santogrial

Foto:El Santo Grial, Catedral de Valencia.

París, 31 de enero de 2016.

Querida Ofelia:

Como te prometí ayer, sigo contándote nuestro Crucero de Navidad por el Mar Mediterráneo. Había marejadilla cuando anclamos en el puerto de Valencia el miércoles 23 de diciembre a la 9 a.m. El día era soleado y teníamos +15°c.

Valencia representa perfectamente lo que España ha realizado a lo largo de los últimos veinticinco años de historia; pasos extraordinariamente importantes, tanto bajo el aspecto empresarial como turístico. Nos encontramos ante una ciudad completamente revolucionada por lo que se refiere a los servicios, las estructuras, las infraestructuras y en un cierto sentido, el planteamiento mismo de la ciudad, más abierta que nunca al turismo.

Si para Madrid la gran ocasión fue el extraordinario impulso creado por la actividad política y para Barcelona el evento decisivo fueron las Olimpiadas, Valencia ha ido creando su ocasión poco a poco, participando en el éxito de las celebraciones del Quinto Centenario del Descubrimiento en 1992 y albergando a partir de ese momento numerosas manifestaciones culturales, deportivas y de espectáculo.

Un ejemplo importante está representado por el Gran Premio de motociclismo que cada año concluye aquí su temporada. La ciudad representa la increíble alegría que poseen los valencianos, que se exalta en la gastronomía, refinada pero genuina, en el deporte y en la música. Dando un paseo por el centro de la ciudad es normal encontrar a cualquier hora del día y de la noche locales abiertos en los que se come, se bebe y se toca música en directo.

Si hacemos un análisis de la buena vida valenciana podemos empezar por su cocina: natural, simple y tradicional. El plato más conocido es, claro está, la paella, el característico plato a base de arroz, pescado, carne y verdura que se ha convertido en el símbolo de la ciudad en el mundo entero. Pero no se pueden olvidar las especialidades a base de carne, como el arroz al horno o el arroz a banda que se come con un abundante plato de pescado. Una variación sobre el tema de la paella, exquisita, es la Fideua con los espaguetis en lugar del arroz.

El culto de la mesa se sublima con la amplia oferta de vinos: blancos, como el Alto Turia y el Serranda o tintos típicos de las regiones de Requena, Utiel y Campo de Lliria. Los postres completan el menú valenciano con una riqueza de ideas y recetas realmente increíbles: rosetones, arrop i talledetes y el arnadi son los puntos de referencia de un surtido de dulces regionales realmente espectacular.

Pero no es el caso de encerrarse en un restaurante durante todo el tempo de permanencia en Valencia (aunque si alguno lo hace difícilmente conseguirá olvidarse de las exquisiteces de la región): efectivamente, Valencia es una ciudad realmente espléndida también por su contexto cultural y arquitectónico, mérito de sus raíces históricas.

Valencia es la capital de la comunidad autónoma que lleva su nombre. La ciudad surge en la desembocadura del Turia. Los primeros colonizadores fueron los romanos que, durante el imperio de Augusto, la enriquecieron con numerosísimas estructuras y edificios espléndidos. Las incursiones desde el norte, sobre todo por parte de los visigodos, fueron inmediatamente reemplazadas por la llegada de la cultura árabe: los árabes conquistaron Valencia en el año 714 y la ciudad a partir de este momento vivió un esplendor extraordinario, capitalizando el desarrollo agrícola de toda la región.

Con la caída del imperio árabe, Valencia vivió el dominio aragonés, bajo el cual se convierte en reino autónomo. Valencia se expande aún más y se enriquece llegando a ser una ciudad de la Ilustración, cultural y jurídicamente muy evolucionada. De aquella época quedan amplios testimonios que han llegado hasta nuestros días: no es una casualidad que sea Valencia la ciudad que acogió grandes estudiosos y literatos que responden al nombre de JoanotMartorel, probablemente el primer novelista europeo, y también AusiasMarch, Roig de Corella e Isabel de Villena….

Valencia, justo porque representaba una ciudad de enorme importancia en el imaginario político de todas las épocas, se encontró en el centro de duras contiendas: la llegada de los Borbones, la alianza con el archiduque de Austria en la guerra de secesión, descompusieron los equilibrios de Valencia y de su región hasta la llegada de otro período de renacimiento cultural que perduró durante todo el siglo XVIII.

La Guerra de la Independencia, la Guerra Civil, durante la cual Valencia fue capital del gobierno republicano por tres años, de 1936-1939, la desastrosa inundación de 1957: Valencia a veces consiguió reforzarse, otras incluso renacer de todos sus dramas hasta convertirse en la ciudad que es hoy. Una metrópolicosmopolita pero de dimensiones humanas, abierta a toda novedad y a todos los contactos y relaciones internacionales, sin prejuicios ni exclusiones de ningún tipo. Una extraordinaria ciudad con un enorme potencial que se ha convertido inevitablemente en testimonial turístico y cultural de España.

Pasamos todo el día paseando por esta bella ciudad.

Situado dentro del futurista complejo de la Ciudad de las Artes y de la Ciencia, el Museo Oceanográfico es uno de los parques marinos más grandes del mundo y una de las atracciones turísticas más importantes de la Península Ibérica. La visita del parque nos permitió explorar los mil secretos de los ecosistemas de los mares y de los océanos de nuestro planeta. A través de un túnel submarino admiramos la vida de los océanos y de los arrecifes, asistimos a sus acrobacias en el delfinario, entramos dentro de un inmenso iglú para observar el ecosistema de los mares árticos. Y luego la playa de las tortugas marinas, las rocas de los pingüinos, la piscina de tiburones y de barracudas… Tuvimos sólo la dificultad de elegir entre los 45 000 ejemplares del mundo sumergido que viven en el parque.

Nuestro descubrimiento de Valencia continuó por la Catedral, más conocida entre los valencianos como ” La Seu “, o lo que es lo mismo La Sede, que representa todavía hoy el centro de la vida religiosa, cultural y cotidiana de la ciudad. La construcción, iniciada en estilo gótico-cisterciense en 1262, se prolongó hasta el siglo XVIII, presentando hoy, por consiguiente, varios estilos fundidos armónicamente. Bajo una de sus puertas, cada jueves, se reúne el famoso Tribunal de Las Aguas, la institución jurídica más antigua de Europa que en juicio sumarísmo y con sentencia inapelable, resuelve las controversias surgidas por la irrigación de la fértil llanura de Valencia.
En el interior de la Catedral se conserva con mucho celo la reliquia más antigua y venerada por los cristianos: El Santo Cáliz que el Señor utilizó en la celebración de su Última Cena.

Junto a la Catedral se alza La Basílica de los Desamparados (entrada gratis), donde se venera a la Virgen. En ese lugar recé por mi amiga de adolescencia Maruja y su familia. No sé si recordarás mi crónica “Maruja de Sagunto”.

De lo sagrado a lo profano; nos desplazamos hacia la Lonja, la antigua casa de mercancía de la seda, uno de los edificios civiles de puro estilo gótico más hermosos de la historia. Cruzamos la calle para echar un vistazo a uno de los mercados cubiertos más grandes de Europa con más de 8000 metros cuadrados y más de mil puestos. Cúpulas de cristal, acabados de hierro en estilo modernista, “azulejos” de muchos colores son el escenario cotidiano de los aromas y los colores de los puestos.

Por recomendación de un taxista, fuimos a almorzar al restaurante Pepe Pica en la Plaza Nápoles-Sicilia. Comimos muy mal, no se lo recomiendo a nadie.

Una oleada de tradición y sátira intensa nos la ofreció el Museo de las “Falles”, verdaderos monumentos artesanos creados por los habitantes de cada barrio, que trabajando todo el año, contribuyen a organizar y animar la fiesta más importante de la ciudad.

Regresamos al Costa Mediterránea, del cual te voy a dar algunos datos: consta de cuatro restaurantes; doce bares, entre los que están el Coñac y Cigar Bar y el Wine Bar; Ischia Spa, sala de deporte, cabinas de cuidados, sauna, baño turco; cuatro baños a hidromasaje; cuatro piscinas, entre las que una está cubierta con un techo de cristal móvil; campo de deportes, pista de joggin exterior; teatro de tres pisos; casino; discoteca; salade Internet; biblioteca; galería de tiendas; Squok Club; piscina para niños, etc . Es de 86 000 toneladas, mide 292 metros de longitud, 32 metros de ancho y la velocidad de crucero es de 22 nudos. Posee 1057 cabinas, de ellas 660 con balcón privado y 58 suites con balcón.

Habíamos almorzado tan mal, que nos fuimos al Ristorante Buffet Perla del Lago y pedimos una sopa de cebolla de Tropea tostada calabresa, que estaba deliciosa .La combinación de la cebolla con la guindilla y el queso cacio cavallo exalta los aromas de esta tierra generosa. La cocción lenta realza el sabor de la cebolla que, mientras se vuelve transparente en el aceite caliente, suda y llena la cocina con su aroma.

Allá en la bella Calabria existe la dulzura de una tierra escabrosa. El sol caliente obliga a la cigarra a chirriar y la canícula ralentiza el ritmo de todos los trabajos, que se vuelven más difíciles. Se alza el polvo del campo cuando pasa el campesino, mientras los olivos nudosos siguen observando, inmóviles y mudos. El aroma de azahar que viene del naranjal embriaga mientras se descansa a la sombra fresca de la casa de ingredientes sencillos y acertados contrastes, como en la sopa de cebolla de Tropea tostada, un plato simple y sustancioso que ofrece el dulzor de un bulbo que no hace llorar, como no sea de alegría al probar este plato.

Cenamos espléndidamente en el lujoso Ristorante Club Medusa del puente diez.
Yo pedí uno de mis platos preferidos de la cocina de la región italiana de Apulia: Penne a la tarantina con mejillones, tomate y guindilla. Un plato sencillísimo en el que la calidad de la materia prima transmite el territorio del que viene: mejillones procedentes de un mar cristalino, tomates madurados al sol cálido y generoso, guindilla que ha absorbido de la tierra y del aire su picor natural, y aceite, el preciado y dorado néctar de Apulia.

Desde el Gargano hasta el Salento, resuena en el aire la pizzica, la danza popular típica de esta región que crea un ambiente festivo. Agitando un pañuelo delante de la cara, se invita al frenético baile. El desafío entre los hombres orgullosos y los colores de las faldas, que las mujeres cogen con las manos mientras bailan y dejan entrever los movimientos rápidos de los pies, nos transporta a una actuación que representa la vida con alegría, duelo, sentimiento, juego y conquista.
Entre la llanura más grande de Italia (después de la Padana) y las larguísimas costas, se extiende la antigua Apulia, donde se conservan restos de asentamientos prehistóricos. Aquí la materia prima es excelente y las especialidades, genuinas y sencillas, suelen combinar verduras y pescado, como en la focaccia de Brindisi con alcaparras, tomate y battuta de atún en aceite; la sopa al estilo de Bari con tomate, aceitunas y mero; o las penne (pasta) a la tarantina con mejillones, tomate y guindilla.

Después de cenar fuimos al Teatro Osiris a ver el espectáculo “La pasión del flamenco” con los bailarines de la Compañía Fuego. Aquello fue un desastre, pues de flamenco no tenía ni la sombra. Si Antonio Gades lo hubiera visto, hubiese muerto de nuevo de infarto o si Cristina Hoyos hubiese estado entre el público que aplaudía (el que no ha visto una iglesia en la puerta de un horno se persigna), hubiera sentido un gran disgusto ante tanta mediocridad.

A las 9 p.m. el Costa había zarpado rumbo a Palma de Mallorca, sobre la cual te contaré en mi próxima carta.

Te quiere siempre,

Félix José Hernández

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