París, 12 de noviembre de 2015.

Querida Ofelia:

Te envío un nuevo testimonio del ex guerrillero del Escambray, el amigo Roger Redondo, gracias al cual se puede conocer otro acontecimiento de los tantos ocurridos en esa Sierra cubana en los años cincuenta, durante la lucha contra el régimen de Fulgencio Batista.

“Los dos Conrados: Conrado Rodríguez Sánchez y Conrado Bécquer…

Estuve ayudando a Eloy Gutiérrez Menoyo, a escribir una biografía suya. Trabajamos juntos y él se negó a escribir sobre el tema de las discrepancias con el argentino, alegando que ya había muerto y no era elegante publicar algo donde el aludido no pudiera defenderse.

Yo no comparto esa opinión porque en cuestión de Historia, lo que cuenta es lo que de verdad sucedió. Además cuando se trata de los muertos que militaron en el Segundo Frente del Escambray, los voceros oficialistas no respetan esas mismas consideraciones hacia los nuestros. Además para ser caballeroso en un tema de rigor histórico, si no se miente hay que ocultar la verdad.

Los dos Conrados, como eran conocidos, siempre operaron juntos, sólo se separaron cuando Conrado Bécquer se fue para la Sierra Maestra y Conrado Rodríguez Sánchez para la Sierra del Escambray. Ambos organizaron huelgas obreras y también de hambre. Juntos fueron consejeros consultivos y se presentaron como candidatos a la Cámara de Representantes en los comicios del año 1954, que Batista impuso sustituyendo la constitución del año 1940.

Uno respondía al nombre de Conrado Rodríguez Sánchez, era natural de Sagua la Grande, mientras que Conrado Bécquer lo era de Trinidad.

La oposición a Batista se dividía en dos: los partidarios de una salida política que al principio era la mayoría, y los menos, que optaban por las balas frente a los votos. Pero desde el punto de vista de los bélicos, aquellos que participaran en los comicios le harían el juego a Batista, por lo tanto eran “traidores”, desde su punto de vista. Batista cerró todas las posibilidades pacíficas y no quedó otra alternativa que no fuera la guerra, por lo que la tesis de los bélicos se fortaleció.

Conrado Bécquer se fue a la Sierra Maestra y se le perdonaron todos sus pecados políticos. También el líder del partido ortodoxo, José Pardo Llada se incorporó a las filas de Castro en la Sierra Maestra sin dificultad. Igual que Carlos Rafael Rodríguez, líder del Partido Comunista, a pesar de criticar a los atacantes al Cuartel Moncada, con el agravante de haber sido ministro de Batista en su primer gobierno, fue bienvenido a las filas de los hombres de la Sierra Maestra.

Me tocó a mí recoger en una casa del Circuito Sur a Conrado Rodríguez Sánchez y a un médico judío cubano de apellido Miray, que fue un gran aporte y pronto fue director y jefe de un improvisado hospital. Por otro lado, el 8 de octubre apareció sin previo aviso el ya famoso argentino Ernesto Guevara de la Serna, quien pidió protección para la Guerrilla del Partido Comunista, liderada por Pompilio Viciedo. Este último era militante del Partido Comunista de Cuba y de España, veterano de la Guerra Civil Española, alcanzó el grado de comandante del Quinto Regimiento organizado por el famoso coronel Carlos Contreras.

Pompilio Viciedo, se encontraba en una situación muy difícil, pues era militante del Partido Comunista (P.S.P.) y había asesinado por la espalda a dos soldados rebeldes también militantes del P.S.P. en mayo del 1958. Posteriormente Viciedo se dio a la fuga y en el mes de septiembre se presentó en horas de la noche, en la casa de un hombre de apellido Acosta, también militante del Partido Comunista. Pompilio y sus hombres sacaron al señor Acosta de la casa para ahorcarlo. Las cuatro hijas jóvenes de la víctima comenzaron a llorar y gritar. Finalmente, el hijo de sólo 17 años de edad, salió a defender a su padre con tanta bravura, que los hombres de Pompilio lo colgaron también con la misma soga: uno en cada extremo de la cuerda y en el mismo árbol. Los vecinos de Acosta, al día siguiente, descolgaron los dos cadáveres.

Todo sucedió en la cercanía de la Loma del Obispo en una finca llamada El Cafetal, en Banao, hoy provincia de Sancti Spiritus. Lugar adonde llegó la tropa de la Columna Ocho Ciro Redondo pocas semanas después del crimen. En aquel momento, a esa columna del Ché Guevara se le unió Pompilio Viciedo con su guerrilla compuesta por militantes del P.S.P. y la Juventud Socialista. Eran hombres enviados por Wilfredo Velázquez (el compañero José).

Rafael -léase Osvaldo Sánchez Cabrera-, más conocido como la Bestia Rusa, se reunió con el Ché en un lugar llamado Planta Cantú, para interceder a favor de Pompilio. El Ché escribió una carta a Faure Chomón el 7 de noviembre, desde el poblado de Santa Lucía, pidiendo ayuda para Pompilio. Pues Pompilio era perseguido por El Segundo Frente y por Rolando Cubela. Días más tarde se reunieron de nuevo en las cercanías de la finca Dos Arroyos, pero esta vez se encontraban Faure Chomón Mediavilla, Osvaldo Sánchez Cabrera (Rafael), Wilfredo Velázquez (José) y el Ché Guevara.

El día primero de diciembre de 1958, El Ché llegó a un acuerdo con el Directorio Revolucionario. Por esa organización firmó Rolando Cubela mientras que el Ché lo hizo por el Movimiento 26 de Julio. En ese documento aparece su firma, con su nombre completo: Ernesto Guevara De La Serna, sin el apodo (Ché). Fue el último documento que el argentino firmó con su verdadero nombre. El día 12 del mismo año se reunió Eloy Gutiérrez Menoyo, representando al Segundo Frente con el Ché por el Movimiento 26 de Julio, pero el Ché exigía antes de llegar a un acuerdo solucionar varias cuestiones.

1—Firmar la ley de la Reforma Agraria en su versión distinta a la de Sierra Maestra. Pero no hubo acuerdo, debido a que no era la misma ley que se había aprobado en la Sierra Maestra, pues el Ché la sustituía por una copia de la que se aplicó en la Unión Soviética.

2—Había entre las filas del Segundo Frente un hombre que según el Ché había que fusilar de inmediato por traidor, frente a todas las tropas revolucionarias. ¿Quién es? -preguntó Menoyo. Se tratataba del autodenominado dirigente obrero Conrado Rodríguez, el que firmó los estatutos y fue a la farsa electoral.

Menoyo estuvo de acuerdo sonriendo, sólo pidió una condición, que se trajera desde la Sierra Maestra a Conrado Bécquer, para fusilarlos a los dos juntos.

-‘Es que Conrado Bécquer está en la Sierra Maestra’- replicó Guevara.

-‘¿Es acaso la Sierra Maestra el Río Jordán? Si no lo fusilamos a los dos juntos no fusilamos a ninguno…y punto’- concluyó Menoyo.

En fin, sólo se pudo llegar a un acuerdo operacional, y que los demás temas se tratarían después del fin de la insurrección. Parecía que todo quedaría bien cuando surgió un incidente, porque el Ché Guevara firmó primero sólo con su apodo de Ché. En aquel instante, Menoyo no se dio cuenta del detalle, y procedió a firmar por la parte del Segundo Frente y llegó a poner Eloy Gutiérrez, pero no terminó. Ya había firmado con sus dos apellidos, (Gutiérrez Menoyo), cuando se percató de que la firma de Ernesto Guevara era Ché, entonces Menoyo gritó muy fuerte:

-‘¡Tenemos que hacer otro para yo firmar igual que tú con mi apodo Gallego, Coño! ¡Yo no vine hasta acá para que me tomaran el pelo!’

La reunión no terminó como debió, pero aquél fue el Ché que los hombres del Escambray conocimos. Parecía más que un revolucionario, un resentido social, altanero, déspota, cruel y arrogante. Yo lamento tener que opinar de esta forma, contradiciendo a otros buenos compañeros de la lucha. Pues no es honrado fingir ni mentir. Esta es mi opinión a partir de los hechos que vi, oí y viví. El Ché Guevara odiaba y tal parecía que disfrutaba ejerciendo el poder de pasar por las armas a otros. Sin embargo en los casos de los asesinos estalinistas como Pompilio Viciedo, sí estaba dispuesto a dar tiempo y pedir pruebas y más pruebas aunque las pruebas fueran contundentes contra sus protegidos.

Todos estos pormenores fueron filmados con una cámara por órdenes de Wilfredo Velázquez y Osvaldo Sánchez Cabrera y…, las cintas deben de estar en algún lugar. Son una prueba contundente de lo que realmente sucedió.

Lo que yo no sabía en diciembre de 1958, lo supimos con el tiempo. Pompilio Viciedo no era totalmente desconocido para el Ché. Un tío político de Guevara llamado Cayetano Córdoba Iturbe, era un periodista comunista que había reportado para un diario argentino durante la Guerra Civil Española bajo las órdenes del coronel Carlos Contreras. Al término de la Guerra Civil, Cayetano Córdoba regresó a Argentina y participó en un grupo de saboteadores contra los barcos de carga que trasportaban mercancía para Alemania. Ese grupo estaba dirigido por Iosif Grigulevich, alto oficial de la K.G.B., quien también usó el nombre de Teodoro B. Castro. Además, en ocasiones Grigulevich, usaba la casa de los padres del Ché en la provincia de Córdoba como refugio y allí conoció al joven Ernesto Guevara.

Grigulevich, escribió un libro sobre la vida del Ché, que está a la venta en inglés y alemán. Este oficial de máximo nivel en la K.G.B. fue quien tuvo a su cargo organizar el asesinato de Trotsky en México y otros numerosos asesinatos por órdenes de Stalin en muchos países de Europa y América.

Uno de sus más notables víctimas fue el catalán Andreu Nin, que junto a Julio Antonio Mella y Sandalio Junco, fue expulsado del Partido Comunista. Wilfredo Velázquez, organizó la muerte de Junco en Sancti Spiritus, el día 8 de mayo de 1942, operación criminal en la que participó Armando Acosta Cordero, (Capitán Erasmo Rodríguez), uno de los que fue con el Ché Guevara, en la Columna 8 Ciro Redondo, desde la Sierra Maestra hasta el Escambray.

Desconozco cuáles serían las razones tan poderosas o los secretos que Pompilio Viciedo conocía en relación a estos crímenes ocurridos en México, España y Cuba, para que fuera perdonado y premiado. Pompilio fue absuelto en un juicio realizado en la Fortaleza de la Punta en marzo de 1959, donde no se llamó a ningún testigo, ni a los familiares de las víctimas”. Roger Redondo González.

Te ruego que hagas circular este testimonio entre amigos y familiares. Como vivíamos en la provincia de Las Villas durante la lucha revolucionaria en los años cincuenta, escuchamos muchas historias sobre lo que sucedía en el Escambray. Sólo hoy, más de medio siglo después, logramos enterarnos de la verdad, gracias a los testimonios de Roger y otros ex guerrilleros compañeros de lucha suyos.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz, con gran cariño y simpatía,

Félix José Hernández.

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