La oposición cubana no está dividida, sino multiplicada

Rebeca Ulloa, Neoclubpress

¿Por qué todos tenemos que pensar exactamente igual, al estilo estalinista-fidelista? ¿Acaso no estamos en contra del totalitarismo, del absolutismo… acaso no luchamos por el establecimiento de la democracia, del ejercicio de la libre expresión? Lo importante es que tenemos el mismo objetivo: que en Cuba se instale un Estado de Derecho.

Ahí está recogido lo que queremos todos los involucrados de una u otra manera, con un mayor o menor grado de integración y responsabilidad, que luchamos por tener pluralidad de partidos políticos, por que podamos realizar elecciones libres, por que existan muchos periódicos y muchos periodistas que expresen libremente sus opiniones, por que todos aprendamos a respetarnos y que se nos respete por un gobierno digno. Es lo que nos merecemos, lo que se merece nuestro pueblo. Y luchamos también por un vuelco en las condiciones económicas.

¿Que unos son más moderados y otros menos? ¿Que unos quieren el cambio estén los Castro o no? ¿Que otros más radicales queramos una Cuba sin los Castro? ¿Que unos estén de acuerdo con la normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos y otros no pensemos igual? ¿Que unos estén de acuerdo con la visita a Cuba de Obama, de los Rolling Stone, de Paris Hilton y de la madre de los tomates y otros seamos renuentes a medios y a cuartos cambios mientras otros se conforman con señales de posibles cambios? ¿Que algunos se conformen diciendo que del lobo un pelo y otros pensemos que lo mejor es el lobo completo con todos sus pelos? Eso no es división.

la marcha de la libertad

Que haya muchos grupos y frentes en la oposición dentro y fuera de Cuba, no es división. Que proliferen los líderes, que ya no sean cuatro gatos, que cada uno de ellos tenga sus propios seguidores… no es división. Hemos estado más de medio siglo alejados del ejercicio de la democracia, de la diversidad, de la pluralidad, de la diferencia, empujados y bajo el intento de la tiranía Castro de eliminar todo indicio de libertad y racionalidad. Hoy despertamos, aprendemos, quizás más lentamente de lo que es necesario. Nos diferenciamos y hasta puede ser que nos distanciemos, pero todo tiene un camino, un lógico devenir y llegará el momento de acercarnos definitivamente, como decía Martí: ha llegado la hora de juntarse, y esa hora llegará. Solo que debemos ser fuertes, firmes, evolucionar, entrenarnos en el debate claro y respetuoso, en ceder y acceder para llegar a acuerdos que nos lleven a la victoria final y alejar toda cizaña, toda intriga y enfrentar a todo aquel que insista en que existe una fractura, una división.

Ciertamente hay manipulación, infiltración, malas intenciones. Conocemos bien las estrategias y mañas de los Castro y su escuelita y, porque las conocemos, debemos enfrentarlas. La historia es una sola y barre con todo aquello que se oponga a la lógica de la normalidad de un país que solo aspira a eso precisamente, a ser un país normal. Un país donde se coma, se trabaje, se exprese, se diga, donde simplemente vivamos como ciudadano con derechos, como ciudadanos del mundo.

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