El madrileño Museo Sorolla

Sala del Museo Sorolla, Madrid, 2015.
Sala del Museo Sorolla, Madrid, 2015.

 

Madrid, 5 de julio de 2015.

 Querida Ofelia:

 El Museo Sorolla es un ejemplo excepcional de casa museo, pues no sólo conserva casi intacto el ambiente original de la vivienda y taller de Joaquín Sorolla y Bastida (18G3-1923) sino que custodia la más rica colección de obras del pintor valenciano.

Después de subir por el elegante Paseo General Martínez Campos (me acordé de La Protesta de Baraguá y del Pacto del Zanjón), llegamos a la reja que da al bello jardín de la que fue la residencia de la familia Sorolla.

 El jardín es una creación más de Sorolla y debe considerarse como una sala más de su Museo. Ferviente admirador de la jardinería andaluza que representó en numerosos lienzos, intentó reconstruir algunos de sus rincones en su propia vivienda e hizo traer plantas de Granada y de Valencia, algunas de ellas desde La Alhambra como los mirtos que todavía se conservan. Antes de acometer su plantación dibujó y diseñó las distintas partes del jardín, conservándose hogaño en el Museo una buena colección de bosquejos que se han expuesto al público. Muchos de los elementos que lo enriquecen tienen la misma procedencia: las pilas de sus fuentes, columnas, capiteles, restos arqueológicos, esculturas, etc., que comparten los honores con azulejería antigua y moderna de Triana, Manises o Alcora.

 En el paso al segundo jardín, sobre columnas aprovechadas, podemos ver dos esculturas de interés artístico: a la izquierda, Desnudo femenino del catalán José Clará Ayats (1878-1958); a la derecha, El gaitero del valenciano Mariano Benlliure y Gil (1862-1947). Ninguna de las dos están fechadas, pero la de Benlliure corresponde a su periodo italiano, al año 1884. Al estar a la intemperie ambas esculturas, ya restauradas, se han reproducido en resina sintética y las originales se han expuesto en las salas del Museo.

El segundo jardín fue el último en ser plantado, seguramente en el año 1916 o inicios del siguiente. Fue el más trabajado por el pintor, con muchísimos dibujos previos para colocar en el mismo una pérgola que luego instaló en el tercero. Inspirado directamente en el Patio de la Acequia del granadino Generalife, Sorolla intentó contraponer un jardín de neta inspiración sevillana, el primero, a otro granadino, que corresponde a este segundo.

 El tercer jardín no tiene la uniformidad de los dos anteriores por la presencia de sus dos elementos fundamentales: la pérgola, a la derecha, y la alberca, a la izquierda. Sorolla tuvo que conjugar estos dos elementos, de neta influencia italiana y de tradición andaluza (hispanomusulmana) respectivamente y, además, contar con un espacio curvo, el que produce la pérgola del salón, que no encajaba con las trazas de la jardinería árabe que intentó reproducir.

 En 1932, a raíz de la inauguración de Museo, The Hispanic Society of America de Nueva York regaló el busto de Sorolla que se encuentra debajo de la pérgola. Es una réplica en mármol del bronce que ellos conservan, realizado por Mariano Benlliure y Gil. A la derecha del fondo, unos escalones recamados de azulejería de muy distinta procedencia nos conducen a la entrada del Museo.

 En 1905 adquirió Sorolla el primer solar para levantar su casa madrileña. En 1909 encargó el proyecto al arquitecto Enrique María de Repullés y Vargas (1845-1922). Inmediatamente compró un segundo solar, a la derecha del primero, lo que obligó al arquitecto a modificar el proyecto y permitió a Sorolla intervenir dándole a la construcción un carácter más andaluz. En julio de 1910 comenzaron las obras, y en diciembre de 1911 la casa ya estaba habitada.

Joaquín Sorolla y Bastida nació en Valencia el 27 de febrero de 1863. El 8 de septiembre de 1888 contrajo matrimonio con Clotilde García del Castillo. En 1890 nació su primera hija, María Clotilde, en 1892 su único hijo varón, Joaquín, y en 1895 Elena, su tercera hija.

El pintor falleció el 10 de agosto de 1923 en Cercedilla (Madrid).

En 1931, gracias a la generosidad de la familia Sorolla, se creó el Museo por deseo de la viuda de Sorolla, la que en 1925 había dictado testamento donando todos sus bienes al Estado español para fundar un Museo en memoria de su marido. Ya fallecida Clotilde, se aceptó el legado el 28 de marzo de 1931, y el 11 de junio del año siguiente se inauguró el Museo.

Joaquín Sorolla y García, único hijo varón del matrimonio Sorolla, fue el primer Director de este Museo hasta su fallecimiento, por deseo expreso de su fundadora. En 1941 hizo Joaquín un testamento legando nuevos fondos a la Fundación Museo Sorolla. Tras su muerte en 1948, la donación fue aceptada en 1951.

Desde 1973 et Museo es estatal y depende del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Su amigo Aureliano de Beruete ayudó a Sorolla a introducirse en distintos círculos sociales, tanto intelectuales como mundanos, y su actividad de retratista contribuyó a ampliar sus relaciones: tuvo buena amistad con los reyes de España, con numerosos políticos, con parte de la nobleza y con algunos escritores. Fueron sus modelos, por ejemplo: Alfonso XIII, la reina Victoria Eugenia y el presidente de los EE.UU., entre las personalidades políticas, y también Pérez Galdós, Echegaray Cassío, Ramón y Cajal, Baroja, Benavente, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Menéndez y Pelayo, Azorín, Ortega y Gasset, Marañón, Emilia Pardo Bazán, Pérez de Ayala, etc. Algunos de ellos fueron retratados para la galería iconográfica de Españoles Ilustres que le encargó A. Huntington.

Llamado “el pintor de la luz”, Sorolla hizo de ella la protagonista de sus obras. Su interés arranca de la tradición realista valenciana, especialmente de Ignacio Pinazo, y se refuerza cuando conoció en París la obra de los pintores nórdicos,

Sorolla se enfrentó a la luz directamente al aire libre y la recogió con su rápida y amplia pincelada, unas veces muy empastada y otras veces muy líquida, con la que consiguió efectos sorprendentes.

Su conocimiento de las distintas vanguardias y su trato con pintores como Sargent (1876-1925), Boldini (1845-1931) o Anders Zorn (1860-1920), aporta a sus obras una gran variedad de matices. Sorolla fue quizá el pintor español de su época más reconocido y valorado internacionalmente.

Su atractivo estilo, basado en unas grandes dotes perceptivas y en una rapidísima ejecución, le abrió las puertas de los grandes coleccionistas europeos y americanos, además de los españoles. Participó en numerosos certámenes consiguiendo importantes recompensas como Le Grand Prix de la Exposición Universal de París de 1900 y la Medalla de Honor de la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid en 1901. Hizo exposiciones individuales en París (1906), Berlín, Düsseldorf y Colonia (1907), Londres (1908), Nueva York, Buffalo y Boston (1909) y en Chicago y St. Louis (1911); su mayor éxito fue la de Nueva York en 1909, visitada por casi 160 000 personas. Antes de 1900 ya tenía colgadas obras suyas en museos de París, Venecia, Saint-Louis, Madrid y Buenos Aires

Las escenas de playa surgen en la obra de Sorolla como una derivación de su costumbrismo marinero, con el que a veces se confunde. Aparecen en 1899, pero su consolidación como temática no llegará hasta 1904. Es un aspecto fundamental en la obra del pintor, y aún hoy sigue siendo el más apreciado. Casi siempre las pintó en el mar Mediterráneo, de 1904 a 1916, pero también hay ejemplos realizados en Biarritz en el año 1906 y en Guipúzcoa, entre los años 1910 y 1917-1918.

El Museo Sorolla es un ejemplo excepcional de casa museo, pues no sólo conserva casi intacto el ambiente original de la vivienda y taller de Joaquín Sorolla Bastida (1863-1923), sino que custodia la más rica colección de obras del pintor valenciano.

La colección fundamental está compuesta por pinturas y dibujos de Joaquín Sorolla y Bastida. Pero el museo también muestra las colecciones del pintor: algunas esculturas, antiguas y modernas, mobiliario, orfebrería, textiles, metalistería y sobre todo, una buena colección de cerámica española, fundamentalmente valenciana y aragonesa.

 

Entre las obras que más me impresionaron se encuentran:

-Trata de blancas (1894).     

Representa el traslado de unas muchachas a un lupanar bajo la mirada atenta de una celestina. La escena en sí es costumbrismo puro, pero el enfático título le da un matiz de denuncia que lo convierte en realismo social, temática que Sorolla practica entre los años 1892 y 1899.

-La bata rosa (1916).

Pintado en El Cabañal de Valencia durante el verano de 1916, es la obra culminante del luminismo de Sorolla y de sus escenas de playa. Utiliza en su composición distintos focos de luz: a derecha e izquierda pasa a través de lienzos blancos, que la tamizan, y por el fondo y la parte superior atraviesa los cañizos manchando irregularmente las figuras monumentales.

-Tipos de Salamanca (1912).

Sorolla realizó entre los años 1912 y 1919 un monumental conjunto decorativo, llamado La visión de España, para The Hispanic Society of America de Nueva York. El Museo conserva varios estudios preparatorios, de grandes proporciones. De los trabajos para el primer panel, La fiesta del pan, forman parte estos tipos salmantinos.

-Rompeolas, San Sebastián (1917-1918).

Sorolla también fue un gran paisajista, aunque ésta es una faceta poco difundida. En el verano de 1917, o en el siguiente, pintó esta versión del Cantábrico enfurecido. La tela presenta una paleta nada habitual en el artista, a base de grises y malvas.

 -Contadina de Asís (1888).

Boceto al carbón con toques de gouache blanco. Forma parte de la serie de estudios de campesinos realizados durante su estancia en Asís, en los inicios de su carrera, momento en que cultiva temas costumbristas.

-Paseo a orillas del mar (1909).

Es uno de los lienzos más conocidos de Sorolla, pintado tras su triunfo en Estados Unidos. El éxito lo convirtió en un pintor distinto, muy elegante,

con una paleta muy serena y una temática intrascendente pero plena de encanto y poesía. Recoge a su mujer y a su hija mayor paseando por la playa, donde la brisa del mar infla telas, pamelas y sombrillas, como elementos fundamentales de la composición.

-Instantánea, Biarritz (1906).

En el verano de 1906 Sorolla se estableció en esa playa francesa. Había estado residiendo en París los dos meses anteriores y algo de su pintura se filtró en su obra. Se vuelve elegante, baja la tonalidad de la paleta y recoge a sus seres más queridos en varios lienzos pintados a la orilla del mar. En este caso su mujer, Clotilde García del Castillo, con una máquina fotográfica en sus manos.

 -La siesta (1911).

La mujer de Sorolla, sus dos hijas y una prima hermana de éstas descansan sobre el césped después de la comida. La tela fue pintada en San Sebastián en el verano de 1911; las amplias pinceladas muy poco cargadas de pigmento contrastan con gruesos empastes que llaman nuestra atención y nos obligan a desplazarnos visualmente por el lienzo.

Recuerdo como te gustaba ir al Palacio de Bellas Artes de nuestra querida San Cristóbal de La Habana. Admirábamos juntos los cuadros de Sorolla que habían sido robados por la “justicia revolucionaria” a las ricas familias cubanas y españolas, expoliadas por el régimen del Coma-Andante en Jefe.

Antes de despedirme deseo darle las gracias al amable personal del Museo Sorolla y sobre todo a Don David Ruiz López, por haberme facilitado la documentación que me permitió escribir esta crónica.

 

En la tienda del Museo se puede comprar la excelente “Guía del Museo Sorolla”, escrita por Don Florencio de Santa Ana y Álvarez Ossorio, Director del Museo. De ella provienen las informaciones sobre los tres bellos jardines. También la “Guía Abreviada” de bolsillo, ofrece al visitante lo más importante sobre el bello Museo, gracias a ella te pude dar muchos datos sobre Sorolla y su obra.

 Un gran abrazo desde nuestra querida y culta España,

 Félix José Hernández.

 Museo Sorolla. Paseo de General Martínez Campos, 37. 28010. Madrid.

 

                  

                  

Hispanista revivido.