La acción del administrador se torna indispensable según el periódico “El invasor”.

abasto-leche-bodegas-cubaAlgunos oráculos de esquina avizoran que con la proliferación del trabajo por cuenta propia la figura del administrador pierde protagonismo y pasa de moda, un criterio un tanto desacertado si tenemos en cuenta que corren tiempos de competencias, de reivindicación de los servicios comerciales estatales.

Cierto es que la acción irresponsable de un grupo de ellos ha empañado la imagen de quienes ocupan este puesto, a tal punto que la población dicta juicios a priori y los encierra a todos en el saco de la corrupción.

Sin embargo, sería injusto pecar de absolutos, cuando en realidad otros sí funcionan y se convierten en entes indispensables en las unidades gastronómicas y los puntos de venta para que los productos se distribuyan con rapidez y sin trampas. En concreto, con eficiencia.

Cuando un administrador hace bien su trabajo, influye hasta en el estado de ánimo de la población. Imaginemos, por un momento, que está al tanto de todo: de la apertura en hora de la unidad, de mantener actualizada la pizarra de información, de respaldar a su personal de base y de ayudar en la búsqueda de soluciones para que los problemas no adquieran magnitud mayor.

Pero lo extraño del caso es que los directivos de “arriba” mueven a su antojo a los de mejor desempeño, unos días los ubican aquí y otros allá, para levantar la imagen de los establecimientos con peores resultados. Es como vestir un santo para desvestir a otro, como decía mi abuela.

Otros fenómenos en su contra se han hecho recurrentes como tener que recaudar dinero entre los trabajadores para comprar en el Mercado de Artículos Industriales o las Tiendas Recaudadoras de Divisas los vasos, cubiertos y cuchillos que se pierden, rompen, o son robados por los propios comensales, en un acto de indisciplina social.

O que, ante las carencias, se vean obligados a comprar hielo para la coctelería, frazadas para limpiar y el detergente para mantener la higiene de la vajilla. Y todo porque la empresa no los garantiza o los garantiza a medias.

Solo basta caminar por la ciudad para percibir cómo se apilonan las llamadas paladares, cooperativas y arrendamientos de locales. Ante la competencia de un sector que agrupa a más de 500 000 cubanos, a la parte estatal no le queda otra alternativa que lograr la excelencia en el servicio, sobre la base del control de los recursos. Y en ello la acción del administrador se torna indispensable.

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