La visita del papa Francisco a Cuba, la tercera en menos de 20 años, hace renacer la religión católica en la isla. Pero no solo el Gobierno de La Habana debe prepararse para los cambios que vienen; la Iglesia también

Ya antes de que el papa Francisco pise suelo cubano, el 19 de septiembre, el balance de su viaje es impactante: con motivo de su visita, el gobierno planea liberar a 3.522 presos, si bien Elizardo Sánchez, portavoz de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, aseguró que entre los 3.522 indultados no figura ninguno de los que este grupo tiene registrados como “presos políticos”. Si se llevara a cabo la liberación, representaría más de lo que lograron las visitas de los Papas anteriores –Benedicto XVI, en 2012, y Juan Pablo II, en 1998.
Pero el anuncio de esta amnistía masiva se ve opacado por el encarcelamiento de disidentes. El 10 de septiembre, en Santigo de Cuba fueron detenidas y llevadas a prisión cerca de 100 personas críticas del Gobierno que querían depositar una misiva dirigida al Papa Francisco en el centro de peregrinación de “El cobre”. Tres días después, se detuvo a unos 40 miembros del grupo de derechos humanos “Las damas de blanco”.
Amnistía y represión: este tipo de contradicciones y contrastes forman parte de la vida cotidiana en Cuba, y también la Iglesia Católica y sus fieles sufrieron persecuciones durante décadas. El miedo cala tan hondo en la sociedad cubana que muchos creyentes aún no quieren hablar abiertamente sobre el tema.

El poder de las deidades africanas
“En 1961, el gobierno de La Habana declaró a la Iglesia Católica como el enemigo número uno”, recuerda una catequista. “La Iglesia se mantuvo viva solo gracias a que introdujo a las deidades afrocubanas junto con los santos católicos”, explica Silva.
Cerca de 300.000 católicos y 30.000 protestantes abandonaron la isla tras la revolución. A fines de 1961 solo quedaban 250 sacerdotes en el país. Todas las escuelas y hospitales católicos se estatizaron, y los cristianos fueron considerados contrarrevolucionarios.
Sin embargo, los cubanos siguieron bautizando a sus hijos en secreto. Rezaban a los santos que eran compatibles con la santería afrocubana. La figura de San Lázaro, por ejemplo, corresponde al dios de las enfermedades y protector de los enfermos Babalú Ayé. Y la Virgen de la Caridad del Cobre, la patrona de Cuba, también es venerada como Oshun, reina de los ríos, los lagos y el oro, una especie de Afrodita orisha.
No fue sino hasta 1992 que Fidel Castro cambió la Constitución y dio impulso al proceso que transformó a Cuba de una Estado ateo en uno laico. Desde entonces, los católicos pueden ser miembros del Partido Comunista, y viceversa. En 2012, su hermano Raúl reintrodujo al Viernes Santo como feriado oficial en el marco de la visita del Papa Benedicto XVI.

Pero el poder de la silenciosa alianza entre el comunismo, el catolicismo y el sincretismo podría verse socavada por los cambios recientes en Cuba, ya que el acercamiento con Estados Unidos podría acentuar la competencia entre la Iglesia Protestante y la Católica.
“Se acabó la tranquilidad”, dijo a DW Christoph Anders, director de la Misión Evangélica en Alemania (EMW), quien preside allí el departamento para América Latina. “En Cuba podría producirse una latinoamericanización en lo religioso”, pronostica. Es decir que, como en el resto de la región, también en Cuba las Iglesias Pentecostales podrían ganar una enorme afluencia de fieles.
¿Será que el papa Juan Pablo II previó este desarrollo cuando, el 21 de enero de 1998, al llegar a Cuba, pronunció aquella frase histórica que se transformó en mensaje de cambio? “Que Cuba se abra al mundo, y que el mundo se abra a Cuba”, dijo entonces.
Esa frase marca el fin de la era de hielo entre el régimen comunista y la curia romana. El papa Francisco continuó, a su manera, esa actitud contraria a la sociedad de consumo y al materialismo, que amplió radicalmente con el reacercamiento entre EE. UU. y Cuba.
Muchos cubanos relacionan la libertad religiosa con la esperanza de apertura política y libertad de expresión y opinión. El periódico digital “Convivencia”, fundado en 2008 por Dagoberto Valdés Hernández, un católico e intelectual varias veces premiado, ve en la Iglesia una instancia que prepara el camino para el cambio. “La verdadera libertad religiosa no se limita a celebrar misas”, escribió Valdés Hernández en un editorial de dicho periódico. “La Iglesia debe tener acceso a las redes sociales y comprometerse con la labor política para poder poner en práctica la doctrina social católica. La Iglesia es mediadora y portadora de esperanza en el camino hacia el Estado de derecho”.

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