Por: Leticia Urbano Flamencóloga.

Leyendo las Crónicas de Indias, uno descubre cómo fue el día a día de Cristóbal Colón y sus acompañantes. Pero investigando acerca de qué ocurrió en el viaje del descubrimiento, hay datos de cómo no sólo lo afrocubano influyó en el Flamenco y en los cantes de ida y vuelta, sino que lo andaluz también aportó al otro lado del charco, y cómo de la unión de ambas culturas nace el compás de amalgama (6/8+3/4), el predominante y el que caracteriza al género, sobre todo en los estilos de más jondura.

Sería, por tanto, importante sacar a la luz nombres que contribuyeron en la historia y cristalización del Flamenco. Y  Córdoba la “Llana”, andaluza y mora, una vez más, sobresale por la procedencia de muchos de los tripulantes que embarcaron que iban empapados de su cultura musical.

Cuando casi se había perdido toda esperanza, después de tantos meses de vacío, inesperadamente se oyó gritar en la Pinta: !Tierra a la vista! ¡Lumbre! ¡Lumbre!

La muerte dio paso a la vida, se abrieron los cielos. Los tripulantes bajaron a orillas boquiabiertos, mirándose los unos a los otros para comprobar que no se tratara de un sueño. Colores dorados y verdes alumbraban el “Paraíso”, poblado por los indígenas taínos, que paseaban desnudos por aquellas selvas y playas, todos iguales, no hacían distinción de género. Mujeres y hombres que se reunían pacíficamente en cogollos, tumbados en pleno contacto con el suelo, donde compartían y fumaban unas hojas llamadas “de cohoba”, que realizaban danzas rituales marcadas percutivamente con los pies a compás de 6/8, combinando con 3 negras a tiempo de 4, honorando a la madre Naturaleza y al padre Sol.

Seres admirables por su compasión, respeto y hospitalidad, todo un ambiente cálido. Fue un reencuentro con el origen.

De repente, se escuchó un quejío. Salió por derecho el paisano andaluz Pedro Sánchez de Montilla, marinero de palo de la Pinta, que abrumado y arrodillado en alabanza, y acariciando cada grano de aquella arena blanca, comenzó a cantar por alegre

Son:

Ojitos de Canela

Que se clavan en mi,

Ay, mi negra caribeña

Que alimentas

Mi sentir

Oye guayaba,

Dale al tambor,

Bamboneáte con el viento,

Dame su calor,

Que juntos cantando y cantado

Nos iremos al Malecón.

Fundir tu son con el mío,

Tu aire atrae la matriz

De una América Latina

Que te llama a ti.

Las alegrías que salieron de lo profundo del sentimiento del marinero andaluz Pedro Sanchez, al igual que todavía están agitando a la mar la ondas de las tres naves primeras, agitan los cantes que se escuchan de un lado y del otro de la mar. Porque las complillas que hemos puesto como ejemplo, están escuchadas en este lado de la mar; pero llevan mojado en su contenido un origen clara y determinante que vienen de aquel lado de la mar para emocionarnos todavía.

Leticia Urbano Flamencóloga.

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