¿Es realmente española la Micronesia española?

En 1948 un funcionario descubrió que había unas islas en el Pacífico de las que nunca habíamos cedido la soberania

 

Diego González / Fronteras

De todos los territorios que en algún momento de los últimos siglos estuvieron bajo control de España, probablemente los menos conocidos sean las islas del Pacífico. Durante los siglos XV y XVI la monarquía hispana lanzó varias expediciones al Pacífico Sur que se saldaron con suerte desigual, pero que incorporaron decenas de islas y atolones al imperio. Entre otros, los actuales territorios de Palaos, Micronesia, las Islas Salomón, las Marshall o Vanuatu, y también parte de Kiribati. Las colonias españolas en el Pacífico también abarcaban Filipinas, Guam y las Islas Marianas del Norte, lo que unido al dominio de la mayor parte del continente americano convirtió a España en la principal potencia del Pacífico durante siglos. La historiografía posterior llamaría “el lago español” al Océano Pacífico, tal era el dominio de los barcos españoles en él.

La mayor parte de los territorios españoles en Asia y Oceanía se perdió en los últimos años del siglo XIX. Ya en 1885 Alemania había intentado apropiarse por las bravas de alguna colonia española en el Pacífico; fue la llamada Crisis de las Carolinas, que concluyó favorablemente a los intereses de España. Pero luego vino el desastre del 98, que marcaría tanto la Historia y la mentalidad del país en las décadas posteriores, y que supuso la pérdida de Filipinas y Guam (y Cuba y Puerto Rico en el Caribe).

España conservó, eso sí, sus posesiones en los archipiélagos del Pacífico, pero sin posibilidad alguna de defenderlas, y sin sacar apenas rendimiento económico de ellas. Así que un año más tarde de la firma del Tratado de París, se rubricó el Tratado Hispanoalemán de 1899, por el que España vendía a Alemania todas sus islas en el Pacífico. Alemania, que por entonces tenía la segunda mejor flota del mundo después de la británica, recibió encantada la soberanía de las islas y atolones, y las conservaría hasta su derrota en la I Guerra Mundial, cuando sus colonias en Asia y Oceanía serían traspasados a Japón, Estados Unidos, Australia, Francia y el Reino Unido.

Mapa de 1858 de las posesiones españolas en el Pacífico

Así que tenemos un tratado entre España y Alemania según el cual los primeros cedían a los segundos una cantidad indecente de islas, islotes, atolones y peñascos brevemente emergidos en general esparcidos por una superficie casi equivalente a la de Europa Occidental. Además del documento donde Alemania se comprometía a permitir misiones religiosas y comerciales españolas y a pagar 25 millones de pesetas se elaboró una relación de los pedazos de tierra emergida que se transferían a soberanía alemana.

La dispersión de estos territorios por el Océano Pacífico y su difícil adscripción a alguno de los territorios transferidos (las Islas Carolinas, las Marianas y las Palaos) hizo que algunas islas y atolones quedaran fuera de los tratados. Hay cuatro pequeños atolones e islotes que no aparecen ni en el tratado de París de 1898 que puso fin a la guerra con EEUU ni en el tratado con Alemania de 1899. Se trata de los archipiélagos de Guedes, Coroa, Pescadores y Ocea. Sin embargo, como nadie era consciente de ello el hecho no tuvo la menor consecuencia.

No fue hasta casi medio siglo después, allá por 1948, cuando un anodino jurista del Ministerio de Asuntos Exteriores que pasaba el rato ojeando los tratados firmados por España descubrió el hecho. Los soberanía de los cuatro archipiélagos, que nunca fueron ocupados formalmente por España, no había sido transferida, por lo que técnicamente y sobre el papel seguían siendo parte del país.

Emilio Pastor, que así se llamaba quien descubrió tal hecho, comunicó a sus superiores el hallazgo, y éste fue debatido en un consejo de ministros en enero de 1949. La resolución que se emitió entonces venía a decir que, básicamente, era mejor dejarlo correr. España era todavía un país sumamente pobre donde el hambre no había desaparecido y que además estaba fuera de la ONU por haber sido aliada (aunque no beligerante) de la Alemania Nazi en la II Guerra Mundial.

La interpretación de los tratados internacionales, además, tampoco le daba mucho margen a España. Al no haber ocupado formalmente ninguno de esos cuatro territorios, no haber hecho uso de su supuesta soberanía durante medio siglo y no haber sido mencionados expresamente en ningún tratado (lo cual permite claramente interpretar que la voluntad del Gobierno español en 1899 era básicamente enajenar todas sus posesiones en el Pacífico), probablemente cualquier intento de recuperarlos habría acabado en fracaso.

A día de hoy es difícilmente defendible la hipótesis de una Oceanía española. Los cuatro archipiélagos afectados pertenecen de facto y de iure a tres estados independientes (Indonesia, Islas Marshall y Micronesia), y algunos están habitados. El atolón de Güedes se llama actualmente Mapia y pertenece a Indonesia; Coroa recibe el nombre de Rongerik y aunque está deshabitado pertenece a las Islas Marshall, el atolón de Pescadores se corresponde con el actual municipio micronesio de Kapingamarangi, mientras que Ocea (también mencionada como Acea u O Acea) se corresponde con un islote llamado Matador y actualmente sumergido. El estudio de Emilio Pastor identificaba todavía más territorios, pertenecientes todos ellos a Micronesia en la actualidad, como Ulithi (que sí pertenecía a las Islas Carolinas vendidas a Alemania pero que en una interpretación estricta de un laudo papal de 1885 quedaba fuera de la administración de estas por su ubicación geográfica; ver Crisis de las Carolinas) o las Islas Monteverde, actualmente denominadas Nukuoro, situado al norte de Pescadores y en donde hablan un idioma propio.

El Estado de Océana y su Dux

Sobre esta endeble base histórica en 2013 se fundó el Estado de Océana, una micronación inventada que como casi todasexiste exclusivamente en internet. En su página web, no sin cierta dosis de lisergia, afirman que “Oceana es un estado posmoderno; físico, patafísico, virtual y mental, que aspira a ocupar su lugar entre las naciones del mundo”. Confieso que lo de estado patafísico me dejó levemente ojiplático y patidifuso, pero una vez consultada la definición en la Wikipedia (Patafísica: la ciencia de las soluciones imaginarias) me queda todo mucho más claro. Océana está gobernada por su serenidad Augustus, Dux de Océana (¿por qué nadie funda una micronación republicana?) y sus avatares diplomáticos pueden ser seguidos en su cuenta de Twitter; @EstadodeOceana.

Bandera y escudos de Océana y del Augustus Dux

Como el amable lector habrá podido comprobar, la Micronesia Española no pasa de ser una divertida ficción con cierta base histórica, aunque quizás la Historia podía haber sido otra, y es un divertido ejercicio pensar qué pasaría si realmente España conservara cuatro atolones en el Pacífico. ¿Estaría España en la lista de los vuelos domésticos más largos del mundo? ¿O en la de los países con pedazos más lejanos? ¿Seríamos un estado tricontinental, como Francia? ¿Pasaríamos nuestras vacaciones al otro lado del mundo en vez de en Mallorca rodeados de alemanes? Dejo a la imaginación del lector las posibles implicaciones.

El vídeo que encabeza estas líneas es un reportaje que el gran Paco Nadal realizó de su visita a la isla, que también podéis encontrar narrada en su blog. Como él mismo dice, es probable que en 350 años de soberanía española el primer español que pone el pie ahí haya sido él. Y no es de extrañar, viendo lo que le costó llegar.

Hispanista revivido.