El caso de los cubanos en Centroamérica pone de relieve que la esperanza para la mayoría reside solamente en la posibilidad de abandonar su país

Lo que hemos presenciado estos últimos meses es el retrato de la desconexión absoluta entre el discurso oficial que vocifera el poder en la Isla a través de sus medios arcaicos y el relato de la gente real, de a pie, que harta de promesas decide vendérselo todo e irse, dejando Cuba atrás.

En cambio, el triunfalismo no deja de ser la sintonía en la Isla. Y en este preciso momento, cuando obtiene una gran visibilidad internacional a causa de los cambios de la política estadounidense y las nuevas dinámicas que se están creando, no puede tampoco esconder lo que es una cruda realidad: que la vida en Cuba es imposible.

Es tan imposible que, para vivir en Cuba es fundamental mandar a tus familiares al exterior, a una sociedad donde los sistemas económicos —aunque no sean perfectos— por lo menos ofrecen más condiciones para lograr una vida digna. Y acogerse a la remesa.

Estaremos de acuerdo. No todo el mundo consigue prosperar en sistemas diferentes al cubano. Pero sí una mayoría puede vivir en condiciones de dignidad. Lamentablemente en Cuba no se puede hacer dicha afirmación. La vida inmerecida se extiende a la mayoría de la población en la Isla, mientras un círculo se friega las manos con el ir y venir de posibles inversores.

La plataforma Cuba Posible acaba de publicar un informe económico en el que establece que en la Isla no es posible, mediante un salario medio, obtener los recursos mínimos para tener una vida digna. Hace críticas a la visión que el régimen tiene del “crecimiento económico” y las inversiones como la única llave para generar riqueza para todos. Del informe se sobrentiende que la Isla no tiene los mecanismos para filtrar esa riqueza hacia el pueblo.

Todas estas evidencias deberían hacer pensar en que es necesario actuar de inmediato. Y probablemente se debería empezar por derribar la autocomplacencia de un régimen al que se le acaban las excusas para encontrar las soluciones a los problemas. Abandonar los enroques ideológicos, humanizar la política y pensar en el bienestar de todos.

Hoy por hoy la principal amenaza contra la soberanía de Cuba es el actual gobierno cubano, empecinado en mantener un sistema inválido para los legítimos deseos de progreso de todos los cubanos.

La propuesta castrista para Cuba no es más que un instrumento fallido, caduco e inútil para afrontar los retos que los cubanos tienen planteados para el futuro. Esa propuesta castrista busca alianzas en el capitalismo para sobrevivir con inversionistas inescrupulosos. Los cubanos corrientes, atados de pies y manos, quedarán atrapados.

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