Después de tantas crisis superadas por la UE, donde la sombra alargada de la pérfida Albión siempre estuvo presente, al fin recibimos el mensaje de esperanza tantas veces anhelado.

 

  • Un brillante análisis del economista Francisco Rodríguez Queiruga que usted no verá jamás publicado en ‘El País’.
  • Se reclama el regreso de la Bolsa, la modificación de las normas de Basilea y la rentroducción de la Cajas de Ahorro, así como la apertura hacia Hispanoamérica.

 

En 1994, Gerard Baudson publicó “L’Europe des Apatrides”, donde decía lo siguiente:

” Una nueva realidad emerge: Europa, cuanto más amplia su espacio y sus competencias, más los pueblos que la componen temen por su identidad y reclaman excepciones y garantías .

De 6 países en 1957, la CEE pasó a 12 en 1986. ¿Cuántos países más vendrán a formar parte de la CEE, mañana?  ¿18 con la zona de libre cambio ó 25 con los países del Este?

Europa se parece, cada vez más a un círculo en la onda que se va ampliando y que de tanto crecer, acaba desapareciendo “. Gobernar – decía el autor – implica prever.

La lectura de estas líneas, con la metáfora de la onda que al alejarse del epicentro, acaba por desaparecer, me parece una bella imagen que podría aplicarse tanto a la realidad física como a la nebulosa política.

En lo que se refiere a la política, y por lo tanto a una organización europea, llamada CEE y fundada por 6 países el 25 de abril de 1957 (Alemania, Francia, Italia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo), la fortaleza de su nacimiento,  donde se establecieron los primeros pilares de una nueva utopía, se consolidó en sus  16 primeros años, de 1957 a 1973, siendo este año – 1973 – la fatídica fecha en la que todo empezó a cambiar. En este año se inició la crisis del petróleo, pero, aunque sea menos conocido, también fue la fecha de incorporación de UK a la CEE. De todos es conocido que los grandes males siempre llegan juntos, pues bien, UK también era el instigador y fundador de la EFTA, organización de Libre Comercio nacida en 1959 para hacer frente a la recién nacida CEE. El Caballo de Troya acababa de entrar.

A partir de 1973, la CEE, que hoy llamamos UE, comenzó a sufrir importantes transformaciones financieras.

En 1975 el sistema de cambios, conocido como Serpiente Monetaria Europea, se hace pedazos hasta que en 1979, entre el krach  de bolsa y 2a crisis energética, nace el SME (Sistema Monetario Europeo), en el que UK no participará, y que en poco tiempo, consigue estabilizar los flujos monetarios y revoluciona los intercambios europeos, incrementándolos hasta niveles nunca vistos.

Gracias al SME, la UE se fortalece e incluso podríamos decir que su creación constituye para la UE un renacimiento o la segunda réplica del big-bang inicial de 1957, en cuya gestación, UK, seguía ausente.

La bonanza económica adquirida facilitó la creación de intercambios Erasmus, que tanto han significado para consolidar la paz, la solidaridad y la reafirmación de una identidad Europea. Como en todo proceso de construcción complejo, surgieron dificultades y puntos obscuros, como por ejemplo los presupuestos de la PAC, sistemáticamente rechazados por UK, y que condujeron al famoso cheque compensatorio de la UE a UK.

En 1986, la UE, pasa a estar compuesta por 12 países, con la incorporación de España y Portugal, lo que provoca una nueva reflexión positiva que marca los nuevos objetivos de mercado único definidos en el Acta Única de 1987.

Ahora bien, esta larga noche de bodas no podía durar eternamente. Así, en 1992, fecha límite para la instauración del mercado interior, también entraron en vigor las Directivas de Libre Circulación de Capitales, por las que tanto lucharon los lobbys  británicos de la City y que produjeron la primera modificación de las normas financieras que regulan el crédito, firmadas en Basilea. (Directivas 646 et 647 de 15 diciembre de 1989, secundadas por el Comité Cook y el Tratado de Maastricht), que pronto SOROS intentó utilizar para su propio beneficio, aunque- en aquella ocasión –  sin éxito final.

Entre tanto, Alemania conseguía llevar a cabo su objetivo de reunificación  con el apoyo financiero y solidario de los otros miembros de la UE, a pesar de las elevadas protestas de uno de los más conocidos de sus miembros. A partir de ahí, la ampliación de la UE hacia los países satélites de la industria alemana (países del Este) se convierte en un nuevo  elemento de la política de la UE, que, sin que muchos analistas se den cuenta, comienza a seguir la política teutona de estabilidad de precios y salarios, tan necesaria para garantizar las exportaciones alemanas frente al naciente gigante chino.  Esta política exige una modificación del SME y así nace el proyecto euro.

La creación del Euro, conduce a una segunda modificación de las normas contables-financieras de Basilea, normas que resultan completamente absurdas para las economías europeas con mano de obra joven, que están necesitadas de crédito bancario y de  crecimiento, pero que sin embargo son fundamentales para la estabilidad de precios, clave del modelo alemán con una población jubilada más numerosa y con los ahorros situados en múltiples fondos de pensiones, que circulan por la City.

Asimismo, en el período del que hablamos, la bolsa europea se sitúa definitivamente en la City de Londres, por donde transitan  los ahorros de todos los europeos, limitando gravemente – con los ratios de fondos propios bancarios y sus aberrantes obligaciones de aplicación – la disponibilidad de crédito de los bancos continentales a las Pymes y a los particulares. A este conjunto fortuito de circunstancias se sumó la casi completa desaparición de las Cajas de Ahorros, que al no tener las mismas obligaciones que los bancos, aseguraban el mantenimiento del crédito en la UE. Su desaparición benefició profundamente a los fondos de inversión de la City, que suelen situar dichos ahorros en el resto del mundo, enrareciendo los flujos monetarios en la UE.  y ayudando a controlar la inflación, pero sin facilitar el crecimiento y el empleo.

A esta situación jurídico- económica delicada, solo le faltaba una profunda crisis internacional para que la gravedad de sus efectos fuese visible y para que apareciesen las primeras dudas sobre el modelo que poco a poco se había instaurado, haciendo surgir nuevos movimientos populistas y nacionalistas que anunciaban la desintegración de Europa.

Y como los grandes males nunca llegan solos, la crisis de las “Subprimes” dio un primer aviso.

Esta crisis de Subprimes, importada de EEUU a través de la City, se convirtió en crisis bancaria. La crisis bancaria, con los famosos rescates, se convirtió casi inmediatamente en crisis de Deuda, la cual, con las influyentes agencias de notación (británicas y de EEUU) se cebó en Grecia y los llamados PIGS antes de convertirse en crisis del Euro. La crisis del Euro aún no había sido resuelta cuando la guerra sirio- iraquí, unida a la caída de los precios del petróleo, provoca la llegada masiva de emigrantes y refugiados, reavivando la llama de los nacionalismos y los fantasmas del pasado que la UE, había conseguido dominar.

En este caos aparente, surge el Brexit de UK.

Después de tantas crisis superadas por la UE, donde la sombra alargada de la pérfida Albión siempre estuvo presente, al fin recibimos el mensaje de esperanza tantas veces anhelado. Troya renace de sus cenizas para ver cómo se aleja el traidor caballo ideado por Ulises. No perdamos tiempo rasgándonos las vestiduras, lo primero que la UE debe hacer, es traer la Bolsa para el continente, modificar las normas de Basilea, reintroducir las Cajas de Ahorros y multiplicar los programas Erasmus intra-europeos  y de Europa con America Latina, apoyando la creación de nuevos territorios de innovación y de aprendizaje, ecológicos y sostenibles.

Hoy, al fin, se dan todas las condiciones para una tercera réplica fundacional de nuestro espacio europeo.

Esperemos que el nuevo gobierno español, recién salido de las urnas, se una a esta reflexión y comprenda que la toma de decisiones en las instituciones europeas se verá alterada por el vacío británico y que ese espacio, podría ser ocupado por  la diplomacia española si el gobierno aceptase que tanto nietos como bisnietos y tataranietos de españoles emigrados a América, pudiesen acceder a la nacionalidad española.

Si tales circunstancias se dieran, la población española pasaría de 46 millones a aproximadamente 70 millones, y por simple cálculo numérico, tendría el mismo n° de votos que Francia, Italia o Alemania en la UE, es decir el derecho de veto a las políticas que puedan ser nocivas para su población y la capacidad para ser propulsora de un nuevo modelo europeo.

Manos a la obra!

José Francisco. Rodríguez QUEIRUGA

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