Curiosamente el país donde la incultura llega a los más altos gabinetes de decisión, los Estados Unidos de Norte América, es el país que está plagando de frases hechas, de consignas, como la de Estado Islámico, que lo que está diciendo por sí sola es el tremendo y terrible desconocimiento que los provocadores mundiales, que los desestabilizadores mundiales que son los EE.UU, poseen sobre el resto de su mapamundi, circunscrito a sus Estados, que a lo mejor se conocen mejor en las clases de geografía de fuera de aquel país de apariencia constante e injerencia, a lo largo y ancho de un territorio, hoy por hoy, culpable directo de todas las guerras del mundo.

El Islam, como algunos pocos estadounidenses saben, no es una religión, ni por asomo, agresiva. Por fuera de que su significado quiere decir, más o menos, sumisión, y su teología es clara, concisa y determinante, muy diferente del cristianismo que es, ha sido, y pintas tiene de serlo, más absolutista e intransigente allí y donde consigue meter cabeza, porque su paso inmediato siguiente, de siempre ha sido no querer ver a su lado cualquier otra religión al precio de sangre que fuera.

La Ibérica, país que creo conocer mucho mejor que los EE.UU, a pesar que en un país como España los medios de comunicación entre los que está subvencionados por aquel imperio y los que quieren hacer méritos para que se fijen en ellos, todo lo que viene de allí es fabuloso, incluidas las patatas fritas y las hamburguesas, sin olvidar los aros de cebolla, todo ello una comida conmovedora que deja en paños menores una buena fabada, un buen cocido, o un taco de jamón pulgoso al lado de los manjares imperiales que inundan todos los puntos publicitarios de esta país domesticado por ellos con la ayuda mal pagada a los medios.

Pues bien, la Historia verdadera, no la escrita por el clero vaticano, sino la que se está investigando ahora desde Francia o desde puntos ibéricos independientes y laicos, el tiempo islámico de la Península y del Mediterráneo en sí, fueron unos tiempos mucho más pacíficos, que nada tuvieron que ver con las más de nueve cruzadas cristianas devastadoras como malas plagas de langosta no solo de los lugares donde pasaban los redentores cruzados, sino de una amplia zona de influencia que sintieron en sus carnes, economías y sembrados, aquellos terribles años donde bajo la invocación permanente del nombre de dios, corrió sangre en los mismos caudales que sigue corriendo ahora cuando tras los robos y acaparamientos de recursos, los buenos, los gringos y sus afines y banqueros vaticanos y ortodoxos, siguen de cruzada.

Lo que si queda muy claro que por más veranos que jodieron a los estudiantes suspensos el estudio del necesario para nada latín, tan necesario y tan impuesto estúpidamente como pueda ser ahora el valenciano, el gallego, el catalán y demás, el resultado fue, aunque salvando la enorme distancia entre ambos asuntos, como innecesarias y brutales fueron y lo son las cruzadas actuales que, en el trasfondo llevan el componente de apropiación de recursos energéticos, de supremacía religiosa occidental sobre todo lo oriental, y sembrar unos odios amasados en cuanto a buenos y malos, que no son una novedad ni es un tema actual, sino que, desgraciadamente, son muchos siglos escuchando que los herejes son malos, que mataron a dios, que hay que eliminarlos a todos y así reinaría la paz en el mundo.

Y todos sabemos, porque tenemos el rabo pelado, que nada de lo que nos publicitan es verdad ni está en las proximidades de ella. La única forma que vale para el progreso y la paz, todavía ni la ha emprendido la especie humana por más cosas que, entre masacre y masacre, nos cuenten, mientras escuchamos de fondo el aplauso de los palmero incondicionales que los siguen cuya villanía es siempre mucho mayor que la del ejecutante.

Tan pronto el hombre, tecnología existe ya para eso, consiga el autodesarrollo y consumo energético doméstico, se habrá hado un gran paso hacia estrangular unos dragones, las petroleras, que de todas las corporaciones, de todas las grandes hijoputadas que el hombre ha inventado, puede que las citadas empresas petroleras se lleven la palma y se les puede adjudicar con un claro y alto porcentaje de acierto que la mayoría de las muertes por violencia del planeta llevan la etiqueta del Estado Petrolero, un estado que existe, y está perfectamente identificado, pero del que nadie habla.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis

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