En Honningsvâg y el Cabo Norte con el Costa Pacífica

París, 29 de septiembre de 2015.

Querida Ofelia:

El jueves 20 de agosto, alrededor de las 10 y 30 a.m. con un mar calmado, sol brillante y +11°c. cerca del Cabo de Svartoksen, costeamos hacia el este y proseguimos hacia el Cabo Norte (denominado originalmente Knyskanes), el que fue visible a babor a las 2 p.m. El Cabo Norte representa el punto más septentrional de la Europa continental. Después del Cabo Norte, costeamos hacia el sur hasta llegar al puerto de Honninsvâg casi a las 4 p.m.

Por la mañana participamos en las clases de Cha cha cha y samba. También asistimos a la interesante conferencia “El secreto de la Mitología de los Vikingos”, impartida por el profesor Carlo Scopelliti en la Sala Amadeus.

Honningsvâg es el punto de salida privilegiado para el Cabo Norte, que las poblaciones antiguas, exactamente igual que sucedía con Finis Terrae en Portugal, consideraban como el fin del mundo conocido y el punto de salida para el viaje hacia la nada, hacia el mal y el infierno.

En realidad, Cabo Norte, aún presentando unas condiciones climáticas obviamente inhóspitas y ligadas a un viento gélido que, incluso con el sol, barre todos los rincones de su posición, constituye un punto de referencia de gran fascinación.
Fue un capitán inglés de nombre Richard Chancellor quien, en 1553, en busca de una nueva ruta hacia China, descubrió y bautizó el Cabo Norte. En realidad, esta casualidad resultó ser mucho más afortunada que su “fracaso” geográfico, porque a pesar de no haber encontrado una nueva vía hacia China, inauguró un comercio notable con la costa rusa de Mourmansk, lo que le convirtió en un hombre riquísimo.

La primera expedición de grupo para visitar el Cabo Norte fue organizada par la agencia inglesa Cook en 1875. Dado que en aquella época no existía aún la carretera hacia el promontorio, los pasajeros escalaron los 307 metros del mismo, alcanzando la cima en una hora aproximadamente.

La carretera entre Honningsvâg y el promontorio fue construida sólo en 1956 y desde ese momento inició la llegada del turismo al Cabo Norte. El mismo está situado en la isla de Mageroy, a la cual se llega desde el continente en unos barcos que emplean aproximadamente una hora en realizar el viaje. Para eliminar este pasaje, se ha construido en los últimos años un túnel submarino de 7 kms. de longitud que fue inaugurado en 1998.

La carretera que une Honningsvâg con Cabo Norte tiene 34 kms. de longitud, que se recorren en unos 45 minutos. Esta carretera es de una belleza particular. De hecho, se trata del único paisaje verdaderamente polar de Europa. La carretera termina sobre un promontorio rocoso que se lanza a plomo sobre el Océano Glacial Ártico a una altura de 307 metros. Este promontorio es el Cabo Norte. Había un viento muy fuerte. Por suerte llevamos impermeables sobre los abrigos de lana.
El corazón del Cabo Norte (71° de latitud) es su pabellón, una estructura construida en 1988 a la que se llega desde un túnel subterráneo de 75 metros de longitud que desemboca en el interior de una grande gruta excavada en la roca, donde además de un bar, se encuentra una terraza panorámica sobre el Océano Glacial Ártico, que ofrece una vista verdaderamente impresionante (“cálida”, con respecto a las condiciones externas). El edificio alberga, además: un bar, un restaurante, una tienda de souvenirs, una capilla, un curioso museo tailandés con pagoda y un cine que proyecta el documental Nordkapp sobre el Cabo Norte y las principales expediciones que hasta él llegaron, en una enorme pantalla de 180°.

En el exterior del edificio se encuentran el globo, de hierro, considerado el símbolo del Cabo Norte. El subir a su base nos provocó una gran emoción, pues estábamos “en el fin del mundo”. Hay también siete esculturas con forma de grandes medallones llamadas “Los Niños de la Tierra”. Estas esculturas son obra de 7 niños que en 1988, invitados par el gobierno noruego, pasaron una semana en el Cabo Norte con el fin de realizar una obra destinada a transmitir a las generaciones futuras un mensaje de alegría, paz, amistad y solidaridad.

Hay una estatua de bronce que representa a una mujer con el vestido y los cabellos al viento. Su mirada triste va hacia el horizonte, mientras que el niño de unos siete años que lleva de la mano, le señala hacia allá.

Aquí sólo puedo colocar una foto, todas las demás las puedes ver en los álbumes de mi página en Facebook: Félix José Hernández Paris.

Sobre el promontorio y también desde el recorrido que lleva hasta él, es fácil ver las pequeñas pilas de piedras o pirámides que muchos visitantes dejan a modo de recuerdo personal de su visita al Cabo Norte. Se dice que son una especie de amuletos y que dan buena suerte.

Al regreso al puerto de Honningsvâg nos detuvimos en una aldea de lapones, los cuales poseían muchos ciervos en libertad y una tienda muy rústica de ropas de lana.

Ya en el barco, fuimos al Aperitivo Musical en el Grand Bar Rhapsody, amenizado por el Trío Popcorn (¡Muy original nombre!).

Durante la cena en el Restaurante My Way, pudimos deleitarnos con un plato siciliano que descubrimos en el verano de 1982 en Palermo, en el hogar de nuestros grandes amigos Diana y Lucio: màcco de habas e hinojo.

Sicilia es la rebelión del sabor. Uno puede imaginar a las damas y los caballeros que pasean por un naranjal mientras el sol se filtra con discreción entre las hojas, en un lugar impregnado del aroma de la bergamota, el jazmín y el limón. El ritmo lento de una tierra antigua y llena de influencia han hecho que sea inmortal, inmutable, eterna.

En esta situación, percibimos el espíritu italiano, por un lado indolente y genial, por el otro capaz de rebelarse profundamente ante quien intenta someterlo. Esta fuerza, casi rebelde, se expresa también en platos como los espaguetis con anchoas, uvas pasas y pan tostado; en las verduras a la plancha marinadas con orégano; o en el màcco de habas enriquecido con aceite dorado, la mezcla perfecta de dulce y salado, de equilibrio y vértigo.

El màcco de habas e hinojo es un plato antiquísimo, originario de la provincia de Agrigento, elaborado mediante la cocción prolongada de habas secas, que crean una crema a la que se añade una verdura y aceite de oliva extra virgen. Precisamente la sencillez es el punto fuerte de este plato: de hecho, el término siciliano màccu designa una actitud soberbia y altiva, como la de la pobre haba seca que, para llegar a nuestra boca, se ha vestido con un preciado brocado de hinojo.

Después de cenar fuimos al Salone Wien Wien, donde el Trío Moonlight interpretaba una selección de fragmentos de la gran música clásica.

A las 10 p.m. zarpó el Costa Pacífica rumbo al sur con destino a Tromso.

Terminamos la noche en el Salon Around the Clock con la Cherry Cool Band que interpretaba los hits de los años 80 y 90.

En la próxima carta te contaré sobre el día pasado en Tromso.

Con gran afecto y simpatía,

Félix José Hernández.

Foto: En el Cabo Norte, el lugar más septentrional del planeta. 20.08.2015.

Hispanista revivido.