José Gabriel Barrenechea.

La Carretera Central se construyó entre el 2 de marzo de 1927 y el 24 de febrero de 1931. Por lo tanto en 46 meses se dejaron plantados 1139,3 kilómetros de vía, para un promedio de 25 por mes, casi uno por día.

Casi un siglo después, en enero de este 2018, se emprenden labores de ensanche en un tramo de unos 500 metros correspondiente a la ciudad de Santa Clara. Solo que más de 7 meses después, a finales de agosto, los trabajos no han avanzado prácticamente ni un metro, y tampoco tienen cara de hacerlo en un futuro cercano.

No hay que haber cursado el cuarto grado para darse cuenta de que si la Carretera Central se hubiese construido a un ritmo de obra parecido, habría que esperar todavía hasta el segundo milenio de la Revolución, o lo que es lo mismo, para el 26 de julio del 3959, para darla por inaugurada.

Lo cual es todo un incuestionable documento del abismal retroceso que ha dado la sociedad cubana en menos de un siglo. Al menos en su capacidad organizativa, o en cuanto a la laboriosidad y conocimientos técnicos de sus integrantes.

Mas el verdadero problema en este asunto está en que a causa de una obra que no ha avanzado absolutamente nada en 8 meses se ha mantenido cerrado al tráfico el tramo indicado, y de paso se ha obligado a los automovilistas a tomar un nada práctico desvío. Con las costosas consecuencias para la economía del país que veremos.

En primer lugar debe señalarse que a causa del desvío cada auto de los que circulan por la Carretera Central ha debido recorrer unos 600 metros más. Desvío que también implica cuatro giros de 90 grados, mientras que en dos de ellos, en intersecciones con vías de mucho tráfico no preparadas para asumir esa nueva función, el auto en cuestión debe detenerse casi siempre durante algunos segundos para luego reiniciar su marcha. Sin dejar de tener en cuenta tampoco que la vía alternativa, una estrecha calle de barrio, también obliga a que los automovilistas deban hacer constantes cambios de velocidad.

Todo lo cual sin lugar a dudas incrementa de manera lenta, pero acumulativa, el consumo de combustible en la carretera más importante de la mitad este del país. Mitad en la que, por cierto, está situado nuestro tramo de marras, y por la que por tanto circulan a diario varios miles, a veces decenas de miles de automóviles.
Calcúlese en consecuencia el aumento del consumo de combustibles que tal cierre y desvío han causado, y lo peor, solo por el antojo de nuestro Primer Tiranuelo Local, al que todos conocemos por Julito Parquesito, por retocar la imagen superficial de su feudo provincial.
Operación destinada a impresionar a unos Jefes de La Habana que de nada suelen enterarse, salvo de lo que desean sus subordinados jerárquicos, que para la ocasión de sus visitas levantan villas y castillos de cartón pintado. Porque la verdad es que esos Jefes nunca viajan de incógnito y de improviso, sin gastar a su vez miles de pesos en los desproporcionados despliegues de seguridad que siempre implican las consabidas visitas, anunciadas con días de antelación.

En fin, que por unas labores de ensanche en la Carretera Central que no tienen pinta de nunca… empezar, aun en los cálculos más modestos el despilfarro solo por el exceso en el gasto de combustible a resultas del desvío se eleva ya a la bonita cifra de nunca menos de 50 000 dólares. Toda una cifra en un país en que las entradas netas anuales en divisas giran alrededor de los 5 mil millones, y que crece bastante si se agrega la casi nula productividad de los obreros empleados durante tan largo periodo.
Pero claro, paga Liborio.

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