El Sistema ha decidido que España tiene que seguir votantando hasta que salga el gobierno que conviene a sus intereses

La decisión está tomada por bajomano: la llamada Troica europea, el Sistema en sí, el que puso de rodillas a Grecia y acabó con ella como país, el que está intentando acabar con Venezuela, el que se ha cargado a Argentina y a Brasil, el que…etc. etc. ha decidido que España tiene solo dos caminos, o seguir votando el pueblo, cosa que los hace feliz y se sienten democráticos, hasta el fin de los tiempos, o dejar de una vez y para siempre que gobiernen los buenos: los Marianos y los Felipes Gonzalez, en comandita  bendecida desde la Banca Vaticana.

Está aritméticamente muy claro que 180 escaños suman más que 170. Pero está legalmente promulgado que los préstamos bancarios a los partidos políticos se los concede el sistema (el dinero es de nosotros, el pueblo, ¡manda cojones!) por la vía bancaria de un modo tal, que al ser los partidos unas entes sociales jurídicamente exactamente igual a como es una sociedad anónima o limitada, sus ejecutivos, aquellos que firman las pólizas de crédito, si el banco quiere, puede encontrar y tiene vericuetos jurídicos para reclamarle personalmente a ellos, a los miembros de las ejecutivas, esos préstamos (insisto el dinero es nuestro, los bancos no son huertos donde crezca el dinero, nos lo quitan a nosotros, la gente) que tan generosamente le conceden para que sus ejecutivas vivan como si de un colegio cardenalicio se tratara en cuanto a todo, incluido las juergas, el boato y los viajes de placer.

El banco es el señor y amo de toda decisión política, y todo lo periférico son cantos milongueros encaminados a que el personal siga pensando, pacíficamente jodido, que vive en un mundo democrático donde su voto cuenta.

Por tanto, ante el temor de un embargo en los bienes personales de los miembros de las ejecutivas y sus líderes por parte de algún banco prestamista, la cosa, para las gentes cabeceras de los partidos, está más clara que el agua clara: el banco es el señor y amo de toda decisión política, y todo lo periférico son cantos milongueros encaminados a que el personal siga pensando, pacíficamente jodido, que vive en un mundo democrático donde su voto cuenta, y cuenta mucho, cuando en la realidad no pasa de ser una anécdota para hacerle pasar el rato, y que los Rato vivan sus magnificas y esplendorosas existencias con dinero hasta bajo los puentes de sus gastadas dentaduras de morder.

Nunca España tuvo un momento político tan indigno, tan débil, donde la gente lo que expresa y dice, no son los verdaderos sentimientos que tiene internos de que le gustaría ser un Rato o un Soria cualquiera; o un Gonzalez que por motivos de falta de comer rabos de pasa ha perdido toda la memoria de la honestidad necesaria de pertenecer al grupo de los desheredados de la tierra, y se ha alineado abiertamente del lado de los poderosos, y como cuña de la misma madera de su procedencia sevillana de admirar a los señoritos andaluces, está ahora ejerciendo de señorito, sin preocuparle un ápice los jornaleros y sabiendo mejor que otros como puede joderlos hasta estrujarle todas las mantecas.

Las Cortes Españolas, las Cámaras Españolas son soberanas. Aritméticamente hablando 180 escaños actuales del no a la corrupción de Rajoy, es la mayoría más cinco, y pueden hacer y deshacer lo que quisieran si los partidos políticos españoles tuvieran las manos libres de euros – paradójicamente euros procedentes de los bolsillos del pueblo que dicen representar – que por la vía de los bancos-sistema-troika-banca vaticana-paraísos fiscales, les han llegado a las diferentes ejecutivas de los distintos partidos que colorean el arco de la gran mentida democrática que nos están haciendo creer que vivimos sumergida en ella, cuando ya no existe una sola fuerza social popular funcionando capaz de darle ilusión de conjunto al pueblo español.

Un pueblo, el español que no somos menos viles que los políticos que nos están engañando, simple y llanamente porque en un principio los elegimos y los aceptamos en las listas cerradas que nos presentaron. Máxime cuando mucha parte del pueblo español, el pueblo del silencio y la mirada lánguida por excelencia,  políticamente hablando, sabe perfectamente, porque lo luchó aunque el franquismo moriría en la cama, pero las libertades, los derechos los ganó en la calle, no vino ninguna troika o el presidente de un banco o de un supermercado a regalarle ni un cuarto de kilo de libertad, porque la libertad se gana empujando y yendo sin descanso hacia ella.

No se qué destino se le dará a las miles de urnas transparentes que están guardadas en distintos almacenes de España, pero no estaría de más echarles una capa de pintura para que no se vean los vergonzosos votos de la mentira que muchos españoles van a depositar en ellas, sacando a bailar a un denigrante baile a unos políticos que de un tiempo, tiempo europeo para acá, entendieron que bailar con la gran banca, con las grandes fuerzas como ellos llaman de la economía mundial, huele para sus economías particulares, mucho mejor que las gentes de la calle, que siempre están exigiendo cosas. Mientras hay que ver con qué educación y con qué deferencia exigen los bancos sus cosas: apenas levantan la voz y son agradecidos proporcionalmente.

Salud y Felicidad. Juan Eladio Palmis.

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