Erlea Maneros Zabala en El Museo Reina Sofía

Ejercicios de abstracción (serie II). Erlea Maneros Zabala
Ejercicios de abstracción (serie II). Erlea Maneros Zabala
Ejercicios de abstracción (serie II). Erlea Maneros Zabala

Madrid, 26 de abril de 2016

Querida Ofelia:

El Museo Reina Sofía presenta una nueva muestra dentro de su  Programa Fisuras con  Erlea Maneros Zabala (Bilbao, 1977) como protagonista. La artista ha sido invitada a realizar un proyecto específico en torno a los fondos de la Colección del Museo Reina Sofía. La propuesta responde al interés de la institución por la búsqueda de nuevas fórmulas de relación y colaboración con los artistas que contribuyan a enriquecer las líneas discursivas de la propia Colección. Maneros Zabala ha trabajado con distintos profesionales vinculados a las más de 21.000 obras que alberga el Museo, y de las conversaciones mantenidas y la investigación desarrollada en los meses previos a esta inauguración, ha creado una obra titulada Sala 403 /Un arte para el régimen: ruina y utopía en el sueño de exaltación nacional [bis]. Además de este proyecto específico, se presentan también otros trabajos de la artista, como la serie de Exercises on Abstraction [Ejercicios de abstracción, 2007-2015], y Untitled (The Whole Art of Marbling as Applied to Paper, Book Edges, etc.), 2011-2016.

La artista conecta en su intervención dos salas situadas en el edificio Sabatini: la 403, localizada en la planta 4, dedicada a la Colección, y el Espacio 1, destinado a las muestras de carácter temporal. De este modo, el proyecto se desdobla en dos espacios formulando un nuevo itinerario que se suma (infiltrado) a las lecturas de la Colección e invita al espectador a recorrer conjuntamente estas estancias independientes.

La sala 403, inaugurada en 2010 y llamada Un arte para el régimen: ruina y utopía en el sueño de exaltación nacional, acoge obras realizadas en España durante el periodo de la Dictadura a través de la producción de artistas como José Caballero (Huelva, 1913 – Madrid, 1991), Salvador Dalí (Girona, 1904 – 1989), José Gutiérrez Solana (Madrid, 1886-1945), Amando de Ossorio (A Coruña, 1918 – Madrid, 2001) y Joaquín Vaquero Turcios (Madrid, 1933 – Santander, 2010). La obra más antigua en este espacio está fechada en 1936, año del golpe militar que marca el inicio de la Guerra Civil española; y la más reciente corresponde a 1956, un momento que viene definido por acontecimientos como la organización del Primer Salón de Arte Abstracto Español.

Como figura en el título y en el texto informativo de la sala, estas obras coinciden con un momento de “retorno al orden” y responden a esa “combinación redentora de la ruina y la utopía” propia del contexto histórico. Son piezas que forman parte de la producción de una “vanguardia” de posguerra que aglutina desde posiciones formales cercanas al surrealismo –salpicado de “esencias de lo español”– hasta referencias al imaginario melancólico y a la arquitectura de la pintura metafísica italiana.

Además, una de las particularidades que comparten estos artistas es su participación en las alianzas frecuentes que se suceden en el siglo XX entre el teatro y las artes visuales. Unos intercambios que se materializan en la producción de bocetos para escenografías y dibujos de vestuarios –por ejemplo, los ejecutados por Dalí o Caballero–, pero también en la construcción de una realidad que solo podía ser contada al ser “teatralizada” –como en los paisajes desolados de Vaquero Turcios y Dalí, o en los escenarios costumbristas y carnavalescos característicos de las obras de Gutiérrez Solana–. Tomando como punto de partida estos materiales, la intervención de Maneros Zabala remite a una obra de teatro, y se apoya en el estudio de los libretos del apuntador, una forma de escritura descriptiva que la artista adopta para aproximarse al conjunto de obras referidas. La pieza está protagonizada por los personajes femeninos representados en las obras expuestas en la sala 403, y tiene una duración de veinticuatro horas, comenzando en la medianoche del 2 de marzo de 2016. Lo sucedido en ese espacio y tiempo concretos aparece detallado en un libreto en el que la figura de ese apuntador, que dirige y acompaña a los actores sobre el escenario, ha sido sustituida por la del visitante.

Por un lado, el libro o guion técnico propuesto hace referencia al contexto físico y material del espacio (localización de la escena, iluminación, registros de movimientos), en un gesto que nos recuerda lo más evidente y que con frecuencia pasa desapercibido: que el dispositivo museístico afecta a los modos en los que los artefactos y las obras de arte son mostrados determinando nuestra recepción. Y por otro, más allá del minucioso registro de los aspectos prácticos o de ceñirse a señalar los protocolos y las reglas inherentes a estos dispositivos institucionales, el texto incorpora “elementos ficcionales”, en un argumento inesperado que estimula otras lecturas de esta sala de la Colección.

Maneros Zabala hace uso en la construcción de la pieza de un lenguaje cercano al diseño gráfico. Un lenguaje reducido a la mínima expresión que convierte las imágenes y los espacios en signos y señales desprovistos de cualquier densidad. En el plano narrativo, las protagonistas de los cuadros aparecen identificadas como figuras geométricas que cobran vida y reflexionan sobre la objetualización y fetichización de sus cuerpos en las obras de origen. Traducidas a logotipos, estas mujeres se interrogan sobre sus condiciones históricas y el contexto en el que fueron creadas. A través de esta operación, la obra evoca otros territorios regulados por órdenes de carácter geométrico. Desde la sociedad distópica descrita en la novela de culto de A. Abbott Planilandia (1884), a espacios organizados por señaléticas y manuales corporativos que permiten a los sujetos contemporáneos dirimir sus movimientos sobre la superficie de la ciudad global. También guiar sus pasos en el interior del museo.

El libreto del apuntador que propone Maneros Zabala invita a tomar conciencia de la escena de la que formamos parte al ingresar en las salas del Museo. Añade al tiempo de la experiencia como espectador y a las cronologías propuestas por la institución, un tiempo “extra” que corresponde a las veinticuatro horas en lasque esta pieza tiene lugar, en las que “sucede”.

Una intervención que interfiere e impugna los recorridos y las “maneras de estar” de las obras en el Museo, también la del visitante, posibilitando narraciones nuevas y otros discursos de una Colección consciente de su naturaleza siempre inconclusa y contradictoria.

Igualmente se presenta en la exposición una selección de dibujos en tinta sobre papel titulada Exercises on Abstraction [Ejercicios de abstracción] que la artista viene realizando desde el año 2007. Producidos de manera mecánica al sumergir papeles offset en tinta negra, en las series II, III y IV de estos trabajos se aplican distintas técnicas de marmoleado que originan efectos muy diversos: ondas, zig zags, espigas… Algunas de estas obras forman parte de los fondos del Museo.

Los Ejercicios de abstracción de Maneros Zabala hacen referencia (ya desde el título) a uno de los movimientos centrales de la modernidad canónica del siglo XX: el Expresionismo Abstracto norteamericano (y por extensión, el Informalismo europeo). Modernidad artística e ideología dominante se vinculan en muchos momentos a lo largo del siglo pasado. En este sentido, la “exportación cultural” del Expresionismo como parte de las políticas gubernamentales de los EE.UU. durante la Guerra Fría se ha convertido en un tema ampliamente estudiado y discutido.

A finales de la década de los 50 el régimen franquista comienza a aplicar estrategias similares de promoción y difusión de las artes. Unas políticas propagandísticas que a través de la producción cultural intentan normalizar en el ámbito internacional la imagen de un país completamente desajustado e irregular en lo político, preso de una dictadura militar que todavía habrá que esperar casi dos décadas para dar por concluida.

El análisis de las condiciones de producción de las imágenes, observando los contextos en los que estas se generan y los modos en que se distribuyen, será un  tema que vertebre muchas de las investigaciones de la artista. Así, estos Ejercicios monocromos cuestionan la academización de los lenguajes de la abstracción y su instrumentalización política. Otro aspecto importante en estas series es su alusión al carácter trascendente e incluso religioso que acompaña a la producción de la abstracción, obras ejecutadas por una subjetividad (masculina) que la artista convierte ahora en Ejercicios (no “espirituales” sino mecánicos). En detrimento de la noción de lo único u original, Maneros Zabala sistematiza su producción y evoca las técnicas artesanales –el marmoleado del papel –y los oficios tradicionales.

Esta investigación de la producción artesanal será también un argumento recurrente en proyectos como Untitled (The Whole Art of Marbling as Applied to Paper, Book Edges, etc.), 2011- 2016, mostrado en la Sala de Protocolo. Un trabajo que se inicia con la lectura de un libro editado a finales del siglo XIX por un artesano inglés llamado Charles W. Woolnough sobre las técnicas del marmoleado que se introducen en Europa a través de las grandes rutas comerciales abiertas con Oriente. Procedimientos técnicos de los que se apropian los talleres occidentales, y que terminan siendo identificados según los nombres de los distintos países: sea marmoleado español, italiano, francés….

El proyecto de Maneros Zabala apunta asimismo hacia la división del trabajo y hacia los modos en los que estas habilidades se verán relegadas a un segundo plano con la implantación de los nuevos procesos de mecanización de la producción. Entre los detractores más apasionados de ese mundo mecanizado en ciernes se encuentra un contemporáneo de Woolnough, el escritor John Ruskin. El sociólogo Richard Sennett en su exhaustivo estudio sobre El artesano (2008) proporciona, a partir de las palabras del crítico inglés, una de las definiciones más ajustadas de esta figura que puede ser también evocada en relación con el trabajo que nos ocupa: “Para Ruskin el artesano es un emblema para todos aquellos que tienen auténtica necesidad de una oportunidad ‘para vacilar…, para equivocarse’; el artesano debe trascender el trabajo orientado por la ‘lámpara’ de la máquina y llegar con sus dudas a ser algo más que una ‘herramienta animada’”.

Erlea Maneros Zabala. 19 de abril de 2016 – 29 de agosto 2016.  Edificio Sabatini. Espacio 1,  Sala de Protocolo y Sala 403.  Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Comisaria: Beatriz Herráez. Actividades: Conversación entre la artista Erlaea Maneros Zabala, y la  comisaria de la muestra, Beatriz Herráez

Deseo expresar mis más sinceras gracias al Gabinete de Prensa del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía por toda la documentación que me proporcionaron a propósito de esta bella muestra.

Un gran abrazo desde nuestra querida y culta Madrid.

Félix José Hernández.

 

 

 

 

 

 

Hispanista revivido.