Desde 1826 prestó servicios en la compañía de granaderos del Batallón de Infantería Provisional en Santiago de Cuba

Se incorporó a la Guerra de los Diez Años desde la etapa conspirativa en la Junta de Majaguabo, cuando contaba con 60 años de edad

 

“La experiencia política, de los meses comprendidos entre septiembre y diciembre de 1836, en la región oriental de la isla de Cuba fue decisiva para el pardo libre Marcos Maceo. Maduró su conciencia patriótica y social, comprendería —como otros muchos de su estirpe— el camino verdadero para el logro de las reivindicaciones de todo tipo: la independencia. Porque el reformismo liberal burgués de la oligarquía criolla era ya una vía obsoleta para el destino del pueblo de Cuba, después de que la burguesía liberal española había acuñado la condición de colonias para sus provincias ultramarinas. Así pudo educar a sus hijos en la disciplina heredada del Ejército Español y en la ideología revolucionaría adquirida de su experiencia práctica. Marcos Maceo poseía el caudal de vivencias de la asonada antitaconiana de 1836, en que participó; no cabe la menor duda de que debió transmitir este saber a sus hijos, quienes bebieron de la fuente paterna, la cultura política del criollo deseoso de aprehender su patria y transformarla”.

Comienza —entre 1843 a 1845— una relación amorosa con Mariana Grajales Cuello y la pareja se instala en la zona de Majaguabo, donde Marcos tenía algunas propiedades. Contrajo matrimonio con ella en 1851, de cuya unión nacieron 10 hijos; de estos, los cuatro primeros fueron bautizados como naturales de Mariana, pues el matrimonio entre los padres aún no se había formalizado, ellos fueron: Antonio de la Caridad, María Baldomera, José Marcelino y Rafael. Después de oficializada la unión conyugal, se produce el nacimiento de los restantes hijos: Miguel, Julio, Dominga de la Calzada, José Tomás, Marcos y María Dolores Maceo Grajales, quien expira a los pocos días de nacida.

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