La obra Emigrantes, de la compañía cubana Irene Rodríguez, recrea precisamente una de esas tantas historias de encuentros y añoranzas.

Por Por Ibis Frade *
Emigrantes, desde Cuba una danza de añoranza españolaLa Habana (PL).- A inicios del siglo XX, con el morral lleno de ímpetu, sueños, ambiciones y también con la añoranza de su tierra, llegó a Cuba una nueva oleada de emigrantes españoles en busca de mejores condiciones de vida.
Pero el amor sorprendió a muchos por el camino y el regreso se pospuso para siempre, echaron raíces en un suelo que no era el suyo y aprendieron a vivir con la nostalgia de su Patria.

La obra Emigrantes, de la compañía cubana Irene Rodríguez, recrea precisamente una de esas tantas historias de encuentros y añoranzas.

Tras su estreno en 2008, la agrupación retoma ahora el espectáculo con otros bríos y una versión coreográfica con elementos nuevos.

Esta figura entre las puestas de la compañía más solicitadas por el público, aunque sin reponer desde el 2012, precisó a Prensa Latina la directora del elenco, Irene Rodríguez.

La pieza es una especie de homenaje a la emigración española de comienzos del siglo XX que vino a Cuba huyendo de las malas condiciones económicas y políticas existentes en su país por aquellas fechas, dijo:

“Queríamos rendir tributo a quienes no volvieron a la península ibérica, aprendieron a vivir con la nostalgia de su tierra y contribuyeron también a conformar nuestra identidad, nuestra cultura.”

La función de un solo acto, dura una hora y 10 minutos sobre las tablas y demanda de una gran resistencia y habilidad de los intérpretes, quienes apenas descansan en todo ese tiempo, explicó.

El personaje del emigrante español, interpretado por la primera figura masculina de la compañía Víctor Basilio Pérez, tan solo sale del escenario brevemente durante una coreografía.

Pero ese joven y talentoso bailarín se confiesa completamente acostumbrado a tal rigor y cómodo en el papel del Emigrante: “lo disfruto mucho, es muy rico y exige una alta calidad interpretativa”.

Según Rodríguez, ese personaje requiere de una técnica danzaría y como actor muy fuerte pues transita por muchos estados, la nostalgia recordando a España, los momentos románticos cuando conoce a la criolla y se enamora, la tristeza al comprender que nunca volverá a su suelo.

También hay partes jocosas, cuando los cubanos se burlan de él porque no sabe tocar la clave y tiene la “orejita cuadrada”, bromea la primera bailarina, maitre y coreógrafa.

En esta ocasión, se unen a la compañía cuatro bailarines entrenados en las danzas folclóricas afrocubanas por el maestro Santiago Alfonso: la primera vez que Irene Rodríguez invita a danzantes de otras agrupaciones.

“Hemos trabajado con mucha vitalidad, deseos y entusiasmo, el remontaje de la obra se hizo en apenas tres semanas, pero los muchachos de Alfonso lograron insertarse con facilidad”.

Emigrantes, con próximas funciones los días 24, 25 y 26 de julio en el capitalino Teatro Mella, tiene música en vivo, interpretada por músicos de la compañía junto a invitados, todos bajo la dirección de Noel Gutiérrez.

Además, cuenta con un repertorio grabado por el prestigioso pianista Frank Fernández, que desde el estreno de la obra en 2008 cedió su música -en aquel momento inédita- compuesta, orquestada e interpretada por él.

Tras concluir la reposición de Emigrantes, el 28 de julio la compañía comienza un curso gratuito de verano como parte del Proyecto

Rutas y Andares de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, en el cual podrán participar niños y jóvenes. Luego de tres años de fundar su propia compañía, Irene Rodríguez confiesa que llevarla adelante no ha sido tarea fácil: “me tocaron momentos complejos desde el punto de vista económico y también en otros escenarios he tropezado con incomprensiones”.

Incluso, añadió, enfrento retos por mi condición de mi mujer y hasta por mi juventud.

Pero cuento con la confianza del Ministerio de Cultura, del Consejo de las Artes Escénicas, de personas muy importantes en mi carrera como

la prima ballerina assoluta Alicia Alonso y el Historiador de la Ciudad de La Habana, Eusebio Leal, agregó.

“Le agradezco a la presidenta del Centro Andaluz de La Habana, Blanca Fernández, pues en ese lugar radicó la compañía en sus primeros tiempos”.

También siento una profunda gratitud hacia la Escuela Cubana de Ballet Fernando Alonso y a su directora, Ramona de Saá, por permitirme abrir mi escuela y darle una sede temporal al grupo.

Ahora nos nutrimos de nuestra propia escuela, lo cual me satisface mucho, escoger y entrenar a mis futuros bailarines tras un proceso de audición muy fuere y riguroso, enfatizó Rodríguez.

Cuando comencé con la compañía, aunque ya mi carrera como bailarina era muy conocida, mi faceta en la dirección no lo era tanto.

En la actualidad, la de Irene Rodríguez es una de las pocas compañías del país cultora del clásico español, que requiere gran virtuosismo en los pasos y demanda conocimientos tanto del flamenco y la escuela bolera, como de la técnica clásica y el folclor.

Defiende el flamenco en su versión más actual, sin encasillarlo en el flamenco de tablado -cada vez menos visto en la escena internacional- y sin perder el apego a lo clásico, apuesta por una línea con elementos teatrales y vertientes de la danza contemporánea.

(*) Periodista de la Redacción de Cultura de PL.

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