Elvis The King

París 1 de agosto de 2015.

Querida Ofelia:

Houng dog, All shook up, Jailhouse rock, Too much, Don’t be cruel, Love me tender,Teddy bear, My baby left me, etc. Son algunas de las canciones que se podrán escuchar por las estaciones de radio galas dentro de algunos días. Las cadenas de la televisión ofrecerán programas especiales sobre Elvis Presley. Una especie de Elvismanía se apoderará de los medios de comunicación masiva galos como cada año por el aniversario de la muerte de Elvis the King.
En efecto, el 16 de agosto de 1977, el cadáver de Elvis Aaron Presley, fue encontrado en el baño de Graceland, su residencia de Memphis. Desaparecía así físicamente un ídolo de los jóvenes, pero nacía el mito. Según una encuesta de CBS, el 7% de los estadounidenses creen que Elvis está vivo.
Graceland, entró a formar parte de la prestigiosa lista de monumentos históricos en el 2006 y hogaño, es uno de los sitios turísticos más visitados de los EE.UU.
Elvis forma parte de mi infancia. Recuerdo a mis primos Gloria y Piti en Santa Clara, cuando bailaban el rock, mientras mi abuela María se persignaba al verlos, preocupada porque a lo mejor la niña se podía “esnuncar” con tantas volteretas y aquella música de locos. Gloria tenía los longs plays de 33 r.p.m. de The King y los ponía en aquel gran tocadiscos de consola, cuando llegaba de la escuela de monjas por las tardes. Todo duró hasta que llegó el Coma-Andante y mandó a parar.
Elvis es un ejemplo típico del self-made man, símbolo del sueño americano, un chico de origen modesto que triunfó en la vida y se convirtió en una star. Era buen mozo, provocador (movía la pelvis al cantar en una forma muy políticamente incorrecta para el puritanismo de su época), rebelde, pero también, buen padre, marido ejemplar, cristiano (leía la Biblia) y practicaba la caridad cristiana, ya que regalaba sillones de rueda a los minusválidos pobres.
Elvis ha llegado a convertirse en uno de los mitos contemporáneos. Su historia no es la de cualquier cantante famoso, sino la de un hombre que lo dio todo a sus admiradores, se sacrificó por ellos. Tomaba pastillas para poder tener la energía de entregarse al público durante el espectáculo y posteriormente tomaba otras para poder lograr el sueño y reposo artificial.
Algunos críticos afirman que Elvis logró tanto éxito gracias a que supo blanquear la música negra. Otros afirma que gracias a él, se abrieron las puertas al éxito a cantantes negros como Chuck Berry y Fast Domino.
Algo significativo de la mentalidad de aquellos años son las declaraciones de Sam Philips, el patrón de la casa de discos Sun: «Si yo pudiera encontrar a un blanco que tenga el sonido y la sensibilidad de los negros, podría ganar un millón de dólares». Y ése fue Elvis, el que hogaño sigue aportando beneficios económicos extraordinarios a su hija y heredera: unos veinte millones de dólares anuales. Las visitas a Graceland, los discos y las películas (éstas últimas de poca calidad), son una verdadera mina de oro.
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial y sobre todo gracias al cine, discos y posteriormente la televisión, los EE.UU. han tenido la capacidad extraordinaria de exportar sus modelos culturales. Elvis The King es uno de los mejores ejemplos de ello.
Mientras escribo la presente tengo puesto un c.d. cuyo título es Elvis Golden Records, en estos momentos estoy escuchando That’s all right. ¡Qué época!
Un gran abrazo de quien te quiere siempre,
Félix José Hernández.

Hispanista revivido.