Los romanos fueron en su inicio unas gentes que no les quedó vecino contra el cual no pelearan

Vivir a la sombra y sopa boba del parasitismo mundial que significa el Vaticano, ya es un signo de talento, aunque sea malévolo y tendencioso; pero para Roma, lo romano y lo italiano, el chiringuito Vaticano siempre ha sido causa y efecto de que no falte el trigo en los silos aunque falta en todo el mundo parasitado por los trinitarios vaticanos.

La monarquía romana, como se estudia en la crónica, llegó a tener hasta siete reyes durante un espacio de tiempo que a poco no alcanzó los doscientos cincuenta años desde que se tiene conocimiento de las primeras casas, hasta que dijeron que si, que eso de tener reyes queda muy bonito; pero que los tuvieran otros, y,  a cambio de un rey, crearon la dignidad de los Cónsules, y por cada rey subieron al poder a dos Cónsules, uno con manifiesta mala leche, y el otro igual, pero disimulada, al objeto de que entre los dos se vigilaran así mismo, y vigilaran al pueblo.

Tenía la dignidad consular una vigencia de un año, y, como claramente se ve, cuando dicen que nuestra cultura está basada en la romana o en la de los más al oriente, los helénicos, nos puede dar ganas de llorar, porque nuestros basamentos no se parecen en nada a los de aquella gente, en extremo vivaz y nada bobos, incapaces de soportar como hacemos los españoles que tenemos que rendir pleitesía y alimentar a dos reyes, a dos papas, extranjeros a nuestra nación, y el mayor número en proporción de políticos del mundo, y, encima, los mejores pagados y los mejores situados con impunidad tras la puerta de ¡Sésamo, ábrete!.

Tan vigilados estuvieron los Cónsules por el pueblo romano, que uno de ellos, el cuarto, un tal Valeno, cuando murió, estaba tan pobre, tenía tan poco patrimonio, que hubo que hacer una colecta para encontrar obreros dispuestos a hacer el agujero donde enterrarlo. Como vemos igual; igualico que ahora, que si volviera la moda de enterrar a los muertos con sus posesiones y bienes, nos faltaba terreno para enterrar a nuestros amados políticos que la inmensa mayoría empiezan como acabó el honrado Valeno, pero acaban sus mandatos, eso sí sin darse cuenta y sabiéndolo solo por la prensa, más ricos que el más pobre de los que exhiben votos de pobreza.

Los romanos fueron en su inicio unas gentes que no les quedó vecino contra el cual no pelearan; pero como se dieron cuenta que la guerra aunque tiene la ventaja de los beneficios a corto plazo, tiene el inconveniente que como te toque la china, no los disfrutas. Y como muy pronto habían solucionado la forma de verse representados, y aunque la guerra es un excelente pasatiempo porque te permite vivir sin trabajar y por eso gusta tanto, como los romanos fueron gente talentosa, recogieron del fondo de lo que ya se conocía por lo que llevaba caminando el género humano, aquello que les viniera bien para tener los mismos beneficios que la guerra pero sin las exposiciones personales y que te liquiden.

El monoteísmo, algo que no lo inventaron, cosa rara, los judíos, sino que fue un invento que surgió en las riberas del travieso rio Nilo, porque de los ríos grandes es de los muy pocos que corre de sur a norte en el hemisferio sur, lo utilizaron los romanos hartos de guerras Pírricas, Púnicas y demás, y, metiendo miedo en el cuerpo, por las buenas o por las malas, se impusieron en una forma imperial que tiene unos resultados económicos impresionantes, con la particularidad que es directamente proporcional el beneficio con la pobreza de los clientes: la religión monoteísta con miedo, matices, y mucho poder económico.

El paso siguiente del imperio romano, fue dejar de lado los desfiles de las centurias armadas por tierras extranjeras, y, a cambio, dejar unos tertulianos bien pagados en cada parroquia, controlar la publicidad, tener las puertas abiertas del Vaticano a dar máster a resultas económicas, y darle a las gentes toda la superstición y la incultura que tuvieran capacidad de absorber. Pero todo hecho de tal modo que, de vez en cuando cualquier caciquillo del terruño se sintiera, y lo sintieran que se sintiera, más romano que si hubiese bebido toda su vida agua del río Tiber.

El éxito de semejante imperio mixto romano-vaticano, porque bien bien no se sabe dónde termina lo clerical y empieza lo laico y al contrario, lo mismo que no se sabe bien donde terminan las virtudes y acaban las maldades, su mayor talento es que, en el fondo, aquellos comienzos de no dejar vivir en paz a ningún vecino y con el tiempo guerrear y alterar hasta a los pueblos más lejanos, lo sigue practicando con una política ladina, que en lo subliminal, a la gente de la calle solo le llega lo que ellos quieren, y nunca con la falta de inteligencia del imperio gringo, que por más que lo intenta no logra encontrar el ladino modo imperial romano.

A lo mejor será porque los gringos meten a machaca martillo las hamburguesas y las bombas de racimo. Dos bombas que hacen mucho daño social.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis

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