Edel Martínez, el de las caricaturas contra Donald Trump, se queja: ”Me han dicho que me debería haber ahogado en el mar cuando salí de Cuba”. Edel fue un balserito cuando el éxodo del Mariel y ahora es un caricaturista famoso. Trabajos suyos han sido portada nada menos que de revistas como ‘Time’ y ‘Der Spiegel’, donde pinta respectivamente a un Trump chorreando un meltdown de amarillo mostaza y con la cabeza en la mano de la Estatua de la Libertad, decapitada al estilo yihadista.
El artista le tiene manía al presidente de Estados Unidos y así lo confiesa: “Lo odio tanto y me cae tan pesado que prefiero no dedicar demasiado tiempo a dibujarlo”. Edel tiene todo el derecho a odiar a Trump, indudablemente. Igual que otros tuvimos en su momento el mismo derecho de odiar al sangrón de Obama. Y a seguirlo odiando sin medida ni clemencia cada vez que lo vemos robándole cámara al actual presidente. Su legitimación del castrismo no tiene perdón de Dios y todavía duele.
Ahora bien, cuando el artista cubanoamericano habla de tumbar al presidente americano ya eso me suena a mentalidad tercermundista. Estados Unidos no es una republiqueta bananera. Cierto que se puede destituir a un presidente a través del impeachment, pero no porque le caiga mal a un caricaturista, por más genial que este sea, ni porque lo rechace la mitad del electorado (mayor rechazo tuvo Lincoln en su día, y no solo por parte de sus enemigos del Partido Demócrata, sino además entre los suyos, los del Partido Republicano). Tiene que haber graves motivos, y no meras conjeturas, para llevar a un presidente a un juicio político. En el caso de Nixon y Clinton, se propuso el impeachment básicamente por haber mentido los dos bajo juramento.
Perjurio, que es un delito grave en EE.UU. Lo de la Lewinski y Watergate fue apenas la anécdota, no le demos más vueltas. Nixon, como se sabe, renunció antes de pasar esa vergüenza, pero Clinton, que tiene una jeta muy dura, se sometió al enjuiciamiento y salió airoso y con ganas de seguir en el candelero. Por suerte, su mujer fue derrotada en las últimas elecciones. Y eso es lo que no soportan los anti-Trump, los progres y los demócratas, que son malos perdedores y peores gobernantes. Así que, Edel, ni sueñes con tumbar un presidente a golpes de viñetas y caricaturas. Límpiate la boca y el culito también.

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