Por: Nicolás Águila (de su perfil) 

Pedro Sánchez ya salió hoy con destino a La Habana. Va a Cuba con una recua de empresarios españoles, que suman más de 200 según informan. Van a coger los mangos bajitos que les ofrece el régimen por boca de sus voceros más cursis y obsequiosos. Lo cual hace pensar en una visita de carácter exclusivamente económico.

Pero no es tan así. El Dr. Sánchez lleva además una agenda marcadamente política. Se verá con Canel, por descontado. Y con Raúl, si este ya se repuso de la hernia misteriosa que lo ha tenido fuera del aire y si no está aquejado de jaqueca u otra indisposición mariconeril. El presidente, que gobierna con el apoyo de los neocomunistas de Podemos, se propone así legitimar al régimen castrista. Eso por descontado.

Por otro lado, piensa reunirse con representantes de la comunidad española en Cuba, los llamados cubañoles, cuyos 150.000 votos no le vienen mal para las inminentes elecciones. Pero no se va a reunir con la oposición/disidencia ni por mera cortesía. Eso ni de coña.

Sánchez se hospedará, durante su breve estancia en la Isla de menos de 48 horas, en el Packard, un lujoso hotel cinco estrellas recién remozado e incluido en la lista negra de la Administración Trump por pertenecer a la corporación militar GAESA en complicidad con una firma española.

El Iberostar Grand Packard de La Habana –así se llama ahora– tiene sus dueños o herederos legítimos, quienes tendrán el mejor derecho a su propiedad en la Cuba democrática del futuro. Digo, si es que a Cuba le llega algún día la hora de la liberad. Recemos.

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