El Alfabeto Delfín de Antón Lamazares, en El Círculo de Bellas Artes

alfabeto

Madrid, 13 de febrero de 2016.

Querida Ofelia:

El intercambio entre pintura y poesía, una constante en la obra de Lamazares, se pone de manifiesto una vez más en esta muestra, donde ambas disciplinas se imbrican a través de un alfabeto inventado, basado en las 27 letras del occidental.

Lamazares juega con las grafías latina y griega para “conquistar un espacio poético de misterio y belleza” y “ensanchar el mensaje estético y pictórico”; para, en definitiva, crear un alfabeto que responda a sus propios intereses.

Pintor y escultor de formación autodidacta, Antón Lamazares trabaja habitualmente sobre materiales humildes como el cartón y la madera. En sus comienzos, practica un dibujo automático, de línea expresionista y con una poderosa originalidad. Posteriormente, evoluciona hacia piezas de gran formato con vocación minimalista, una constante que pervive en su obra actual.
Alfabeto Delfín se presenta por primera vez en 2013 en el Centro Cultural Casa del Soldado (Panamá). Se trata de una serie compuesta por 33 piezas brillantes de cartón, de una intensidad casi monocromática, que son testimonio del gusto del artista por encarnar un trato directo con los materiales, con su manipulación artesanal.

Con motivo de la exposición, el Círculo de Bellas Artes ha editado un catálogo que incluye setenta y cinco obras, cuarenta más con respecto a la muestra expuesta, además de los textos de Francisco Calvo Serraller, Gustavo Martín Garzo y Juan Mestre.

“El alfabeto de Lamazares quiere hablarnos de esa lengua con que podemos hablar con Dios. Por eso la palabra corazón (Dios) se repite una y otra vez en sus cuadros: «tú la dulce lluvia en tierra reseca corazón / tú la piedra angular de la vida corazón / tú camino de prodigios corazón / tú primer baile y último de la vida corazón / tú rebanada de sol en las manos de nuestra madre corazón». Pintar es un acto de desvelamiento, la creación de un espacio vacío donde las palabras del corazón vuelvan a escucharse en el mundo. Nunca por eso su pintura ha sido más isteriosa, más exigente y desnuda. Sus cuadros son superficies de miel, extensiones de agua y arena, cielos interminables donde se escucha el zumbido de ese idioma olvidado: su música callada. Un idioma que remite a las antiguas letanías, «tú primer baile y último de la vida corazón / tú la dulce lluvia en tierra reseca corazón / tú la piedra angular de la vida corazón»; pero también a los dulces atrevimientos de la lírica popular, en palabras de don Miguel de Cervantes, «Pisaré yo el polvico, / A tan menudico, / Pisaré yo el polvó, / A tan menudó», y a los delicados sermones de ciertos santos amables, «tú oh oh oh maravillosa dulcedumbre corazón oh oh oh». Miel en la boca, cántico en el oído, júbilo en el corazón, así decía San Bernardo que debían ser las palabras que se elevaban a Dios”. Gustavo Martín Garzo Fragmento de “Las palabras del corazón” (Alfabeto Delfín. Lamazares, 2015)

“Pues bien, he aquí mi testimonio: el de la fidelidad de Antón Lamazares que se presentó en Madrid como pintor y como poeta y, en este caso, 36 años después sigue en lo mismo, si bien, como corresponde, no de la misma manera. El Alfabeto Delfín (2013) así lo corrobora. Lo conforman 27 letras con signos inventados por él, como un lenguaje arcano, el que le corresponde al arte, pleno de iluminadores visajes, cuyo eventual desciframiento no corrompe el misterio que porta. En cualquier caso, al ver este entrecruzamiento de caminos poético-pictóricos de Lamazares, que duplican el sugerente potencial de lo secreto, cabe rememorar el dictum horaciano «ut pictura poesis», columna vertebral del arte occidental de estirpe clásica cuya fuerza no se ha apaciguado ni tras no sé cuántas revoluciones artísticas de nuestra era revolucionaria. Pero claro, Lamazares está lejos de lo que tuvo esta hermandad a través de lo narrativo como comparación entre las artes porque él se retrotrae al sentido primigenio de lo poético que indistintamente nos remite al aliento creador, que también es inventor, innovador, pero retrocesivo a lo original del origen. De hecho, del Lamazares poéticamente inspirado de Alfabeto Delfín no solo se crea un vocabulario propio, sino que lo hiende sobre el humilde cartón transfigurándolo así en una escritura alada: una pictografía”. Francisco Calvo Serraller Fragmento de “Directo al corazón” (Alfabeto Delfín. Lamazares, 2015)

“verá el bizco verá el puñal vivo en la costra del árbol el rabillo del corazón en las cortezas felices los racimos colgados como murciélagos la hoz el martillo el destornillador la llave hechizada de los sembrados las higueras lana verde del aire los zapatos marrones campaniñas de bastabales acuérdate acuérdate de lo opaco y de lo absurdo acuérdate de las rutas y de los locos y de los enamorados más salvajes y de la ternura de todas la bestias con una goma de borrar en la panza corazón ¡clic! ¡clac! ábrete sésamo como una flauta en el rosal el sol ha echado maíz a las estrellas y los ladrones brillan como luciérnagas al huir con tu nombre es el padre quien se ha levantado y ve en el interior del amanecer la piedad y los trigos de la misericordia espolvoreados de tiza día tras día recorre la ruina y habla con la tempestad gana y pierde veámosle el cuerno al cuento y tú corazón aprende a contar los números de la tristeza”. Juan Carlos Mestre Fragmento de “Tractatus Lamazares” (Alfabeto Delfín. Lamazares, 2015)

Antón Lamazares nace el 2 de enero en 1954 en Maceira, aldea de Lalín (Pontevedra, España); el entorno rural gallego de su infancia y adolescencia deja una honda huella en su imaginario y su proceso creador. Realiza gran parte de sus estudios internado en el convento franciscano de San Antonio de Herbón, entre 1963 y 1969; en esos años se entrega a la lectura ferviente de textos literarios, sobre todo de los clásicos grecolatinos. A fines de los sesenta comienza a escribir poesía y decide dedicarse a la literatura.

Entabla amistad con el escritor Álvaro Cunqueiro –al que ya leía desde los nueve años–, y también con los pintores Laxeiro y Manuel Pesqueira, que se convertirán en sus primeros referentes plásticos. Su vocación creadora comienza a desplazarse hacia la pintura, y opta por la formación autodidacta. En este sentido será crucial su largo viaje de 1972 por distintos países europeos para estudiar directamente la pintura de los maestros que venera: Van Gogh, Paul Klee, Rembrandt y Joan Miró; entre sus grandes referentes estarán, igualmente, Antoni Tàpies, Manuel Millares, Alberto Giacometti y Francis Bacon, así como la tradición medieval y el arte oceánico.

A su regreso permanece en Barcelona, donde trabaja como obrero de la construcción, al tiempo que estudia en sus centros de arte, en especial las colecciones de arte románico del Museo Marés y del Museo Nacional de Arte de Cataluña, y también el Museo Picasso. Después viaja a Madrid, donde se reencuentra con su maestro, Laxeiro, y donde conoce al poeta Carlos Oroza: la gran amistad que desde entonces comparten será decisiva para el joven artista, quien se entrega a la lectura de César Vallejo, Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda, y también William Blake, Hölderlin, Baudelaire, Trakl y Rilke. El intercambio entre pintura y poesía será una constante en toda su obra.

En 1973 ya da a conocer sus cuadros en exposiciones colectivas e individuales. En 1975 viaja a París huyendo del servicio militar; a los tres meses regresa para evitar ser declarado prófugo, e ingresa en la Infantería de Marina, en El Ferrol. El 27 de septiembre de ese año le sobrecoge la noticia de los últimos fusilamientos del franquismo; uno de los reos ejecutados –tras un juicio sumarísimo y sin pruebas– es su amigo Humberto Baena, poeta pontevedrés de 25 años. Lamazares se sumerge en una honda depresión y es internado en el área de psiquiatría; durante ese tiempo escribirá su poemario Adibal.

Entre 1976 y 1979 es becado por la Diputación de Pontevedra y el Ayuntamiento de Lalín, y después por el Ministerio de Cultura. En 1978 traslada su residencia a Madrid, donde entabla estrecha amistad con el pintor Alfonso Fraile, y también con la galerista Juana Mordó, el crítico de arte y poeta Santiago Amón, y también con el neurólogo Alberto Portera, figura aglutinadora de un amplio grupo de pintores –Antonio López, Antonio Saura, Lucio Muñoz, Martín Chirino, Rafael Canogar, José Guerrero–, escritores –Carlos Bousoño, Francisco Umbral– y cineastas –Carlos Saura, Elías Querejeta–, que se encuentran los fines de semana en su finca de Mataborricos; allí Lamazares realiza una exposición al aire libre en 1979.

Los años ochenta son de intenso trabajo y también de gran proyección: antes de cumplir treinta años, la obra de Lamazares ya ha conquistado un espacio propio en el panorama español y también en el exterior. Utiliza materiales humildes, como el cartón y la madera, donde proyecta figuras de aliento lúdico y onírico, de línea expresionista, con un intenso cromatismo y una poderosa originalidad. Expone su obra con la galería de Juana Mordó en Madrid, la de Elisabeth Franck en Bélgica y la Sala Gaspar de Barcelona. Pronto se traslada a Nueva York, donde permanece dos años con una beca Fulbright, y su pintura evoluciona hacia una concepción más depurada y matérica, que expone en la galería neoyorquina Bruno Fachetti.

En 1991 abre un gran taller en Madrid, donde trabaja en las series Gracias vagabundas y Desazón de vagabundos. Realiza un nuevo viaje, esta vez a Berlín, donde le imanta la pintura de Caspar David Friedrich. En 1993 conoce personalmente a Antoni Tàpies, al que entrevista con motivo de haber recibido el León de Oro de la Bienal de Venecia. Ese año expone Brasas y baldío (aguafuertes y xilografías), y en 1994 la serie parisina Verde y moreno. Invitado por el CGAC, de mayo a noviembre de 1996 permanece en Galicia y pinta la serie Gracias do lugar: Eidos de Rosalía, Eidos de Bama. En 1997 expone Sueño e colorao en Oporto, y en Madrid una antológica de su obra de 1981 a 1983: Dulce amor. De junio a noviembre de 1997, en Santa Baia de Matalobos (A Estrada), pinta al aire libre Bés de Santa Baia. Ese año con su amigo Domingo Sánchez Blanco conoce al escultor Jorge Oteiza, con quien mantiene una conversación de varias horas que es filmada por la cineasta Chus Gutiérrez. En 1998 pinta en Madrid la serie Titania e Brao, homenaje al verano de Castilla, y después se dedica a Pol en Adelán, homenaje a Galicia.

Realiza también tareas de arte gráfico, como los grabados que acompañan cinco textos de Gustavo Martín Garzo en el libro de artista El Canto de la Cabeza (Galería Sen, Madrid), o las litografías que acompañan el Itinerarium de Egeria (Raiña Lupa, París). En 2001 realiza una exposición en la Estación Marítima de La Coruña, bajo el título Un saco de pan duro, y presenta Sueño de la casa de las vacas en Colonia. En 2002 expone en Galicia Alma en lunes y Libro dos Jueces.

En 2004 traslada su residencia a Berlín, donde vive en la actualidad. Tras la muerte de su padre, comienza la serie E fai frío no lume (Hace frío en el fuego), y realiza grandes exposiciones en Eslovenia, y también en Hungría –Museo (Iglesia) Kiscelli de Budapest–. Se dedica después a la serie Domus Omnia, y colabora con sus grabados en otro libro de artista, con poemas de Carlos Oroza, Un sentimiento ingrávido recorre el ambiente (con cinco litografías), publicado en París (Yves Riviére & Raiña Lupa).

En 2008 expone una antología de su obra gráfica en Damasco (Siria) y de su pintura en Ammán (Jordania), donde el poeta jordano Taher Riyad le dedica su serie Cantos de Lamazares. Ese mismo año expone Magna Domus Omnia en la Galería Kai Hilgemann de Berlín. En 2009 expone su obra en Nueva York, y también en el Centro Cultural de la Diputación de Orense, en el décimo aniversario de la entidad. Participa asimismo en exposiciones itinerantes dedicadas al poeta Vicente Aleixandre (España) y a Martin Luther King (Estados Unidos), y recibe el Premio Laxeiro por su trayectoria y proyección internacional. En 2010 expone su obra en la Iglesia de la Universidad, en Santiago de Compostela, y también en Tui. Expone regularmente en Madrid con su galerista Álvaro Alcázar y en Galicia con SCQ.

El 20 de mayo de 2010 la Universidad de Santiago de Compostela le otorga su Insignia de Oro: es la primera vez, en seis siglos de historia, que esa entidad dedica ese honor a un artista. El 28 de junio de 2010, en un acto celebrado en la Igrexa de San Domingos de Bonaval, la Xunta de Galicia le entrega la Medalla Castelao, que premia “la perfección, el simbolismo o la trascendencia de las obras” como reflejo de la entrega y fe “en la cultura, en la historia y en el ser de un pueblo”. En la primavera de 2011 el Nuevo Museo de Pontevedra le dedica la gran antológica Antón Lamazares 1980-2010, comisariada por Gloria Moure. En junio participa, junto con la actriz Mercedes Sampietro, en el homenaje al Premio Nacional de Poesía José María Millares Sall, en la Biblioteca Nacional de España.

En 2012 los hermanos Nayra y Javier Sanz Fuentes (Rinoceronte Films) finalizan la película Tan Antiguo como el Mundo, un recorrido por el universo de la pintura, la poesía y la naturaleza, a través de la mirada de Antón Lamazares. La película gana en Bogotá el Círculo de Oro en el apartado de documentales de Arte. Lamazares realiza nuevas exposiciones en Berlín –en la Galería Kai Hilgemann y en el Instituto Cervantes–, y abre un nuevo gran taller en el corazón de Madrid, donde inicia su nueva serie, Alfabeto Delfín.

En 2013 realiza exposiciones en la Galería Rafael Pérez Hernando (Madrid), en el monasterio El Seminari (Tarragona), y en la Casa del Soldado (Centro Cultural de España) de Panamá, donde presenta su nueva serie Alfabeto Delfín, donde se imbrican lo pictórico y lo poético a través de un alfabeto inventado, con correspondencia con cada uno de los signos del alfabeto latino. Empieza a trabajar con la galería Sala Gaspar de Barcelona. Durante 2014, la exposición itinerante Alfabeto Delfín se exhibe en Panamá y después en México, y se expone la serie Inda é en la galería Odalys de Madrid. Además, participa Lamazares en la exposición colectiva internacional On the road, dedicada a San Francisco de Asís, junto con artistas como Boltanski, Kounellis, Tàpies, Beuys o MacCall.

El Círculo de Bellas Artes acogerá hasta el próximo 22 de mayo, la exposición Alfabeto Delfín, de Antón Lamazares (Maceira, 1954).

Mis más sinceras gracias a la Sra. Sofía García Pérez del Departamento de Comunicación del Círculo de Bellas Artes, por toda la documentación que tan amablemente puso a mi disposición, sobre la presente exposición.

Un gran abrazo desde nuestra querida y culta Madrid,

Félix José Hernández.

Hispanista revivido.