París, 27 de noviembre de 2015.

Querida Ofelia:

Recuerdo haber visto el célebre Tren Blindado a la entrada de la Ciudad de Marta Abreu. Íbamos a esa ciudad cada fin de semana desde Camajuaní, a visitar a mi familia paterna. Pero aquel día fue muy especial. Santa Clara había caído en manos de Ché Guevara y el bullicio imperaba en la ciudad. Fui a ver con mi prima Gloria las ventanas quemadas del inmueble del Gobierno Provincial y los huecos en la fachada del hotel en cuya planta baja se encontraba el Cine Glorys. ¿Quién hubiera podido imaginar lo que vendría después? Tenía sólo nueve años y me sentía muy orgulloso de mis tres primos guerrileros.

Pues bien, ahora te hago llegar este testimonio del amigo Roger Redondo, ex guerrillero que participó activamente en la lucha contra el régimen de Batista en Las Villas.

“El ejército rebelde decretó leyes muy severas contra los políticos que participaran en los comicios convocados por la dictadura de Batista. Menoyo recibió un aviso desde La Habana, para una entrevista muy importante precisamente con un candidato a representante por la provincia de Las Villas, quien además tenía el agravante de no ser de las filas de la oposición política sino precisamente de las filas gubernamentales. Nunca supe la procedencia, el origen de esa misión. Nunca lo pregunté, aunque pensaba que ese político tenía mucho valor, pues estaba dispuesto a venir directo a la boca del lobo.

La cita se iba a efectuar en el poblado de Veguitas, a muy poca distancia de Manicaragua. Allí estaban las tropas de Genaro Arroyo. Yo llegué el día antes a caballo. Menoyo, Artola y José Arcadio García (alias el Barbero), llegaron al día siguiente en un jeep. Otros llegaron a pie. Veguitas era un poblado de mucha actividad situado en un valle. Bajaban arrias de mulos desde las lomas con cargas de malanga y otros productos agrícolas para que los camiones las transportaran hacia las ciudades, así como campesinos a caballo, que hacían sus compras en las bodegas del pueblito.

Pues, poco tiempo después de estar en Veguitas, un carro dejó a un hombre que traía una cámara fotográfica grande como las que usaban los periodistas. Antes de irse el vehículo hablaron unos minutos los dos hombres que acompañaban al de la cámara y se retiraron. El hombre desde que llegó comenzó a retratar a todos los grupitos de soldados rebeldes, que posaban para las fotos. Yo, por mi parte, me acerqué al individuo y le pregunté si era periodista y que de ser así debía mostrarme su identificación. Entonces llegaron Menoyo y Rafael Garrigas y saludaron al visitante. Menoyo me lo presentó y me dijo que era Ñico Núñez, quien nos había proporcionado unos mapas.

Menoyo se refería a unos mapas militares, que trajo Darío Pedrosa en diciembre del 1957, al campamento del Cacahual. Pero Garriga en un aparte mientras Menoyo conversaba con Núñez, me dijo al oído: “es un cuadro, se llama Antonio Núñez Jiménez.” En el argot marxista, un cuadro era un miembro del partido, se refiere a un afiliado al P.S.P, pero de categoría, un individuo con jerarquía. ¿Andaba Núñez en una misión o era un turista? Pues portar fotos de soldados rebeldes era peligroso.

Más tarde llegó el político batistiano, que esperábamos, se bajó del carro que lo traía y se montó con nosotros en el jeep. Finalmente, llegamos hasta el final del poblado a un bohío de piso de tierra que estaba algo separado del poblado. El político habló rápido y claro. Dijo que su hermano era militar y estaba a cargo de traer un tren lleno de armas y él quería una cantidad de dinero por las armas. Por supuesto, como no teníamos el dinero que él proponía, Menoyo le hizo la propuesta, de nombrarlo comandante, pero el individuo la rechazó de inmediato. Mire usted -dijo el político-, mi hermano ya es coronel. Lo que nosotros necesitamos es dinero para salir del país. El político se dio cuenta de que no era posible hacer el negocio. El tren estaba en venta pero el cliente no disponía del dinero. Entonces, pidió que lo dejáramos en el lugar donde lo recogimos, porque allí lo vendrían a buscar los mismos que lo habían traído.

Rápidamente llevamos al visitante hasta el poblado de regreso, pero unos guerrilleros, unos minutos más tarde lo arrestaron porque lo reconocieron en un pasquín, con su foto para representante y lo llevaron donde estaba Menoyo de nuevo. En ese momento Menoyo estaba conversando con Núñez Jiménez. Dio la casualidad de que éste último conocía al político y se saludaron. Menoyo ordenó ponerlo en libertad. Una vez liberado, el político le dijo a Núñez que se quedara con él, pues estaba esperando que vinieran a recogerlo. Así fue, pues llegaron separados y se fueron juntos. Ambos se servían de escudo recíprocamente. El automóvil por fin llegó y los dos acompañantes de Núñez Jiménez nunca bajaron del auto, ni cuando dejaron a Núñez Jiménez ni cuando lo recogieron con su nuevo pasajero.

En el corto viaje de regreso a la Ciudad de Santa Clara, sólo los pasajeros del automóvil supieron de qué conversaron. Antonio Núñez Jiménez, tiempo después se destacó en la toma heroica de un tren lleno de armas, en la Ciudad de Santa Clara a sangre y fuego. Si las fotos que tomara Núñez Jiménez, era personales, es posible que las guardara como recuerdo, ahora si era una misión para un organismo político, deben de estar en otro lugar. Pero alguien, quizás guarde las numerosas fotos que tomó aquel día en Veguitas.

Hay varias lagunas en la historia de la toma del tren blindado. Por ejemplo, el teniente Coronel Florentino Rosell, jefe del Cuerpo de Ingenieros del ejército de Batista, estuvo en contacto con un dirigente clandestino del Movimiento 26 de julio y viajaron juntos entre La Habana y la ciudad de Santa Clara, más de una vez. Otra cosa difícil de entender es que el Coronel Florentino Rosell, arribó al Estado de la Florida en su yate, a Cayo Maratón, cuatro días antes de que Batista abandonara Cuba. El oficial que rindió el Tren Blindado a las fuerzas del Ché Guevara, fue el comandante Gómez Calderón, segundo al mando de la misión militar del tren. Según la historiografía oficial esta rendición tuvo lugar después de una batalla a sangre y fuego.

Los historiadores tendrán que esclarecer los hechos y deslindar la historia de la leyenda cuando aborden este capítulo de nuestra historia. En el ataque a Santa Clara hubo resistencia en el escuadrón 31 de la guardia rural y en la estación de la policía comandada por el coronel Cornelio Rojas así como en otros lugares. Pero yo no tengo noticias de resistencia en la mayor fortaleza de Santa Clara, que era el Regimiento del Ejército, donde se encontraban acuartelados centenares de soldados y carros de guerra bajo el mando del General Ríos Chaviano. Este general desertó unos días antes de la toma de la ciudad y dejó abandonados a su suerte a los hombres bajo su mando”. Roger Redondo González.

Un gran abrazo desde este París en plena crisis económica. Anoche una infeliz vagabunda perdió a su criatura al nacer en una acera frente a los jardines del espléndido Palacio de Luxemburgo, sede del Senado de Francia. En lo que va de año han fallecido más de doscientos vagabundos en las calles de esta riquísima ciudad. Algo muy difícil de comprender. Y… ¡aún no ha comenzado el invierno!

Félix José Hernández.

Foto: El tren blindado, Santa Clara, diciembre de 1958.

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