humano (el catalán) cae en la cuenta, como consecuencia de un hecho menor (un referéndum) que tiene mucho más porvenir económico solos que mal acompañados (resto de España).

Y la obra de teatro que empezó para tapar entuertos de robos y corruptelas, aplaudida por el partido popular, primer partido corrupto de España, y sus dos sucursales el Pesoe y el C’s, cuando se vinieron a dar cuenta habían logrado su objetivo que no se hablara de ningún ladrón de caudales públicos, que pasaran tranquilamente sus vacaciones en sus yates y mansiones sin devolver nada; pero el imprevisto en serio de la República Catalana, que salvo que los Usa-vaticanos digan lo contrario, será un hecho a muy corto plazo.

Pero donde está realmente la tristeza para un viejo republicano, es que hace unos meses, una mañana, en mi puerto donde vivo, un capitán de un barco de salvamento me comentó y me dijo una cosa que nunca olvidaré mientras viva, y que consistía en el dolor profundo que le había causado al romper las albas un día en el Mediterráneo medio, al clarear, había flotando sobre la mar más de un millar de cadáveres de los que los medios llamaban refugiados, hinchados, descompuestos, a los que ya ni las gaviotas, hartas y saciadas le metían mano, ni aún los grandes peces.

Para esos seres humanos no había barcos, ni ferris ni cruceros. No había dinero, estábamos en crisis, son los pobres de la tierra, los que sirven con sus miembros de piezas de recambio para los ricos de la tierra. Para Barcelona, para intentar detener algo que de un referéndum no vinculante, un puro acto informativo político de quién quiere o no quiere quedarse dentro de una casa que le han robado el tejado en cuantía superior a los cien mil millones de euros, y sigue el goteo, que ahora se ve impredecible e imparable, y para eso está habiendo todo el dinero del mundo, con la completa seguridad que más de uno y más de dos, siguiendo con la tradición ladrona político estamental española, estarán robando a manos llenas millones y millones, a cuenta de lo que empezó siendo algo democrático y normal, y se ha convertido en algo que ha abierto muchos ojos porque se ve con toda claridad que España, el amasijo español, no tiene futuro económico ni de dignidad, alguno.

Entonces, cuando se vaya Cataluña, habrá que bajarle el sueldo al rey, al ser menor el Estado, y a los políticos del parlamento nacional empequeñecido por ser menos España.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.