• La Casa Real anunció este jueves por la noche un Real Decreto con la revocación
  • El ‘caso Noos’ y Urdangarin propiciaron hace ya dos años el apartamiento de la Infanta

La Infanta Cristina durante una conferencia el año pasado.

El Rey ha dado una de las mayores sorpresas de su primer año de reinado al revocar a a su hermana, la Infanta Cristina, el uso del título de duquesa de Palma de Mallorca.

Una doble sorpresa, primero, y sobre todo, por la contundencia de la decisión. Pero además, y en segundo lugar, porque la reciente reaparición de la Infanta en la esfera familiar de la Casa del Rey -con motivo de la Primera Comunión de la Princesa de Asturias, y el funeral por Kardam de Bulgaria- había infundido la especie de un acercamiento y una clemencia por parte del monarca hacia quien desde el propio día de la Proclamación, el 19 de junio pasado, fue excluida por completo de la agenda de la Corona.

Fue el ‘caso Noos’ y el comportamiento “no ejemplar” del duque consorte lo que propició hace ya dos años el apartamiento de la Infanta, y ha vuelto a ser el ‘caso Noos’ ahora el causante de una revocación nobiliaria sin precedentes en la dinastía borbónica. Así lo han reconocido de manera oficiosa las fuentes consultadas en La Zarzuela, que se han referido al “momento procesal” en que se encuentra un sumario, a apenas unos días de que la Audiencia de Palma dicte la previsible apertura de juicio oral.

De esta manera, y sea cual sea la aparente mejora de las relaciones personales en el ámbito privado, el Rey que ha hecho bandera de la regeneración institucional en España no ha esperado a que su hermana pudiera sentarse físicamente en el banquillo. Mucho menos ha aguardado a que la Sala -como algunos sostienen- pudiera sobreseerle de toda responsabilidad penal en virtud de la llamada ‘Doctrina Botín’, que impide sostener la condena en una acusación popular sin apoyo del fiscal. Lo que ha hecho el Rey es dirigirse al Gobierno y pedirle que atienda su petición en forma de un Real Decreto que verá la luz mañana.

Un Decreto de número 470/2015 que, en uso de las facultades del monarca y “de conformidad con el Real Decreto de seis de noviembre de 1987 sobre el “régimen de títulos, tratamientos y honores de la Familia Real”, borra de un plumazo el honor nobiliario que el Rey Juan Carlos otorgó a su hija con motivo de su boda. De manera significativa, el nuevo monarca hace constar por escrito su decisión en primera persona: “He resuelto”, reza el Real Decreto, “revocar la atribución a Su Alteza Real la Infanta Doña Cristina de la facultad de usar el título de Duquesa de Palma de Mallorca, que le fue conferida mediante Real Decreto 1502/1997, de 26 de septiembre”.

Las fuentes consultadas esta noche en la Casa Real no han querido pronunciarse sobre la relación que esta decisión ha podido tener con la firmeza con que la Infanta se ha negado a renunciar a sus derechos sucesorios. Pero es lo cierto que según los juristas consultados por este diario, esta decisión sólo compete a la Infanta, mientras que la revocación del Ducado le compete al propio Rey. Como es sabido, Doña Cristina siempre se negó a lo que fue una repetida petición de la Casa -primero de Don Juan Carlos y luego de Don Felipe-, por entender que conllevaba un reconocimiento de culpa. Pero después del presente Real Decreto, su posición ha quedado mucho más comprometida

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