Elizabeta Castro Ferrera

Elizabeta Castro Ferrera es una de esas cubanas que no parece querer ausentarse de su cita con el cambio

 

Camagüeyana, graduada de técnico de nivel medio en Tecnología, guardó su título de oro en la gaveta de su cuarto y después de cumplir el servicio social que le tocaba, renunció a continuar estudiando y entró, como cualquier empleada, al mundo del cuentapropismo hasta que hace 4 años decidió abrir su negocio.

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“Fui dependienta, armé y desarmé teléfonos, computadoras y todo”, afirma la emprendedora que trabajando para otro, adquirió la maestría en el cómo se hacen las cosas.

La casa matriz de ELITEC, palabra que tiene su origen en la fusión del nombre de su propietaria (Elizabeta) con élite y tecnología, está ubicada en la calle República (Mercado de Santa Rita) # 386, entre San Esteban y Callejón de Correa, en Camagüey.

Caminando paso a paso, como quien con prudencia conduce un proceso de sanación, y apoyada por todos sus trabajadores que ninguno pasa los 30 años de edad; la ya no tan pequeña empresa, bajo el slogan de “Tecnología de Elite, donde sus sueños digitales y tecnológicos se hacen realidad”; moderniza, defecta, repara, desbloquea, flashea, imprime e instala software de sistemas y aplicaciones.

Cuando uno crece en un país con las condiciones de Cuba, resulta muy fácil sentirse un ser humano pequeño, débil, dependiente e inexistente; pero esta admirable jovencita lucha porque se le escuche y, sin más pretensión que representar su propia voz, buscando conectividad y cercanía el punto wi-fi, en el año 2014 abrió una sucursal de ELITEC en la calle Ignacio Agramonte # 444 entre Lopez Recio y la Plaza de los Trabajadores.

Divide su negocio en dos, en una de sus oficinas ofrece los diferentes servicios relacionados al internet y a todo lo que se refiere a software, mientras que en la otra soluciona lo referente a hardware.

Parece un cuento de hadas pero en una sociedad machista, le ha sido difícil triunfar a esta enérgica muchacha que un divorcio le obliga a reflexionar y por ello no se cansa de incitar a que todas las mujeres se aventuren, pierdan el miedo y se impongan porque – como con experiencia asegura – ese el único modo que existe para que se les respete.

“Todo lo que sea bueno para mí, mis trabajadajores y mi negocio; siempre lo voy a pensar, lo voy a meditar, y siempre le voy a dar una solución adecuada”, concluye así la agramontina que en su muy atractiva humildad combina seguridad, amabilidad y prudencia.

Fuente: Juan Juan Almeida, MN

Hispanista revivido.