El Gabinete Goya del Museo Lázaro Galdiano de Madrid

 

El Alquelarre. Francisco de Goya, 1797-1798.

París, 8 de mayo de 2015.

Querida Ofelia,

José Lázaro Galdiano mostró siempre una profunda admiración por el arte de Francisco de Goya, entre otras razones porque le disgustaba el academicismo que imperó en buena parte de la actividad artística decimonónica. Así en 1928 escribió: “No deslumbra, no se para en lo superficial, lo efímero, en la apariencia sensible, en la línea correcta, pero insípida, al estilo griego, sino que penetra en el interior, escruta lo más hondo, encuentra el carácter eterno y lo hace surgir como algo luminosamente inexplicable, con esa claridad sencilla que caracteriza al genio”. Por ello, puso todo su empeño en lograr una colección que comprendiera las diversas facetas y técnicas en que su talento se manifestó: pintura, estampas y dibujos. Ciertamente lo consiguió, pues el conjunto conservado en la Fundación que lleva su nombre es imprescindible para conocer y disfrutar de la capacidad creativa del genial Goya.

El 18 de abril de 1928, Don José Lázaro Galdiano inauguró la exposición homenaje a Francisco de Goya, con motivo del primer centenario de su muerte, en las salas de “Blanco y Negro” y “ABC”, espacios culturales de referencia en el Madrid de la época. En ella presentaba al público por vez primera una selección de uno de los conjuntos más queridos de su colección de pintura y parte de los tesoros de su rica biblioteca, incluyendo óleos, primeras ediciones de las series grabadas, pruebas de estado únicas, dibujos y cartas autógrafas del maestro junto a obras de sus precursores y sus contemporáneos. Y lo hacía con un moderno discurso de contextualización del trabajo de Goya en su tiempo y en el devenir de la pintura española, adelantando el modelo que se seguiría por posteriores historiadores e investigadores para estudiar la figura del genio aragonés.

Como homenaje a esa iniciativa de 1928 de José Lázaro y el diario “ABC”, los que son desde la responsabilidad sus herederos, han aunado sus esfuerzos y, en ese mismo espíritu de modernidad, han trabajado para ofrecer en la sala, que en su día fue la de recibir, uno de los conjuntos más selectos de los que actualmente se pueden contemplar dedicado a la pintura española del siglo XVIII.

El conjunto de pinturas de Goya reunido por Don Lázaro Galdiano constituye un excelente compendio de su trayectoria artística. En “El Entierro de Cristo”, pintado en 1771-1772 para la capilla del Palacio de Sobradiel (Zaragoza), Goya hace una interpretación de la composición del francés Simon Vouet de mediados del siglo XVII.

Llamado a Madrid por Mengs en 1774, su personalidad artística se desarrolla en sus series de cartones para la Real Fábrica de Tapices, de los que el boceto de “La Era” o “El Verano”, de 1786, es uno de sus más altos logros tanto por la frescura y armonía del colorido como por la soltura de la pincelada.
Hacia 1792 una grave enfermedad le deja sordo para siempre y la alegría de vivir de los cartones para tapiz da paso a “El Aquelarre” o “Las Brujas”, verdaderas obras maestras pintadas en 1798 para los duques de Osuna, en las que fustiga el oscurantismo con una imaginación desbordada y grandes dosis de ironía. Poco después, pinta los bocetos de “San Hermenegildo y Santa Isabel”, bosquejos de audaz y vibrante cromatismo para dos cuadros de altar de la iglesia zaragozana de San Fernando destruidos durante la guerra contra los franceses.

En el curso de los años Goya fue definiendo cada vez más su canon de belleza femenina del cual es muestra señera la “Magdalena penitente”, obra cargada de sensualidad y dulce melancolía, mientras que el retrato de José de la Canal, probablemente pintado en los postreros años de su vida, ofrece una imagen apacible y socarrona de este agustino liberal e historiador.

La nueva sociabilidad ilustrada introdujo nuevas maneras de relacionarse, como la de recibir en casa, y otras formas de ocupar el ocio, siendo fundamental en este sentido el paseo. Para acoger a las visitas se adornaban salas y gabinetes y esto impulsó una creciente demanda de pintura para el adorno doméstico con temas de carácter ameno y agradable, como la “Escena portuaria” de Antonio Carnicero. Por su parte, el paseo fue una actividad placentera y de ostentación, favorecida por las reformas urbanísticas acometidas por nuestros Ilustrados. Para participar era prioritario seguir la moda tanto en el vestido, donde proliferaban las telas de texturas satinadas, como en los adornos, encajes sutiles, cintas de colores, joyas, tocados exquisitos para las damas con plumas, pedrería y alfileres, abanicos… Todo ello se podía adquirir en “La tienda” del comerciante Geniani, que hoy conocemos gracias a la pintura de Luis Paret y Alcázar, obra maestra indiscutible del siglo XVIII español. Caracteriza la pintura de este maestro su acierto al captar la atmósfera que rodeaba a esa parte de la sociedad dieciochesca donde se daban cita los tonos claros, la abundancia de espejos, los destellos brillantes consecuencia del gusto por el dorado y la búsqueda de juegos lumínicos en los interiores.

Los miembros de la nueva sociedad del Siglo de las Luces, amantes del progreso y el buen gusto, posaron a menudo para los artistas, constituyéndose el retrato desde entonces, y durante todo el siglo XIX, en una de las ocupaciones principales de los pintores. La selección que se expone es una muestra representativa de la galería de personajes contemporáneos de Goya ¬reunida por Don José Lázaro. A través de ella puede seguirse la evolución del género en el último cuarto del siglo XVIII: desde la prestancia oficial del retrato del “Marqués de Astorga” -obra magnífica de un pintor muy sensible a las calidades matéricas, probablemente Luis Meléndez- a las más sobrias efigies de medio cuerpo, modelo generalizado en toda Europa, con elegantes ejemplos de Agustín Esteve, como los retratos de la “Duquesa de Veragua” o la “Condesa de Sástago”, fruto de los nuevos gustos de la burguesía revolucionaria francesa. Por su parte, el de “Agustina de Aragón”, por Juan Gálvez, es un ejemplo característico de la nueva iconografía de héroes populares que lucharon por su tierra; mientras los autorretratos nos muestran esa nueva imagen del artista ilustrado que se definía por su modernidad, su mentalidad abierta a las corrientes internacionales, tanto en la práctica artística como en la forma de vida.

La religiosidad de la España ilustrada es una de las cuestiones diferenciadoras en la corte de los Borbones, todos ellos hombres de fe, y en el caso de Carlos III monarca, de auténtica piedad. Uno de los principales objetivos fue erradicar las supersticiones y falsas creencias, y educar en una devoción contenida y decorosa donde el arte, en todas sus manifestaciones, ocupó un lugar preferente.

Las obras reunidas en el pequeño gabinete son refinados lienzos destinados a espacios de devoción particular y bocetos de grandes composiciones para iglesias o claustros conventuales, obra de los pintores más destacados del momento.

Fue en el Siglo Ilustrado cuando el boceto, también denominado borrón o borroncillo, incluso diseño entre Goya y sus más allegados como los Bayeu, se convirtió en una expresión de la libertad del pintor por su inmediatez y cercanía a la idea primigenia. En él, el artista, en lugar de detenerse en el primor de la ejecución y el acabado, deja que la soltura de la mano y el pensamiento den cauce a la impronta de su personalidad, en el caso de Goya a través de expresivas pinceladas y de empastes untuosos que ningún otro artista de su tiempo llegó a igualar. La modernidad de estos bocetos habla también del gusto y la audacia de Don José Lázaro Galdiano como coleccionista.

¡Qué placer fue recorrer este bello museo a dimensión humana!

Se lo recomiendo a todo el que visite la capital de nuestra querida Madre Patria.

No quiero despedirme sin dar las gracias a Don Juan Antonio Yeves, director de la Biblioteca de la Fundación Lázaro Galdiano, por su amabilidad y la documentación que me ofreció, lo que me permitió escribir ésta crónica.

Un gran abrazo desde estas lejanas tierras allende los mares.

Félix José Hernández.

Museo Lázaro Galdiano. Calle Serrano, 122. 28006 Madrid.

 

Hispanista revivido.