El filólogo andaluz José María Pérez Orozco QEPD (1) siempre decía que el español de América era de origen andaluz. Recordaba cómo la mayoría de las mujeres españolas que fueron al Nuevo Mundo, sobre todo en los primeros tiempos de la conquista y la pacificación, eran andaluzas o extremeñas. Por tanto, muchos criollos aprendieron la lengua de Cervantes a través de las hablas del sur de la Península Ibérica, por lo que su acento fue una evolución de este acervo. Y lo mismo pasó en las Islas Canarias, donde el poblamiento dirigido especialmente por los condes de Niebla supuso el advenimiento de mucha gente de la Andalucía atlántica, a las que luego se sumarían bastantes portugueses, amén de gallegos, asturianos, vascos, genoveses, etc.

Como historiador, y siguiendo los datos que sustentó D. Antonio Domínguez Ortiz en su Enciclopedia de la Historia de España que coordinó la Editorial Planeta, puedo referir que durante los siglos XVI y XVII, casi el 60% de los españoles establecidos en América procedía de Andalucía o Extremadura. La influencia fonética andaluza se deja sentir más en el Caribe (incluyendo el norte de Colombia) y en Chile que en otras partes. No obstante, no deja de sorprender el acervo cultural unido del español de América en cuanto se mantiene a un nivel formal.

Se nos podrá achacar que nos situamos ante apreciaciones subjetivas, pero departiendo con el amigo Fernando Hofra, español nacido y criado en el norte de África (donde en el Atlántico queda Ceuta y en el Mediterráneo Melilla como parte de España), observo que aquellos que se criaron en el Protectorado de Marruecos (que duró de 1912 a 1956), adquirían un acento que era parecido al andaluz pero más suavizado, incluyendo asimismo palabras árabes, bereberes o francesas. También se dice que el francés de los “pieds-noirs” estaba evolucionando, y no en vano, había ya como mínimo dos generaciones de criollos francófonos en el actual Magreb hasta la primera mitad del siglo XX.

Recuerdo que cuando era niño, en nuestros libros de texto se decía que nuestro idioma tenía dos grandes patrones: La norma castellana y la norma atlántica. La norma atlántica nacería allá donde estuvo la Casa de la Contratación, entre Sevilla y Cádiz, pasando por el constante filtro canario, y enriqueciéndose continuamente por todo el continente americano. Analizando esta tipología, y acordándome de mis conversaciones con el mentado amigo Fernando Hofra, llego a las siguientes conclusiones:

-El idioma europeo, siempre que llega a América, se dulcifica, se musicaliza y hasta se “simplifica”. Conozco especialmente los casos del español y del portugués, bastante notorios a fuer de ilustrativos.

-Es curioso cómo el ceceo se hace imposible saliendo de la Península. Hay hispanoamericanos que se llevan toda la vida en España y no consiguen emitir ese fonema. Tengo la impresión de que los españoles que estaban creciendo en el Protectorado de Marruecos ya no emitían ceceo alguno.

-Así las cosas, la época del Protectorado, si bien abundante en hechos, no lo fue tanto en años; pero el español del norte de África estaba evolucionando a ser una rama más del español atlántico, que seguramente hubiera ido de la mano del español canario o el español americano. Y probablemente, el canario sea más parecido al “andaluz antiguo” que las hablas andaluzas actuales.

-Y para terminar, reseñar que no deja de ser muy curioso cómo el ceutí habla parecido al gaditano y el melillense al almeriense. Como la rumba de Paco de Lucía QEPD: Entre dos aguas.

Notas
(1)Véase:

https://www.youtube.com/watch?v=o090G1KX3nw
https://www.youtube.com/watch?v=6-Hy2jwkSAo

 

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