El encuentro entre Eloy G. Menoyo y doña Rosario, la madre de Frank País

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Foto: Doña Rosario García y su hijo Frank País. Cuba.

París, 6 de marzo de 2016.

Querida Ofelia:

Te envío un nuevo testimonio de nuestro viejo amigo, el Capitán Roger Redondo, ex guerrillero del Segundo Frente del Escambray, durante la lucha contra el régimen de Fulgencio Batista.

“En los primeros días del triunfo de la insurrección, quizás en el mes de febrero del 1959 dimos junto a Eloy un rápido viaje a la ciudad de Santiago de Cuba. Llegamos al pueblo de Contramaestre ya de noche. Nos quedamos en un hotel muy cerca de la carretera. Era pequeño, pero con mucha actividad. A las cuatro de la mañana desayunamos y a la hora del almuerzo ya estábamos en Santiago.

El motivo del viaje no era precisamente conocer a la madre de los destacados revolucionares caídos en las calles santiagueras, sino ver a un señor de nombre Miguel Pelarela y a Léster Rodríguez, amigos de Carlos, hermano de Eloy. Todo en relación a una investigación, para aclarar la inocencia de Ignacio González, quien estuvo al mando del grupo de apoyo del ataque al palacio presidencial el día trece de marzo. Faure Chomón lo estaba acusando de no cumplir con su compromiso, pero Eloy Gutiérrez Menoyo, se sentía seguro de que González era inocente. Según Ignacio González, cuando recibió el aviso ya era demasiado tarde para movilizar a sus hombres dispersos por la Habana.

A Léster no fue posible localizarle, a pesar de que un grupo de santiagueros amigos de Miguel que se nos unió lo buscó con mucho interés. Uno de los orientales le dijo a Menoyo: “no se vaya de Santiago sin visitar a doña Rosario, la Madre de Frank”. A todos les agrado la idea. Salimos en una caravana de tres o cuatro carros en fila, hasta la casa de doña Rosario García.

Al llegar el grupo, nos encontramos en su residencia. Ella estaba acompañada por varias mujeres al parecer vecinas, una de ellas era muy joven y tenía los ojos muy azules. Uno de los compañeros con un fuerte acento oriental, dijo a todos los presentes: “compay aquí llego desde La Habana el comandante Eloy Gutiérrez Menoyo para conocer a Doña Rosario”. Era una señora gruesa que a pesar de haber vivido en Cuba la mayor parte de su vida, no había perdido su acento gallego. Eloy le extendió la mano, pero ella se quedó quieta. Entonces Eloy la saludó con una inclinación de la cabeza, como usan los japoneses.

Ella dijo: “Menoyo, no puede ser ¿Cómo va a estar aquí cuando se ha hablado mucho de que usted mató y violó monjas en España cuando la Guerra Civil?”

Como repuesta Eloy solo le respondió: “Yo nací el día 8 de diciembre de 1934, la Guerra empezó en 1936 y terminó en 1939. Yo quise verla a usted porque me recuerda a mi madre, que como usted, ha perdido varios hijos en muy corto tiempo”. La muchacha de los ojos azules, gritó: “Ay doña Rosario, si casi nació el mismo día que Frank. Y hasta se parece. Mira que sereno es”. Y lo tomó por la mano.

Lo de sereno debe de haberlo dicho porque todos estaban alterados menos Eloy, que se mantuvo muy aplomado durante esos cortos minutos que duró la visita.
Fue entones cuando doña Rosario se acercó algo temblorosa y lo besó al estilo español, con un beso en cada mejilla. No recuerdo quién trajo un refresco oriental que solo hay allá, que se hace de una raíz le nombrada prus. Todos tomamos. La despedida fue mejor que la llegada. Salimos ya oscuro de Santiago y de nuevo nos hospedamos en el mismo hotel de Contramaestre. Y al amanecer… de regreso a La Habana.

Eloy me comentó en el camino que esa señora a pesar de que no era católica era religiosa y que creyó que era cierto aquella historia de las monjas”. Roger Redondo

Con gran cariño y simpatía desde La Ciudad Luz,

Félix José Hernández

Hispanista revivido.