Al menos 10 mil de cubanos abandonaron ilegalmente Cuba tan sólo entre enero y febrero pasados, cuando el promedio ronda los 40 mil al año

 

“Mucha muela, mucho blablablá”, dice Yusniel Tamayo, habanero de 36 años, cuyo plan inmediato no es ver si la actualización castrista prospera, sino salirse de la Isla.

“Tú te paras donde sea y la gente te habla de cómo está intentando resolver para irse. Es la palabra de moda”, asegura Tamayo.

Al menos 10 mil de sus compatriotas abandonaron ilegalmente Cuba tan sólo entre enero y febrero pasados, cuando el promedio ronda los 40 mil al año.

El éxodo continúa imparable. El destino principal todavía es Estados Unidos.

De acuerdo con datos de la Guardia Costera de ese país, en lo que va del presente año fiscal, que comenzó el pasado 1 de octubre, más de 3 mil 300 cubanos han sido interceptados en el estrecho de Florida.

La institución precisó que durante el pasado año fiscal, que terminó el 30 de septiembre de 2015, 4 mil 473 cubanos intentaron llegar a través de esta zona a Estados Unidos.

La ola reciente obedece al temor de que el acercamiento diplomático con Washington –cristalizado en la inédita visita del Presidente Barack Obama apenas el mes pasado– provoque la derogación de la Ley de Ajuste Cubano, que facilita la inserción de los emigrantes isleños en la sociedad estadounidense.

Basta con que un cubano ponga pie en territorio de Estados Unidos para que éste obtenga una ‘green card’: la tarjeta de residencia permanente.

Pero el deshielo hace creer a algunos que los días de dicho pacto migratorio están contados.

De ahí también la reciente crisis de cubanos en Costa Rica, varados en su camino hacia el norte después de que Nicaragua se negara a que los isleños pasaran por su territorio.

Aunque Washington niega tener intenciones de cambiar la ley, la realidad es que ésa no es la única razón para que algunos cubanos sueñen con dejar su país.

Los salarios paupérrimos, las condiciones económicas extremas, la descapitalización de los profesionistas, la insostenible situación de la vivienda y ausencia de libertades también empujan a algunos isleños al éxodo.

“(Quiero ir) a donde me sienta libre, a donde pueda buscar un futuro para mis hijos. Y alejarme de esta vida, todos los días luchando para poder comer”, reconoce Yusniel.

“No puedo entender que esté prohibido (salir) cuando somos un país rodeado de agua”, confiesa.

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