Los emprendedores cubanos comienzan a pensar en grande. Se alejan del papel del cuentrapropista para empezar a pensar como empresarios cuya meta es generar un beneficio que impacte no solo en la cuenta de resultados, sino también en su comunidad

 

 

Durante la intervención del presidente Obama en GES hizo un guiño a la delegación de 11 cubanos que han venido a compartir su experiencia a aprender las últimas tendencias.

Yamilét López Sáez (La Habana, 1985) tiene un restaurante y una casa que ofrece alojamiento, Raybana. Niuris Higueras Martínez (La Habana, 1974) es socia junto a su hermano de un restaurante. Dorian Carbonell (La Habana, 1984) se dedica a la belleza. Tiene un salón de estética masculina donde trata de adaptar la moda a la zona. “En Cuba también hay hipsters. Y barbas”, se ríe, mientra acaricia la suya, “pero son más cortitas y muy cuidadas. Tomo la moda y la adapto al trópico”.

Es la primera vez que vienen a Estados Unidos. Su estreno ha sido en Stanford, el campus de los emprendedores por excelencia.

Sergio León (La Habana, 1990), cofundador de KeHayPaHoy, una startup cubana de ocio y cultura, vino hace pocas semanas a Silicon Valley. Esta segunda incursión le parece tan interesante o más que la anterior: “Han puesto los mejores recursos a nuestro servicio. Se ha creado un ambiente propicio para dar un impulso a la economía global. Aquí podemos ver cómo otros han solucionado los mismos problemas o encontrar socios”.

Si hay algo que remarcan es que en Cuba hay mano de obra, hay talento. Insisten en que tienen la preparación adecuada para asumir los nuevos retos pero quizá les falten herramientas. Niuris Higueras es todo ilusión. Sabe que no tienen bancos para prestar dinero, ni patrocinadores, pero cree que van a conseguir que sus negocios crezcan. “No llegamos con tacones, pero llegamos con chancletas. Sabemos hacer de todo”, remarca. Lejos de escudarse en las dificultades o parecer derrotistas, son conscientes de las dificultades que afrontan. “Ser emprendedor exige compromiso y trabajo, el doble que cualquier otro”, dice Higueras.

A León, más centrado en Internet, le obsesiona escalar su aplicación. En eso es muy parecido a cualquier joven de Silicon Valley, pero no goza de los mismos aparatos o conexión que en esta zona privilegiada. Aprecia haber podido conocer a Miriam Rivera, una de las primeras empleadas de Google, de origen dominicano, que hoy dirige el fondo de inversión Ulu. “En lo personal ha sido una gran aportación. Nos ha entendido y nos ha dado aliento para perseverar”, apunta León.

Tanto Higueras, como López y Carbonell aprecian un taller con Austin Yoder y Katelyn Noreder en el que han aprendido a entender mejor a su cliente. “Nos han abierto los ojos. Necesitamos muchas clases así”, dice Carbonell. Todos, de manera natural, han ido creando el perfil en Facebook de sus diferentes negocios. Ahora ya saben cómo potenciar la relación y satisfacción del cliente.

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