Nací en Vueltas, un poblado de Camajuaní, y allí de toda la vida el crecimiento económico sale del campo, específicamente del ajo y la cebolla

Fuente: El boxeo diario de un vendedor de ajos, El toque de Cuba

Sobre el ring, Yosvany lo hacía bastante bien, asegura luego de varios años que ya no boxea. Aunque en realidad, el deporte de los puños y el nocaut no era lo suyo.

“Quizás si hubiese conseguido cambiarme en la escuela deportiva a kárate o algo más técnico, y menos salvaje, lo habría pensado. Pero también estaba la tradición familiar halándome para la tierra. Nací en Vueltas, un poblado de Camajuaní, y allí de toda la vida el crecimiento económico sale del campo, específicamente del ajo y la cebolla.

Del boxeo le quedan dos o tres recuerdos, y varias cicatrices en las manos. A la edad en que decidió dejar el deporte, se fue con su padre de agricultor. Aquel adolescente tiene ahora 30 años y es cosechero y vendedor ambulante de ajos.

Leal invierte en cada cosecha más de 50 mil pesos. El mes de noviembre es el más adecuado para la siembra, pero también es el mes en que dormirá muy poco.

“Te pasas 10 o 12 noches velando tu casa para que no te roben”, cuenta debajo de un sol tremendo. Pienso que al menos, para esa época, la calidez de este clima habrá amainado. Le comento. Se ríe y continúa: “Ni te creas, cada año hace más calor y este producto es de frío, mira los ajos chilenos, son los más grandes. Allá el clima es perfecto para eso. La tierra antes de sembrar, tienes que prepararla, para eso alquilas una maquinaria agrícola”.

— ¿A precios altos imagino?

“Una hectárea son 720 pesos. Saca la cuenta. Eso no es todo, luego viene la parte del agua, pero no te dan el petróleo para este cultivo. Pese a la tradición del poblado, aquí lo que incentivan de manera estatal es el tabaco, así que por ahí arranca “el invento”. Una vez invertida esa cantidad de dinero no te puedes cruzar de brazos, tienes que sacarle lo mismo a la tierra.

“Quieren que nos olvidemos del ajo porque el tabaco se exporta, al Estado le conviene. El ajo es un problema, solo les trae dolor de cabeza, con todo el lío de los precios, las confiscaciones y los casos grandes de corrupción que ha habido aquí mismo. Hay gente que se ha quitado la vida en este pueblo por desfalcos gigantescos vinculados al ajo.”

“Por eso creo que también han querido impulsar el tabaco en esta zona. Ellos quieren sacarse un problema de encima e incentivan lo que les de ganancia y no pérdidas. Me dolería porque el ajo es una costumbre, pero soy joven, tengo una familia y necesito tiempo para ellos, así que parece que me volveré tabacalero”.

El poblado de Vueltas produce ajo en cantidades y calidades superiores a lo que pueden manejar las autoridades del Ministerio de Agricultura. Cuando los volúmenes de compra de la centralizada empresa de Acopio no satisfacen a los productores, o los precios no son estimulantes; los ajeros como Yosvany salen vender sus ristras, con la mochila a cuestas. Aún a cuenta y riesgo de inspectores.

Leal asegura que se usan miles de artilugios para burlar los cercos. La última estrategia consiste en alquilar carros particulares, que funcionen como taxis, para no levantar sospechas, y de a poco, a las sombras de las Ferias, vender el excedente. Y mientras hay pruebas de que ese único municipio villaclareño puede producir cantidades enormes del condimento, el país sigue importando ajos.

“El estado viene y te lo compra a 14 pesos la libra. Una ristra de ajo de tercera pesa 3 libras y la cooperativa se queda con un 7% de lo que vendes. No sé a quién se le ocurrió que el ajo se comprara por libras, para mí no debiera ser así, si no por ristras, como lo hacen los intermediarios. Esa misma ristra que me compra el Estado a 42 pesos y me le quitan en la cooperativa el 7%, los intermediarios me la compran a 50 pesos, en limpio. Saca tú la cuenta”.

“Tampoco es que lo cosechas y lo puedes vender todo al Estado. Acopio no le compra al campesino, y tienes dos opciones, o produces solo lo que vas a consumir, o sales a pelearla en la calle. Se busca que los precios bajen, pero el costo de producción sigue siendo alto. No es por hacerme la víctima, pero los culpables no siempre somos los campesinos. Al final nos exigen por todas partes y el trabajo rudo nos toca a nosotros. Desde un buró es fácil planificar, vender o no comprar”.

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