Iberia o Hispania, tenga o no reconocimiento propio o de extraños, es causa sui, no necesita, a priori, Estado, bandera ni siquiera aceptación o consenso para su construcción. Cosa diferente sería dotarla de una Constitución propia, de Hacienda, o de Ejército común, es decir, de los elementos básicos de un Estado.

Aceptando que Iberia existe nos guste o no, lo que los iberistas pretendemos, anticipándonos a un futuro más exigente y arrogante, es dotarla de instrumentos de convivencia comunes.

Si el futuro no nos inquietase, el Iberismo seguiría siendo probablemente un sentimiento, un anhelo histórico tantas veces frustrado. Crear progresivamente, con paciencia de hilandera y en las etapas que fueran necesarias, vínculos de fuerte hermanamiento, y que su ser geográfico e histórico de naturaleza propia se corresponda con su ser político, económico y social, es una necesidad.

Nos inquieta el futuro porque cambiará las relaciones humanas y las relaciones de poder, las hará más exigentes, algo para lo que la naturaleza del hombre no está acostumbrado. El arropamiento familiar y social que protegió al hombre del pasado, desaparecerá. Serán necesarias unidades mínimas de supervivencia (naciones) cada vez mayores para sobrevivir.
Los casos de Portugal y de España son, además, particulares; su pasado glorioso y convulso, su decadencia, sus altibajos históricos, su inmediata realidad económica y laboral, han creado una pérdida de fe en el presente que pone en duda un futuro estable; y si no hay fe en la herencia que dejamos, ¿qué seguridad de vida vamos a dejar a nuestros hijos? ¿Cómo explicar y explicarnos los padres, tan solícitos y exigentes con las condiciones de crianza de nuestros hijos, tan sacrificados por su formación y aspiraciones materiales, que vemos llegar cambios en el ser y en la conducta que les afectarán profundamente y no hacemos nada por cambiar el rumbo?

Hans Jonas dijo hace tiempo: ” Solo sabemos qué está en juego cuando sabemos que está en juego”.

Es un fenómeno mundial, el mundo está pasando de una vida rutinaria, previsible y transmitida a otra desconocida y amenazante.

El triunfo de Donald Trump en EE.UU. explica claramente la situación: ha pesado en la decisión de los norteamericanos mucho más el miedo a un presente que no gusta y a un futuro inquietante que el miedo a la campaña del elegido presidente. Igual ocurrió con Tsipras en Grecia. Trump se atemperará y la gente que le ha votado seguirá anhelando otro salvador: Ese es el hilo conductor de la historia.

Partido Ibérico (íber)

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