El cartagenero Miguel Tacón y Rosique, no sólo fue un incompetente, sino también un ladrón de mucho cuidado

  • Fue el primer responsable de la división de España

Nacido cinco años antes que el criollo habanero Pinillos, el cartagenero de Cartagena de España, Miguel Tacón y Rosique, dispuso de más años de vida para empaparse de una ambiciosa vanidad imperial, prácticamente tradicional, en el comportamiento de los mandamases que el imperio español, dentro de un clan reducido y por servicios de tanta importancia patria como servir al rey llevándole y trayéndole el jarrillo para sus deposiciones y aguajes menores, o dejándole la mujer o el marido, según el caso y plumaje, eran recompensados por la Corte con títulos de virreyes o nobleza.

En el caso concreto del español cartagenero Tacón y Rosique, que como suele pasar en casi todos los mandamases españoles, al margen de la actividad laboral o de trajines que desempeñen, al final, siempre o casi siempre, en parejo aparecen en el cuento de sus días, y muchísimo antes, disfrutando de unos patrimonios personales que nadie sabe de dónde han salido, pero están ahí, al lado de los padres o madres patrios, aunque, como en el caso de Tacón, escritos hemos visto de puño y letra materna pidiéndole al rey amparo porque estaba en situación precaria de mantener los hijos. Por tanto, escasa o nula herencia podía dejar a su larga prole.

Cuba, fruto de la propia dignidad de una gente inmersa en un trópico por lo general indolente, suele tener suerte. Y si Tacón y Rosique, cuando después de liarla en Colombia: liarla hasta el extremo que se puede considerar como el padre de la guerrilla colombiana actual, en premio es destinado como Capitán General de la Isla de Cuba, no se encuentra, para su rabia y altanería sin límite, al criollo Claudio Martínez de Pinillos Cevallos, conde Villanueva, las dos Españas que se llevaba congénita en su modo de actuar y de ser Tacón, genera dos Cubas profundas, irreconciliables, como las que circulan todavía por la Iberia acentuadas en más, de un año para el siguiente, disimulado ese foso separador entre los que viven de la religión y los que trabajamos para ella, entreteniendo el hecho con lo de los catalanes, gallegos, vascos y demás, cuando la triste realidad es que no hemos superado todavía las dos Españas.

Pero volviendo a la hermosa y querida isla de Cuba, lo bonito que quedaba para el manual del perfecto agitador que llevaba en su levita Tacón y Rosique, de ensangrentar la tierra cubana en una feroz guerra civil de oriente contra occidente, o a la inversa, era un dulce caramelo a quitarle la envoltura con el claro objetivo escrito en el manual de divide y vencerás: una santa premisa evangélica a tener muy en cuenta.

Pero el dinero de la isla, para rabia y mal de Tacón, escribiéndolo de una manera simple, estaba en los bolsillos del criollo cubano Pinillos, que si no gozaba del “pico de oro” en la manera de hablar de su antecesor en el cargo Arango Parreño, el Superintendente Pinillos, tenía una cubanía a prueba de amenazas de un Tacón que, considerándolo como madre o padre del márquetin político, hizo cuatro cosas en La Habana y las zurrió por todo el orbe de habla hispana como si él hubiera inventado a Cuba, el ron, la caña de azúcar y los bailes de cuna.

La Constitución del Doce, la Pepa, generalmente se le mojó el papel en su paso atlántico hacia las posesiones ultramarinas españolas. Y si en la metrópoli nadie le hizo caso a su articulado, aquel papel mojado por las Indias y las Filipinas solo sirvió para las púas de los retretes de los mandamases imperiales, que, con un excelente mal tino, dispuso la Corte española en sitios a respetar y a cuidar en beneficio de la Corona. Asunto a la española que como norma de la casa, se hizo siempre al contrario, y si hubo beneficios se quedaron en los bolsillos de las levitas privadas y las sotanas.

La llamada Constitución de La Monarquía Española, que se promulgó en 1.837, como ahora se supone que estamos viviendo bajo un estado monárquico exactamente igual al del año citado, y para que una ley deje de regir debe de ser sancionada con su derogación; y que se sepa nada ha ocurrido al respecto de lo que en su día y año se dijo en la citada Constitución del 1.837 en su Artículo Primero, Título I, que: “Son Españoles todas las personas nacidas en los dominios de España”. Y como España y Cuba a todos los efectos de papeles oficiales todavía son metrópolis y colonia porque están en guerra; pues eso.

Los pueblos podemos estar callados; pero generalmente tontos de baba no lo somos en la generalidad que nos consideran nuestros mandamases. Por eso, cuando Cuba le dijo adiós a Tacón y Rosique, le dedicó una coplilla que servidor la escuchó en la Habana Vieja, y tomó nota de ella porque dedicada a Tacón decía:

Ojalá que te trague una ballena
por esos mares de olas infinitas
y te arroje convertido hecho bolitas
a la plaza mayor de Cartagena.  

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

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