Episodios de 1898 desconocidos en España: Los tres amigos

El 19 de diciembre de 1896, frente a la desembocadura del río San Juan, entre las ciudades de Cienfuegos y Trinidad, se produjo un intercambio de cañonazos entre buques de guerra españoles y una nave mambí.

En el transcurso de las últimas horas del 19 de diciembre de 1896, mientras un audaz grupo de patriotas cubanos intentaba desembarcar una expedición frente a la desembocadura del río San Juan, entre las ciudades de Cienfuegos y Trinidad, en la costa sur de la antigua provincia de Las Villas, se produjo un hecho singular: un intercambio de cañonazos entre buques de guerra españoles y una nave mambí.

Un mes antes el general Antonio Maceo, desde la manigua pinareña, se había comunicado con varios dirigentes de la emigración radicada en Estados Unidos con el propósito de que le hicieran llegar urgentes refuerzos de guerra a las fuerzas bajo su mando en las provincias de La Habana, Matanzas y Las Villas.

Breves días después la delegación cubana dio indicaciones al general Emilio Núñez y el coronel Federico Pérez Carbó, jefe y segundo jefes del Departamento de Expediciones, quienes comenzaron a trabajar afanosamente en la ciudad estadounidense de Jackson­ville para dar cumplimiento a lo soli­citado.

El 13 de diciembre varias decenas de patriotas concentrados en Tampa se trasladaron a un muelle en el río de Fer­nandina, donde los esperaba el remolcador Three Friends. Pérez Carbó fue designado jefe de mar de la expedición y jefe de tierra el comandante Rafael Pérez Morales, que en la batalla de Mal Tiempo había perdido un ojo y, ya restablecido, regresaba al campo de batalla. Integraban la tripulación marinos norteamericanos y de otras nacionalidades que prestaban sus servicios a la Revolución cubana. En las primeras horas del 14 de diciembre partieron rumbo a su destino.

Coincidentemente, ese mismo día el periódico La Lucha publicaba una entrevista realizada al capitán general Va­leriano Weyler por Mr. Stetson, corresponsal del Herald de New York, relacionada con la caída en combate de Maceo, una semana antes, las perspectivas de la guerra y la pacificación de Pinar del Río. Sobre esto último el sanguinario general expre­só: «Casi, casi, sólo falta realizar ciertas operaciones a cuyo efecto saldré muy en breve, con que en veinte días quedará aquella provincia totalmente pacificada».

Desde su salida de Fernandina, el Three Friends hizo su recorrido moviéndose a discreta distancia del territorio de Estados Uni­dos. Sus autoridades siempre estaban listas para perseguir y detener en sus aguas a los independentistas cubanos. Más adelante na­vegó en busca del Golfo de México y luego de sobrepasar el extremo más occidental de la provincia de Pinar del Río, continuó por el sur de la isla en busca de la desembocadura del río San Juan, en Las Villas.

Llevaba un fuerte cargamento con pertrechos de guerra destinado al general Francisco Carri­llo, jefe del 4to. Cuerpo.
El sitio del desembarco, muy próximo al sistema montañoso central, constituía un re­fugio seguro para los mambises, pero existía el inconveniente que por ese lugar los españoles habían descubierto semanas antes la expedición de Miguel Betancourt y ocupado parte de los medios desembarcados. Aguar­dando nuevos intentos los colonialistas reforzaron la vigilancia de aquella zona.

Al atardecer del 19 de diciembre el remolcador comenzó a acercarse y detuvo la marcha a una distancia de 15 millas, en espera de la noche. En la lejanía se divisaba el litoral y algo más en profundidad, entre nieblas, se destacaban las montañas del sur villareño.

Al extinguirse las luces del día los patriotas emplazaron sobre la proa un cañón Hot­chkiss de 12 libras y armados con fusiles, ocuparon posiciones en diferentes puntos de la cubierta. En el cielo, entre espesas nubes, se asomaba en ocasiones la luna en cuarto creciente. El viento soplaba desde tierra y se sentía fresco en el rostro de los que trataban de observar cada detalle. El oleaje movía con fuerza la embarcación.

Cuando todo estuvo dispuesto el reloj del capitán marcaba algo más de las diez y el Three Friends comenzó a aproximarse a la costa. A un cuarto de milla se detuvo y quedó movido solo por el vaivén de las olas. Luego se comenzó a preparar el bote, al mando del capitán Rafael Gutiérrez Marín, que llevaría primero al grupo de exploración a la playa, con la misión de descubrir la presencia del enemigo y proteger el desembarco.

De pronto se observó un extraño movimiento en el río y una espiral de humo se levantó en el área hacia donde debían dirigirse. El ingeniero italiano Francisco Pagliuchi, desde su puesto de observación, divisó algo similar a un navío de guerra que, próximo a la desembocadura del río, se movía en dirección a ellos seguido por otro similar.

Se dio la alarma y momentos después un fuerte cañonazo estremeció la noche. Luego sonó otro de diferente calibre que cruzó muy próximo a la nave cubana. El capitán dio vueltas al timón para cambiar el rumbo y a toda máquina impedir ser apresados o hundidos. Estaban siendo perseguidos por dos cañoneras emboscadas en el río que, tras abrirles fuego, se movían a toda velocidad con la intención de cortarles la retirada.

Ante el inminente peligro y guiados por la luz que emitían los cañonazos enemigos, los patriotas comenzaron a efectuarles descargas cerradas de fusilería. La velocidad de desplazamiento de las embarcaciones españolas era superior a la de los cubanos y la distancia entre ellas se comenzó a reducir. En esas circunstancias el coronel Pérez Carbó ordenó preparar para el fuego el cañón instalado sobre la proa y dispararle a las cañoneras que los perseguían.

Apresuradamente unos expedicionarios aseguraron la pieza sobre la cubierta, mientras la ajustaban el colombiano Ignacio Me­drano y el norteamericano Michel Walsh, am­bos antiguos artilleros en los ejércitos de sus países de origen que venían a combatir en las filas del Ejército Libertador.

El capitán del Three Friends, John O’Brien, giró la embarcación para situarla en posición favorable al tiro del cañón. Medrano aprovechó el momento e intentó el primer disparo que no se llegó a producir al despegarse el fulminante con el movimiento, lo que permitió que se aproximaran más las naves enemigas.

De manera ágil, pero con total aplomo, Medrano, auxiliado por Walsh, dejó listo de nuevo el cañón. Apuntaron hacia la cañonera más cercana, se accionó el disparador y retumbó un fuerte cañonazo, el primero y único, en la historia de nuestras guerras por la independencia, efectuado desde el mar por patriotas cubanos contra buques de guerra españoles.

El estampido sacudió el Three Friends, rom­pió los cristales del remolcador e hizo retroceder el arma, que en su recorrido destruyó parte de la baranda y casi cae al mar. Los efectos de la metralla se sintieron en el barco enemigo, destrozó parte del entrepuente y según una fuente le ocasionó 13 muertos y 12 heridos. (1)

Con grandes trabajos se preparó de nuevo el cañón pero no fue necesario volver a disparar. Las cañoneras, al percatarse que les respondían con un arma de ese calibre, redujeron la velocidad, hicieron varios disparos más, lanzaron luces rojas y fuegos artificiales en señal de auxilio y desistieron de la persecución.

Aprovechando la actitud de sus adversarios el Three Friends comenzó a alejarse. El carbón disponible y la máquina desnivelada no permitían hacer nuevos intentos por otras playas, por lo que decidieron dirigirse a los cayos de la Florida.

En el trayecto fueron azotados por una tempestad que estuvo a punto de hacerlos naufragar. En un cayo depositaron y custodiaron el armamento. Se pusieron en comunicación con el general Emilio Núñez y este gestionó una nueva embarcación: el Dauntless. El día 1ro. de enero de 1897 zarparon nuevamente hacia tierras cubanas.

El 3 de enero arribaron por un lugar próximo a María la Gorda, en la península de Guanahacabibes, Pinar del Río. En esta expedición llegaron los 33 patriotas que participaron en aquel asombroso acontecimiento y un importante cargamento de guerra que consistió en: 1 200 fusiles, 500 000 cartuchos, el mis­mo cañón Hotchkiss que realizó aquel disparo, con 200 proyectiles, 600 machetes, dos cajas de medicamentos, revólveres y otros medios.

La expedición del Dauntless desembarcó exactamente el día señalado por Weyler para concluir la pacificación total de la provincia de Pinar del Río y esta fue la mejor respuesta mambí a su insolente declaración.

* Investigador del Centro de Inves­tiga­ciones Históricas de la Seguridad del Estado

(1) Diccionario enciclopédico de historia militar de Cuba. Primera parte (1510-1898). To­mo III, Expediciones navales. Aconte­ci­mien­tos político militares. Ediciones Verde Olivo, 2004, p. 8

Hispanista revivido.