No, no lo afirmo en razón de que me haya documentado, filosóficamente hablando, en la novela que, lentamente y con cansera de escribir cosas que se denominan serias en esta sociedad chuleada, estoy escribiendo una, encuadrada en el género de las denominadas “marranas” porque hay escenas de cama, y asuntos habituales, cotidianos, diarios, de los que acontecen de monaguillo a papa, de soldado a general y de pechero a rey.

Pero no, no es eso; solo lo indico para poder ubicarme en una sociedad que bien porque a cierta edad se estorba socialmente, o porque la sociedad actual solo demanda gente preparada como pueda ser un Trump o un Rajoy. Y antes de ser apartado del todo me gustaría encontrar el brebaje, el santo grial capitalista de ese amasijo que difunden todos los días y a todas horas desde los medios de comunicación, que han logrado dormir a todo un universo tierra, encuadrándolo de tal forma, que el bien más codiciado, el más preciado, por encima de cualquier otro, es el teléfono móvil y sus aplicaciones.

Para un logro semejante, del mismo modo que las relaciones intercontinentales son de una facilidad de pelufa de caña, los criterios personales se han uniformado y si un servidor quiere opinar sobre lo que estima de quién es en la pura realidad el chulo que está detrás empujando para que el cerco económico, de Cuba, por ejemplo, dure y dure, de inmediato saldrá otro analista especial, que en vez de entrar en materia; de exponer su propio punto de vista hacia algo tan simple que se quiere hacer complejo y complicado,  de sopetón te insultará y te dirá que eres un gilipolla integral, como muy poco, y que te compres una escoba y barras el desierto.

Si la secta católica vaticana es dueña de más de ochocientos bancos de carácter multinacional; y si controla todas las compañías aseguradoras de renombre universal; y si es dueña de todas las empresas prestamistas que aparecen anunciándose en los televisoras diciendo que eres un ser malo y repugnante por no querer acogerte a los bondadosos empréstitos que te “regalan” simplemente porque les caes bien a sus organizaciones sin ánimo de lucro, pero con ánimo de pelarte e intentar hipotecarte de por vida esclavizado, un poder económico así como el Vaticano, dueño de las minas de oro, de las de plata, que se sienta, unas veces con sotana y las mas con alzacuellos, o camuflado de ejecutivo en todos los más importantes consejos de administración y barbarie de las multinacionales del mundo, a la postre, es junto unos muy pocos, los que parten el bacalo en este mundo donde el chulo es el chulo y la puta es la puta: mismo gremio, pero diferente categoría social.

Si uno de los hombres que más dinero le está costando a Polonia en hacerle monumentos, el último papa unicéfalo habido hasta el momento, en la actualidad son bicéfalos, se emperró en que la isla de Cuba le devolviera todas y cada una de las propiedades en fincas e inmuebles que tenía el clero vaticano en territorio cubano antes de la revolución cubana y le quitaba el cerco, y no lo logró, los Usa, por fuera de sus fuerzas armadas, no son nada ni pintan nada que no le vengan los pinceles impuestos en los temas económicos desde el Vaticano o China. Por tanto, es de lógica considerar que un algo mucho tendrán que ver en que se mantenga el embargo a Cuba por parte del Vaticano.

Sabemos que en la novela marrana de la vida, el chulo está escondido detrás de la rama del arbusto, o aguardando tranquilamente en su coche o en su casa, según marche el negocio, a que su pupila le gane el jornal. En la seria, sensata y como dios manda novela de las apariencias diarias en lo que respecta a los intereses de las finanzas y demás granujadas y barbarismos, en nada necesarios para que la humanidad camine, los dominadores del mundo, los chulos de la economía, entre los que se encuadran los vaticanos, que más fincas registrales, que más sucursales tienen, que son los únicos capaces de traducir todos y cada uno de los miles de idiomas que existen en la tierra, porque tienen representantes en todas las lenguas existentes en el planeta, se le ha visto el plumero, y, cuando las sociedades civiles, se han venido a dar cuenta, ya está chuleadas por ellos en un grado parasital que necesita de fungicidas.

Pero todo ese entramado económico y social, en la llamada Iberoamérica, ya lo conocemos históricamente, y guardamos memoria histórica de cuando tanto en las llamadas metrópolis, Portugal y España la iglesia católica vaticana, con o sin la hoguera inquisitorial encendida, era la dueña absoluta de todo, no obstante  hubo un tiempo donde se debilitó un tanto tan bestial poder monopolista, que con sus altos y bajos, ciertas repúblicas informaron a sus gentes y señalaron con claridad donde empieza y acaba la puta, y donde empieza y acaba el chulo. Y después, sin más ni menos democracia que los demás países, sin más ni menos libertad que en los demás, países, porque en todos cuecen las habas con cáscara, que cada cual piense y tenga criterio privado y particular al respecto

Personalmente, con mucha más gana que puedan tener los catalanes de ella, un servidor anhela en España la creación de la Tercera República, como única vía de poner en marcha un tren que ahora está viajando hacia tiempos de atrás, pitando como si fuera viajando hacia adelante.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

1 COMENTARIO

  1. ADJETIVOS
    Aquellos adjetivos
    de otros tiempos:
    A la mula,
    en referencia al color:
    Parda o canela,
    o por su origen,
    manchega,
    castellana…

    A las vacas,
    violeta,
    estrella,
    campana.
    Y al toro,
    campanario,
    solitario…

    Pero,
    para el mulato,
    el negro,
    el esclavo,
    todo lo más,
    por fuera del color
    como para nombrar
    al mulo,
    como una excepción
    a lo grande
    el apellido del amo,
    del capataz…
    Que para ser un buen capataz,
    hay que tener,
    entonces y ahora,
    buen látigo.

    Todo puesto y bautizado,
    por la gracia y capricho
    de dios,
    para distinguir
    los que tienen
    y no tienen redención,
    según dicen
    los enviados
    del cielo,
    ¡menos mal!
    para salvarnos.

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