El Segundo Frente de Guerra contra Batista

París, 27 de octubre de 2015.

Recordada Ofelia:

¡Qué suerte he tenido! Ese grupo de ex guerrilleros del Escambray cubano, que lucharon armas en manos contra la dictadura de Fulgencio Batista en los años cincuenta y que al ver traicionadas sus ideas de Libertad y justicia, por las cuales estuvieron dispuestos a sacrificar sus vidas, tuvieron que partir hacia el exilio. Hogaño han depositado su confianza en mí para hacer conocer sus testimonios. De esa forma se esclarece la Verdad Histórica, lejos de la Historia Oficial dictada por los censores del régimen de los hermanos Castro. Para mí es un gran honor. A algunos de ellos los conocí de niño en nuestro querido terruño de Camajuaní, a otros en estos últimos años en los viajes que he hecho a Miami con mi familia.

Hoy te envío este testimonio de nuestro viejo amigo Miguelito para que lo hagas circular allá en San Cristóbal de La Habana como sueles hacerlo.

“Miami, 26 de octubre de 2015.

Después de estar mendigando ayuda por toda Cuba y en el exterior los hombres que se habían alzado en la sierra del Escambray, se dieron cuenta de que ya estaban a tiempo para un nuevo paso de solidificación porque el espíritu de sacrificio estaba presente en todos, la moral combativa alcanzaba su máximo nivel y la decisión de vencer o morir por la libertad de Cuba, era su premisa.

Entonces, la treintena de hombres que estaban reunidos en el campamento en la zona de Banao en la provincia de Las Villas Cuba, en un sencillo, pero histórico documento, constituyeron, oficialmente, el 10 de Noviembre de 1957, el Segundo Frente de Guerra de Cuba.

Los allí reunidos decidieron llamarle Segundo Frente, porque todos los firmantes entendieron que ya en La Sierra Maestra, bajo las órdenes de Fidel Castro, se combatía en un Primer Frente. El Segundo Frente de Guerra con su campamento en el Cacahual, estaba enclavado en las lomas de Banao pertenecientes a la Sierra del Escambray, macizo montañoso que al igual que otras sierras, formaban todas, parte de la Cordillera de Guamuhaya.

El Segundo Frente de Guerra de Cuba, contribuiría a aliviar la presión en La Sierra Maestra y obligaría al Ejército de Batista a combatir en dos Frentes: el oriental y el central.

Igualmente, todos los firmantes, por decisión unánime, otorgaron el mando militar del Segundo Frente del Escambray, con el grado de Comandante en Jefe a Eloy Gutiérrez Menoyo y dejaron, bien puntualizado, que las puertas de este frente guerrillero, siempre estarían abiertas para todo combatiente, sin tener en cuenta, la organización a la que perteneciera, e inclusive, dentro de la disciplina militar establecida, se le permitiría utilizar el brazalete que estimara conveniente, sin que primara ningún tipo de sectarismo.

Las justas normas que habrían de ser invariables, contemplaban que el Segundo Frente, podría en un futuro funcionar a nombre de determinada organización si es que esta aportara las armas suficientes que pudieran permitirnos tomar la iniciativa y pasar a la ofensiva. Bajo ese espíritu unitario, surgió el incipiente grupo guerrillero del Segundo Frente del Escambray.

Durante la primera etapa, puramente organizativa, la cercanía del Campamento El Cacahual a la carretera, les fue de gran beneficio. Por ejemplo, Plinio Prieto pudo salir, sin dificultad, para continuar sus gestiones con la organización Autentica, tratando de obtener armamento para El Frente.

Enrique Villegas se quedó, definitivamente, en el campamento, dejando a cargo de la Retaguardia a los valiosos activistas: Cuza y Margarita Carrera, Rafael Rodríguez Avilés, los hermanos Darío y Electo Pedrosa, la familia Cárdenas, Gabriel Suárez y familia, Ernesto Valdés Muñoz, Jesús Caballero Gómez, Félix Martínez, Dr. Rodolfo Santos Lara, Francisco García Menéndez (Pancho el médico), Marcun Alen, Manolo Gutiérrez, la familia Nazario Sargen, Manuel Camejo, otros más y los familiares de los alzados.
En el Segundo Frente También se había organizado una red de taxistas, que suministraban una gran ayuda de suministro e información y los mensajes que se mandaban en clave por la emisora de radio de Santi Spiritus. Además, los nuevos alzados, continuaban llegando, con bastante frecuencia, entre ellos el norteamericano William Morgan. Las vías de abastecimiento se incrementaban por día. La existencia del nuevo Frente Guerrillero adquiría notoriedad, a través de rumores que recorrían la Isla y se diseminaban por todas partes. De todas formas, la jefatura estaba conciente de las ventajas que representaba la ubicación del campamento, pero también reconocían que un lugar de tan fácil acceso, podría, en cualquier momento, ser escenario de una ofensiva por parte del ejército.

En realidad no les sería difícil resistir un primer embate, teniendo en cuenta, la cantidad de hombres y las armas con que contaban. Sabían que podrían combatir, exitosamente, ante un ataque por sorpresa y efectuar una retirada estratégica, pero sin dudas, el campamento no podrían sostenerlo, y previendo una eventualidad como esta, concibieron un buen plan de defensa. Pensaron en Charco Azul que estaba en la parte central del Escambray, como el sitio ideal para combatir y consolidar la zona, sin tener que abandonar posiciones. El lugar estaba bien distante del campamento de Banao, pero las inclemencias del tiempo, por aquellos meses de frío y lluvias torrenciales, consumiría mucho tiempo en el recorrido y estaría lleno de obstáculos.

El Comandante Lázaro Artola, creía, al igual que Menoyo, que el preparar ese movimiento, era lo correcto; sin embargo consultaron, con los prácticos del campamento. Los cuales les dieron su visto bueno, garantizándoles que si se tomaban las medidas debidas, el recorrido sería factible y carente de riesgos. La única precaución a tomar, según los prácticos, era transitar por trillos, exclusivamente, aunque esto hiciera más lenta la marcha y añadían: “Hay que evitar, por todos los medios, la tentación de pasar por terraplenes, si queremos llegar, con el cargamento de armas y cosas, sanos y salvos”.

Al Comandante Lázaro Artola, Menoyo le asignó la responsabilidad de seleccionar el personal para tan delicada misión, sin dudas, él era el indicado, por sus conocimientos sobre los integrantes de la guerrilla. Se decidió de antemano a realizar la marcha, organizando a la gente en dos pequeños núcleos. Artola trabajó cuidadosamente, en la selección de los hombres y pronto estuvo, la lista de los elegidos.
El primer grupo de vanguardia lo integraba : Luis Vargas, al que Artola le dio entrada al campamento, confiando en que enterraría su pasado de cuatrero, sería el práctico de cabecera, y por lo tanto, el responsable de trazar la ruta por lugares seguros. Además lo acompañarían, Joaquín Rodríguez, José Cordero, Rolando Vázquez, Serapio Estrada y Enrique Villegas. Enrique, por su probada responsabilidad y la confianza que le teníamos, debido a la manera brillante en que organizó la retaguardia, le otorgamos el grado de Capitán y sería el jefe de esta diminuta guerrilla”. Miguel García Delgado

NOTA BENE: El próximo testimonio será a propósito del primer mártir del Escambray.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández.

Foto: Eloy Gutiérrez Menoyo

Hispanista revivido.