Ernesto Lázaro Más Molina

Ernesto Lázaro Más Molina conquistó en la 3ra. Olimpiada Centroamericana de Física la medalla de plata

 

  • «En décimo grado, mis compañeros y yo fuimos sometimos a tests para calcular nuestros coeficientes de inteligencia, dice. Quienes logramos buenas calificaciones asistimos a entrevistas con los entrenadores de las asignaturas que toman parte en los concursos correspondientes

 

Ernesto Lázaro Más Molina, un muchacho de 17 años de verbo fácil y rostro de erudito. Está a punto de dar por concluido el duodécimo grado, y, por su itinerario académico de lujo, se hizo acreedor de una plaza directa para estudiar licenciatura en Física en la Universidad de La Habana. En la Olimpiada Centroamericana de esa materia, en El Salvador, fue el cubano mejor ubicado.

«Mi predilección por las ciencias comenzó cuando cursaba la enseñanza media en la escuela Wenceslao Rivero Pérez, de mi ciudad natal, recuerda el joven. Los profesores que tuve en aquella etapa me estimularon y enseñaron mucho. Lo hice con entusiasmo y dedicación. Tanto, que en séptimo grado obtuve medalla de bronce en el Concurso Nacional de Matemática».

Finalizada la Secundaria, Ernesto Lázaro se presentó a los exámenes para aspirar a un pupitre en el IPVC tunero. Además de vencerlos satisfactoriamente, sus evaluaciones clasificaron entre las más relevantes entre todos los candidatos presentados. Logró la plaza y enfrentó el nuevo desafío.

Memorias del preuniversitario

«En décimo grado, mis compañeros y yo fuimos sometimos a tests para calcular nuestros coeficientes de inteligencia, dice. Quienes logramos buenas calificaciones asistimos a entrevistas con los entrenadores de las asignaturas que toman parte en los concursos correspondientes. Nos expusieron en detalle todas sus características. Finalmente, debíamos seleccionar una.

«Yo estaba resuelto a irme por Matemática. Pero cuando el profesor Alberto Mawuad, a quien admiro y aprecio como a un familiar, me reveló los encantos de la Física y de los fenómenos asociados a su perfil, no tuve duda para elegirla como mi materia favorita. Creo que fue una buena decisión», asegura.

A partir de ese momento, Ernesto Lázaro les dedicó a los concursos buena parte de su tiempo docente. Se trata de una tarea rigurosa y de estudio constante. «Los entrenamientos son muy fuertes, y casi con la misma intensidad que los deportes. Incluyen elementos de Física y Matemática que no se imparten en el Preuniversitario, sino en la Universidad. Cuando comience mi carrera en septiembre tendré ese gran adelanto», afirma.

«Para participar en un concurso nacional, el resultado del aspirante en el evento provincial debe estar entre los diez mejores de los tres grados, explica. Y para acceder a una preselección nacional, es requisito figurar entre los diez primeros lugares del grado en el concurso al máximo nivel. Es decir, del concurso nacional sale la preselección. Y para ir al concurso nacional hay que clasificar en el provincial.

«Cuando un estudiante llega a la preselección nacional, la preparación que recibe es aun más intensa. En las de onceno y duodécimo grados, sus integrantes deben vencer pruebas en las que se definen los representantes de Cuba en las diferentes olimpiadas. En el caso de Física, quien obtenga la nota más elevada asiste a la Internacional; los cuatro siguientes a la Iberoamericana, y el resto a la Centroamericana. También deben incorporarse a un concentrado de entrenamiento de 40 días», comenta.

El joven tunero formó parte de las preselecciones nacionales de Física durante toda su etapa preuniversitaria. El curso pasado, cuando hacía el onceno, fue incluido entre los cuatro que irían a la Olimpiada Iberoamericana, en Ecuador. Finalmente, y por causas ajenas a su voluntad, solo acudieron dos. Y él, que había finalizado cuarto en las pruebas, debió quedarse en casa.

Un estudiante de nivel olímpico

«Pero este año me llegó la oportunidad —añade con la alegría danzándole en los ojos—. Mi experiencia en la 3ra. Olimpiada Centroamericana de Física, celebrada en El Salvador, entre el 29 de mayo y el 4 de junio pasados, fue muy estimulante. Participamos un total de 25 estudiantes de siete países. El equipo lo formamos cuatro muchachos de diferentes provincias, junto al profesor Uberlando Labrada, del IPVC de Granma.

«Viajamos en la línea aérea COPA, con escala en Panamá. Al llegar nos recibieron los miembros del comité organizador, formado por alumnos de la única universidad pública del país sede. La villa olímpica fue en el hotel Valle del Sol, con una hermosa vista al mar. En cada habitación nos alojamos cuatro participantes, todos de diferentes nacionalidades. La mía la compartí con un guatemalteco, un hondureño y un salvadoreño», narra.

Cuenta Ernesto Lázaro que la competencia constó de dos pruebas. Primero aplicaron la experimental. «Había que validar en tres horas una teoría física a partir de mediciones hechas con el cronómetro de una tableta facilitada por los organizadores. El cálculo de gravedad debíamos hacerlo con una tecnología con la cual no estábamos familiarizados. Pero allí no se enseña nada. Si dominas el equipo, bien. Y si no, ¡pues a cacharrearlo!

«En el examen teórico propusieron tres problemas. Debíamos solucionarlos en cuatro horas como máximo. Nos acomodaron en pequeñas cabinas cerradas que impedían mirar hacia los lados. Prohibieron llevar calculadoras programables, celulares, tabletas, laptops… Solo nos proporcionaron hojas de papel, un lápiz, un lapicero, una goma y un sacapuntas. Un jurado, formado por los entrenadores, se encargó luego de calificar.

«Durante la prueba experimental me ocurrió algo tragicómico. Yo había escrito a lápiz toda la información que manejé en mis cálculos: tablas, mediciones, numeritos… En eso, notificaron que solo se aceptarían escritos con tinta. ¡Y apenas me quedaba media hora! A toda prisa me dispuse a transcribir mis cinco pliegos. Por suerte, concluí justo cuando tocaban el timbre.

«La premiación se efectuó en el salón de fiestas del hotel. No tenía esperanzas de clasificar entre los ganadores, porque en uno de los problemas teóricos, con valor de diez puntos, la mala memoria me hizo una jugarreta con un término elemental. Pensé que me darían cero, pero me dejaron en seis. Finalmente, me confirieron la primera medalla de plata, a un par de unidades del ganador. Dos de mis compañeros obtuvieron preseas del mismo color, y el cuarto conquistó una de bronce. El Ministro de Educación de El Salvador nos entregó los certificados.

«La 3ra. Olimpiada Centroamericana culminó con una fiesta en la que participamos todos los concursantes. También estaban los entrenadores, quienes fueron alojados en un hotel diferente al nuestro, para que no tuvieran contactos con sus pupilos. Fíjate que al mío solamente lo volví a ver el día de la premiación.

«El evento propició que entabláramos amistad con varios de los participantes de otras nacionalidades, la mayoría de ellos talentosos y bien preparados. Podrás imaginarte la cantidad de fotografías digitales que nos hicimos y el intercambio que hubo de números telefónicos y de direcciones electrónicas. Todo ocurrió en una atmósfera de solidaridad y camaradería», recuerda.

De regreso a casa, y en medio de las congratulaciones de sus compañeros, profesores, vecinos y familiares, Ernesto Lázaro pretende tomarse un respiro para descongestionarse durante unos días de tantas fórmulas y de tantos principios físicos.

«Como me encanta disfrutar de partidos de fútbol de calidad, ahora me estoy dando banquete con el campeonato europeo y con la Copa América Centenario. También aprovecho para compartir con mis amigos, ver una serie por televisión, enviar mensajes electrónicos, conectarme a Facebook en la escuela y, cómo no, revisar alguna que otra bibliografía de Física. En definitiva, yo decidí que a esa especialidad estaré atado toda la vida».

Hispanista revivido.