JUAN PEDRO QUIÑONER, ABC

Siete candidatos, Manuel Valls, Arnaud Montebourg, Benoît Hamon, Vincent Peillon, François de Rugy, Jean-Luc Bennahmias y Sylvia Pinel, participan este domingo en la primera vuelta de unas elecciones primarias que deben elegir al candidato socialista a las elecciones presidenciales del 23 de abril y el 7 de mayo próximos, cuando el PS se encuentra hundido en la crisis más grave de su historia.

Los dos candidatos que obtengan más votos participarán en la segunda y decisiva vuelta, el domingo próximo, día 29, corriendo el riesgo, según todos los sondeos, de entrar en campaña presidencial para dirigirse hacia la derrota más humillante de la historia del socialismo, relegados a un cuarto o quinto puesto, detrás de Marine Le Pen, de extrema derecha; François Fillon, de derecha; Emmanuel Macron, de izquierda reformista; o Jean-Luc Mélenchon, populista de izquierdas.

El objetivo estratégico de estas primarias es conseguir una dudosa «unidad» que permita «salvar el honor» en las presidenciales, dentro de cien días cortos. Pueden participar en las primarias socialistas todos los electores franceses: basta con pagar un euro y firmar una papeleta, diciendo «reconocerse» en los «valores» de la «izquierda» (dividida en numerosas familias antagónicas).

La participación, clave

Podrá votarse entre las 9 de la mañana y las 7 de la tarde en los 7.350 colegios electorales repartidos en toda Francia. En la primera vuelta de las primarias de la derecha, el mes de noviembre pasado, votaron 4,5 millones de electores. El PS consideraría un éxito si la movilización ascendiese a 2,5 o 3 millones de participantes, en un voto muy particularmente incierto. Por debajo de esa participación se trataría de un fracaso temible.

«Le Monde» ha resumido el alcance político de estas primarias socialistas con este titular, a toda página en su portada del viernes día 20: «El PS corre el riesgo de hundimiento». Hundimiento histórico, que «Le Monde» analiza de este modo: «Los cimientos del PS están amenazados. Su base electoral se ha ido disminuyendo en todas las elecciones municipales y regionales de los últimos años. En cuanto a su base social… hace más de veinte años que las clases populares, obreros y empleados, dejaron de votar a las izquierdas para ceder a las sirenas populistas de la extrema derecha del Frente Nacional de la familia Le Pen».

En el mismo tono, «Liberation» abría su portada de ayer sábado con este titular, a toda página: «El PS se juega su propia supervivencia». A juicio del diario, el socialismo francés corre el riesgo de hundirse en unos enfrentamientos fratricidas, que pudieran enfrentar a dos «líneas» y dos candidatos con políticas sencillamente antagónicas. Enfrentamiento que encarnan Valls y Montebourg, desde hace años.

Futuro amenazador

«Le Figaro» presenta la primaria con este titular a ocho columnas, en dos páginas: «Los socialistas se inquietan ante un voto de muy altos riesgos para el amenazado futuro de su partido». A juicio de «Le Figaro», el gran riesgo del PS es una participación mínima, indicador catastrófico de un hundimiento histórico.
¿Cómo han llegado las enfrentadas familias socialistas hasta el umbral de la crisis más grave de su historia? El catastrófico balance de la presidencia de François Hollande ha agravado divisiones profundas que datan del referéndum nacional contra el tratado constitucional europeo (2005), cuando el PS se dividió en partidarios y adversarios del «sí» o el «no» a la refundación institucional de la UE.

Durante la campaña electoral que lo llevó a la Presidencia en 2012, Hollande defendió la «renegociación» del Pacto fiscal europeo, para conseguir el voto de las izquierdas hostiles a la política de austeridad europea. Elegido presidente, el mes de mayo de 2012, Hollande se apresuró a imponer a su gobierno y su mayoría parlamentaria el mismo Pacto fiscal contra el que había hecho campaña. La izquierda socialista denunció muy pronto una traición infumable.

El Pacto fiscal europeo

Estalló entonces una crisis de fondo, en el Partido Socialista y las izquierdas francesas. Todas las crisis ideológicas, electorales, tácticas y estratégicas del socialismo francés desembocan en Europa, la UE y el Pacto fiscal europeo. No es un azar que ningún gobierno francés, de izquierda o derecha, haya sido capaz de respetar, jamás, los sucesivos criterios de convergencia económica europea que comenzaron a negociarse con el Tratado de Maastricht (1992). Francia lleva veinticinco años incumpliendo sus compromisos europeos. Y los socialistas franceses son víctimas de su propia esquizofrenia política ante tal «declive» histórico nacional.

Ante ese horizonte, los cuatro principales candidatos, Manuel Valls, Arnaud Montebourg, Benoît Hamon y Vincent Peillon, defienden cuatro ideas de Europa distintas, cuatro modelos antagónicos de gestión económica, nacional y europea.

Manuel Valls, ex primer ministro, el candidato mejor situado en los sondeos, es el único que aboga con claridad por el respeto de las obligaciones asumidas. Pero tomándose las mismas «libertades» que ya utilizaron Chirac, Sarkozy, Hollande y todos los primeros ministros de los últimos veinte años: pedir «más tiempo».

«Le Monde» estima que Valls es «el candidato preferido por la derecha», muy mal querido por las izquierdas. Arnaud Montebourg, exministro de Economía, es un adversario radical del Pacto fiscal europeo. Hace campaña, desde hace años, por «otra política, nacional y europea», proponiendo diversas formulas de proteccionismo y «patriotismo económico», exigiendo el incumplimiento y la ruptura con la austeridad europea, para «relanzar» la economía nacional incrementando el gasto público. Benoît Hamon, exministro de Educación, defiende un proyecto europeo muy semejante al de Montebourg, pero con matices ecologistas e intervencionistas más radicales.

Las viejas ideas

Vincent Peillon, exministro de Educación, retoma como «original», dos viejos proyectos socialistas, el de Hollande en 2012 y el de quien fuera entre 1985 y 1995 presidente de la Comisión Europea, Jacques Delors. Del candidato Hollande, Peillon «repesca» el proyecto de «renegociar» el Pacto fiscal europeo, que el mismo Peillon aprobó ante la Asamblea Nacional, el otoño de 2012. De Delors toma la vieja cantinela de «relanzar» Europa a través de los «grandes trabajos» de interés continental. Proyecto más tarde reciclado por Jean-Claude Juncker, actual presidente del Ejecutivo comunitario. Hay muchos otros motivos de diferencia, tensión y enfrentamiento entre los cuatro grandes aspirantes al liderazgo socialista, pero Europa y la política económica están en el corazón de todas las divisiones y tensiones fratricidas.

Los otros tres candidatos en la primera vuelta socialista, François de Rugy, Jean-Luc Bennahmias y Sylvia Pinel, solo participan con la pretensión de intentar «influir» en el ‘proyecto’ socialista. Rugy es un ecologista moderado, que defiende un «giro ecologista responsable».

Deja un comentario